El consumo de pescado en la dieta es la típica recomendación que escuchamos cuando hablamos de una alimentación saludable, pues se trata de un producto que aporta una serie de nutrientes esenciales para el organismo.
Consumo de pescado: fuente natural de Omega3
El pescado es rico en proteínas de calidad, y por tanto es una valiosa fuente de aminoacidos escenciales, aporta vitaminas y minerales, es fácil de digerir, y además es relativamente bajo en calorías. Pero no todos saben que desde el punto de vista nutritivo este producto nutritivo se clasifica en magros, semigrasos y grasos, según su contenido de grasa.
En primer lugar están los pescados magros, cuyo contenido en grasa no sobrepesa el 2,5%, viven en zonas profundas y son más bien sedentarios. Se les conoce también como pescado blanco por el color de su carne, siendo los más conocidos por la la merluza, el rape, el lenguado y el bacalao.
Luego están los llamados semigrasos, que presentan un nivel de grasa superior a 2,5% pero no llega a sobrepasar el 6%, en el que se ubican el besugo, el salmonete, la dorada y la lubina.
Y finalmente, tenemos a los pescados azules, ricos en ácidos grasos poliinsaturados, pues su contenido de grasa puede llegar hasta el 10%.
Estos son animales de piel azulada, nadan en aguas poco profundas, manteniendose en constante movimiento. Por eso necesitan más grasa que los pescados blancos, y morfologicamente se caracterizan por su potente cola o aleta caudal con forma de V. A este grupo pertenece la sardina, el boquerón, la caballa, la palometa, el atún, el bonito del norte, el salmón, la anguila, y el pez espada, entre otros.
Los pescados azules pueden ser pequeños como los boquerones o las sardinas, o muy grandes como el atún rojo, pero más allá de sus características físicas la ciencia ha demostrado que son más beneficiosos para el organismo que los blancos, preferidos por las antiguas dietas de adelgazamiento por su bajo contenido de grasa.
Y es que al contrario de lo que se pensaba, el consumo regular de pescado azul es ideal para perder peso, pues este provee los nutrientes necesarios para proporcionar un estado de saciedad, así como el buen funcionamiento de las hormonas implicadas en la pérdida de grasa corporal.
Ventajas del azul
En la grasa del pescado azul abundan los ácidos grasos poliinsaturados, entre los que se encuentran los omega 3, relacionados con la prevención y tratamiento de las enfermedades cardiovasculares y sus factores de riesgo asociados especialmente con el aumento en los niveles de colesterol y/o triglicéridos en sangre.
Los omega 3 también actúan inhibiendo la agregación plaquetaria, lo que implica un impedimento para la formación de placas en el interior de los vasos sanguíneos, además este tipo de grasas reduce la presión arterial, la viscosidad sanguínea, y ayuda a prevenir los accidentes cerebrovasculares.
Los pescados azules son también ricos en ácidos omega 6, especialmente en ácido linoleico, y entre sus principales propiedades está su capacidad para mejorar el funcionamiento neuronal y nervioso, así como la circulación de las membranas celulares.
Como si esto fuera poco, estos aportan vitaminas A, B, D y E, y minerales como el potasio, el magnesio o el calcio, lo que nos ayuda a mantener nuestros músculos y huesos saludables, así como una piel y un cabello sanos. Adicionalmente, el pescado graso ayuda a fortalecer el sistema inmunológico, y es una fuente importante de sustancias antiinflamatorias.
El lado malo
Si bien es cierto que el consumo del pescado azul es bueno para el corazón, el desarrollo del cerebro y el crecimiento, existen ciertos factores que pudieran resultar negativos como la presencia de purinas, sustancias que proceden de la degradación de un tipo de proteínas del músculo del pescado y que, tras ser metabolizadas en nuestro organismo, se transforman en ácido úrico.
Adicionalmente, el consumo exagerado de pescado azul puede provocar un exceso de proteínas, capaz de desencadenar distintos tipos de enfermedades. Otro tema importante es la cantidad de residuos tóxicos al que los peces están sometidos por la contaminación del agua, especialmente con mercurio, un metal pesado y neurotóxico.
Otros contaminantes que pueden encontrarse en el pescado, son las dioxinas y los policlorobifenilos, elementos a los que se relaciona con ciertos tipos de cáncer y problemas reproductivos. Pero más allá de la controversia, la agencia nacional de alimentación FDA sugiere comer dos veces por semana aquellos pescados con bajos niveles de mercurio, como el salmón, la merluza y el abadejo, porque a fin de cuentas las ventajas son muy superiores a los riesgos.
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