RÍO DE JANEIRO/ RUI FERREIRA
Especial
Para China, Latinoamérica es parte de una estrategia a largo plazo de ampliar su influencia política en la región, una estrategia que fue consolidada después de que el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva hizo de la cooperación Sur-Sur una prioridad para Brasil
RÍO DE JANEIRO/ RUI FERREIRA
Especial
El Gobierno de la presidente Dilma Rousseff está innovando en materia de deuda externa. La empresa Petrobras tiene una deuda alrededor de 1.200 millones de dólares a China por concepto de inversiones y venta de material de extracción del crudo y los chinos están reclamando el pago aceleradamente.
Lo innovador es que el Gobierno chino no está presionando tanto para que el pago de la deuda sea en compensaciones financieras sino en permisos de inversión de los chinos en Brasil y el aumento de la inmigración del gigante asiático hacia el gigante de Sudamérica.
Aunque se desconocen los términos exactos del acuerdo de Petrobras con los chinos, según fuentes del Gobierno citadas esta semana por la prensa local, existe el consenso de que la partida financiera no fue entregada de gratis y arribó con el pedido de expreso de que China participe en el desarrollo de obras generales de infraestructura con maquinaria, equipos y trabajadores chinos. Además, también compensaría el préstamo con el envío de petróleo a China, un país que importa todo el crudo que consume.
En los últimos años, China ha prestado más de 120.000 millones de dólares a Sudamérica, siendo Venezuela, Argentina y Brasil los mayores beneficiarios de esos préstamos. Sólo en el 2014, los préstamos a la región sumaron 12.000 millones de los cuales 8.600 millones solamente a Brasil.
La pretensión china de incrementar su participación en el desarrollo de la infraestructura brasileña llega en un momento en que el Gobierno de la presidenta Rousseff ha lanzado una ofensiva en la ampliación de la red ferroviaria, la generación de energía eléctrica y el aumento de la industria automóvil. Y los chinos no han querido perder esta oportunidad para reforzar su presencia en Sudamérica.
“Estamos asistiendo a una evolución de las inversiones chinas en Brasil. Esta es la tercera fase de esas inversiones aún antes de que las anteriores se terminaran. Los chinos han decidido acelerar (sus inversiones) porque están muy interesados en la red ferroviaria”, ha enfatizado el jefe de promoción comercial e inversiones de la embajada de Brasil en Beijing, Guillerme Billi.
Si no fuera por la prensa brasileña, sería muy difícil de obtener detalles sobre las inversiones chinas en Brasil porque el país asiático es muy renuente en hablar del tema. “China es un país sumamente discreto, que busca trabajar en silencio. La diferencia con relación a otros países es que los chinos tienen mucho dinero. Son los mayores acreedores del mundo y tienen reservas internacionales de 4.000.000 de millones de dólares”, asegura el investigador del Instituto de Relaciones Internacionales PUC/Rio, Paulo Wrobel.
Pero además de discreción, las inversiones chinas en la región no persiguen necesariamente una ganancia comercial. Según el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Renmin, en Beijing, Cui Shoujun, para China Latinoamérica es parte de una estrategia a largo plazo de ampliar su influencia política en la región, una estrategia que fue consolidada después de que el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva hizo de la cooperación Sur-Sur una prioridad para Brasil.
Incluso, la corrupción no es un tema que asusta a los chinos, ávidos de aumentar su influencia regional. “La corrupción es inevitable. El Gobierno chino se encuentra enfrascado en una campaña por acabar con la corrupción. Mientras el Gobierno brasileño tome sus medidas para combatirla, los chinos van a ver nuevas oportunidades de conquistar mercado en el país”, ha dicho Cui Shoujun.
