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INTOLERANCIA A LA LACTOSA

Aumenta la intolerancia a la lactosa, el “azúcar” de la leche

Este trastorno considerado un problema común de absorción gastrointestinal afecta aproximadamente a 50 millones de estadounidenses

MIAMI-Belén González
Especial

La lactosa es un azúcar presente en la leche que producen todos los mamíferos, y que también se mantiene presente en muchos de sus derivados. Este disacárido natural está compuesto de glucosa y galactosa. Nuestro organismo es capaz de digerirlo, gracias a la acción de una encima producida en el intestino delgado, llamada lactosa.

Pero para muchas personas a nivel global, la metabolización de la llamada “azúcar de la leche” es difícil, e incluso imposible, pues sus intestinos no producen la lactasa necesaria, una condición que se conoce como intolerancia a la lactosa.

Este trastorno producto de una alteración en las mucosas intestinales provoca síntomas como: nauseas, vómitos, dolor e inflamación abdominal, espasmos, flatulencias, diarrea y defecaciones explosivas.

Adicionalmente, genera en la persona afectada abatimiento, cansancio, dolor en las extremidades, problemas cutáneos, alteraciones de la concentración y trastornos del sueño. Sin embargo, el diagnóstico de la intolerancia a la lactosa debe hacerlo un especialista ya que sus síntomas son semejantes a los de otros problemas gastrointestinales.

Organismos sensibles

Ahora bien, la sensibilidad a la lactosa es variable en cada individuo y depende del nivel de tolerancia, si esta es alta, la cantidad diaria que se puede metabolizar sin problemas va de uno a cuatro gramos, si es media de cinco a ocho gramos, mientras que si es baja de nueve a doce gramos.

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Y contrariamente a lo que se cree, estos niveles no dependen del tipo de leche, pues es precisamente la leche materna la que contiene la mayor cantidad de este tipo de azúcar: alrededor de 7 gramos por cada 100 mililitros. No en vano, en el momento del nacimiento los bebés cuentan con un elevado nivel de lactasa en el organismo, aunque este decrece drásticamente entre los cinco y siete años de edad.

Datos demográficos recientes permiten confirmar además que este trastorno tiene una base genética considerando que su prevalencia es mayor en las comunidades de minorías étnicas. De hecho un 95% de los asiáticos, un 60-80% de los afroamericanos y judíos askenazí, un 80-100% de los indígenas americanos y un 50-80% de los latinos son intolerantes a la lactosa, mientras que solo un pequeño porcentaje de europeos es víctima de este padecimiento también conocido como intolerancia a productos lácteos, deficiencia de disacáridos, deficiencia de lactasa o intolerancia a la leche.

Condición variable

Esta condición, considerado el más común de los problemas de absorción gastrointestinal, se clasifica en dos grandes grupos. El primero incluye los casos por intolerancia primaria genética, el segundo es la adquirida, resultado de la disminución progresiva en la producción de lactasa, esta es frecuente en la vida adulta, tiene un carácter hereditario y permanente, y aunque no resulta peligrosa, no tiene cura.

El segundo grupo, al que corresponden los casos de intolerancia secundaria o adquirida, tiene su origen en patologías que afectan las reservas enzimáticas del tracto digestivo, su carácter es transitorio y generalmente responde bien a la acción de fármacos y a una dieta baja en lactosa.

En ambos casos, las personas con intolerancia a la lactosa deben seguir un patrón de alimentación muy estricto, en este sentido los especialistas en nutrición e investigadores de la Universidad de Georgia, Carolyn Berdanier y James L. Hargrove, presentaron cuatro principios para enfrentar con éxito este trastorno: evitar la lactosa en la dieta, sustituir los lácteos y derivados para mantener el consumo de nutrientes, regular el consumo de calcio, y finalmente, usar alguno de los sustitutos de la enzima lactasa que se ofrecen actualmente en el mercado.

Patrón a seguir

El Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos ha confirmado que la tolerancia a la lactosa es un asunto individual, por lo que sugiere aprender a través del ensayo y error cuánta se puede consumir sin contratiempo.

En este sentido es importante tener en cuenta que el “azúcar de la leche” está presente en dos grandes categorías de alimentos: los productos lácteos convencionales y en aquellos donde se emplea como como aditivo por su textura, sabor y cualidades adhesivas, tal es el caso de las carnes procesadas, los sazonadores en polvo, las margarinas, el pan rebanado, los cereales para desayuno, las frutas secas, los alimentos procesados, las comidas preparadas y los suplementos de proteínas.

Otro dato importante es que la lactosa es una molécula hidrosoluble, por tanto aquellos productos lácteos reducidos en grasa o libres de grasa generalmente tienen un porcentaje ligeramente más alto de lactosa.

Lactosa en los derivados lácteos

Mantequilla: Dado su proceso de preparación esta no contiene lactosa a menos que se agreguen sólidos de leche a la presentación final, por lo que los pacientes con intolerancia pueden consumirla de forma moderada.

Yogur: Cuando se prepara de la manera tradicional es beneficioso para quienes enfrentan este trastorno pues contiene lactasa gracias a la acción de las bacterias. Sin embargo, muchas marcas comerciales contienen sólidos de leche que incrementan el contenido de lactosa.

Quesos: En este caso, la fermentación y el alto contenido de grasas contribuyen a disminuir la cantidad de lactosa, por lo que aquellos catalogados como “madurados” son considerados bastante seguros.

Suero, crema agria y helado: Como en el caso del yogur, si fueron preparados de la manera tradicional generalmente serán totalmente tolerables, lo negativo es que la mayoría de las marcas comerciales les agregan sólidos de leche.

 

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