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Salud Mental

Cambio de estilo de vida ayuda a prevenir casos de demencia

Se ha demostrado que los cambios en el estilo de vida disminuyen el riesgo de desarrollar demencia con costos mínimos y sin efectos secundarios.
Por Iraima Gómez Ramírez

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la demencia afecta a nivel mundial a unos 50 millones de personas, de las cuales alrededor del 60% viven en países de ingresos bajos y medios. El problema, afirma, es que cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos. No existen enfoques que se hayan comprobado para prevenir la enfermedad de Alzheimer y las demencias relacionadas. Sin embargo, al igual que con muchas otras enfermedades, hay medidas que se pueden tomar que podrían ayudar a reducir su riesgo.

A partir de los 60 años, casi un 10% de la población general sufrirá demencia en un determinado momento y la OMS asegura que el número total de personas con demencia alcanzará los 82 millones en 2030 y 152 millones en 2050. Si a esto le sumamos que casi 300 millones de personas sufren de depresión, todo lo que contribuya a mejorar nuestra salud mental resulta fundamental.

Las creencias de que los déficits cognitivos son normales en las personas mayores y la falta de conocimiento de sus síntomas y de los criterios de diagnóstico entre los médicos han sido identificados como los principales culpables de los casos perdidos y el diagnóstico tardío.

Las pérdidas de memoria relacionadas con la edad no deben descartarse como parte del envejecimiento normal. En ocasiones olvidar dónde se estacionó el carro o dónde se dejan las llaves puede pasarle a cualquiera, pero cuando estas situaciones se vuelven frecuentes es importante acudir al médico.

Si bien muchas personas que experimentan cambios leves en su capacidad para pensar y recordar información no desarrollarán demencia, en otras, estas disminuciones constituyen una señal de advertencia temprana. Las investigaciones han demostrado que las personas con cambios leves en la cognición tienen un mayor riesgo de desarrollar demencia en el futuro.

De hecho, se ha demostrado que el proceso patológico, cambios en la estructura y el metabolismo del cerebro, comienza décadas antes de la aparición de síntomas como la pérdida de memoria. Además, la comunidad científica reconoce cada vez más que las intervenciones destinadas a ralentizar o prevenir el desarrollo de la enfermedad tienen más probabilidades de ser eficaces cuando se inician en las primeras etapas del curso de la enfermedad.

A pesar de esto, los protocolos para la detección temprana no son estándar en la comunidad médica, en parte porque aún existen lagunas importantes en nuestra comprensión de la demencia.

Las noticias recientes sobre nuevos medicamentos prometedores para tratar la enfermedad de Alzheimer también resaltan la necesidad de una detección temprana. Los ensayos clínicos demostraron que estos fármacos son más eficaces para frenar el deterioro cognitivo cuando se administran en las primeras etapas del curso de la enfermedad.

Aunque estas nuevas opciones de tratamiento representan avances en el campo del Alzheimer, se necesita más investigación. Estas nuevas terapias actúan sobre un solo proceso patológico (reducir los niveles de amiloide, una sustancia que se cree que es tóxica para las neuronas), por lo que pueden retardar el deterioro cognitivo sólo en un subconjunto reducido de pacientes . Se requiere una caracterización adecuada de otros procesos, de forma personalizada, para combinar estos tratamientos con otras estrategias.

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Las pérdidas de memoria relacionadas con la edad no deben descartarse como parte del envejecimiento normal.

Cambio de vida salud mental

Se ha demostrado que los cambios en el estilo de vida disminuyen el riesgo de desarrollar demencia con costos mínimos y sin efectos secundarios. Durante las visitas médicas de rutina para los adultos mayores se podría identificar a aquellos que corren mayor riesgo de sufrir demencia y recibir asesoramiento sobre cómo mantener la salud cerebral y la cognición.

Cualquiera puede beneficiarse de la adopción de hábitos de vida saludables, que se sabe que protegen contra enfermedades no solo del cerebro, sino también del corazón y otros órganos. De acuerdo con un informe publicado en The Lancet en 2020, el 40% de los casos de demencia pueden atribuirse a 12 factores de riesgo modificables. Estos incluyen presión arterial alta, obesidad, inactividad física, diabetes, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol y contacto social poco frecuente.

Con la edad son muchas las personas que desarrollan hipertensión arterial o diabetes tipo 2, que son dos factores de riesgo importantes frente a las enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares. Controlar adecuadamente ambas patologías reduce el riesgo de que produzcan ictus y, por tanto, de que pueda aparecer demencia.

Esto significa que, adoptando hábitos de vida positivos, teóricamente podríamos prevenir alrededor del 40% de las demencias. Si bien no hay garantía de prevenir el deterioro cognitivo, las personas pueden reducir en gran medida su riesgo de demencia aumentando sus niveles de actividad física, asegurándose de estar mentalmente activos y aumentando el contacto social, evitando al mismo tiempo fumar y limitando el consumo de alcohol.

Una dieta rica en vegetales, frutas y cereales integrales, aportará la cantidad necesaria de antioxidantes para contrarrestar el efecto que los radicales libres tienen sobre las neuronas y el proceso general de envejecimiento. También los ácidos grasos Omega-3, presentes en diferentes tipos de pescado cumplen con una función protectora frente a la demencia.

También el ejercicio y la actividad física en general ayudan a mejorar la función cognitiva. Caminar una media hora diaria a paso rápido es suficiente para cumplir este objetivo, aun cuando se empiece a hacer a edades avanzadas. Además, ayuda a combatir el estrés.

La estimulación del cerebro mediante ejercicios mentales promueve un aumento de las conexiones neuronales y fortalece las neuronas, lo que mejora la función cognitiva y frena su posible deterioro con el paso de los años. Como leer, solucionar pasatiempos, hacer puzzles y rompecabezas, realizar Juegos de mesa, escuchar música.

El mantenimiento de las funciones cerebrales tiene un punto de apoyo importante en la actividad social, pues se ha demostrado que las personas mayores más socializadas tienen un menor deterioro cognitivo y, por tanto, un menor riesgo de sufrir demencia. Alentar a las personas a ser física, mental y socialmente activas, se podría mantener a raya un número significativo de casos de demencia .

@iraimag

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FUENTE: OMS, Vithas.es, Sanitas

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