MIAMI.-Cubanía en la piel y corazón mexicano son dos constantes en la vida del cantante Luis Alberto Fernández, quien no solo se ha convertido en un ejemplo de superación, sino que ha logrado plasmar lo que ha sido su experiencia de vida en su primera producción discográfica, una pieza que lo desnuda y lo sitúa de cara frente a su público.
El cantante Luis Alberto Fernández, un cubano enamorado de México
DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con el intérprete para conocer detalles de este proyecto y sobre su paso por el show de Univision Va por ti, en el que resultó ganador.
“No bajaré la cabeza es una producción que tomó tres meses en grabarse y que, tras una selección entre más de 100 temas, reúne diferentes géneros como rancheras, corridos, huapangos y banda, entre otros”, comentó.
Su experiencia en el reality fue de máxima ayuda para pulirse como cantante y sobre todo, para aprender cómo sería su nueva vida, de la que en ese entonces ni sospechaba que podría llevarlo a hacer realidad uno de sus sueños: grabar un disco.
“En este show quería sacar al cubano de la zona de confort y ponerlo a cantar música mexicana, y me tocó interpretar rancheras y hasta bandas, lo que nunca había hecho. También me enamoré de este género y tuve la oportunidad de conocer a uno de los productores de mi disco”, expresó.
Descubrirse en su ópera primera fue una necesidad que lo llevó a conectar aún más con su público, y un camino que inició en lo que considera apenas el primer paso de su carrera profesional.
“Definitivamente no quisimos hacer solo un disco de música mexicana, sino plasmar experiencias muy privadas en cada canción y pasar por cada etapa que he vivido. Creo que logramos hacerlo bastante bien. Uno de los objetivos que tengo con este disco es no dejar morir la música vernácula”, dijo.
En sus palabras, No bajaré la cabeza representa un recorrido por su vida, por las experiencias que lo marcaron y que quiso contar a quienes lo apoyan.
“Estoy cantando mi vida. Me encantaría que las personas se identifiquen con mis canciones y que puedan conocer mi parte más personal. Recuerdo que en el backstage de la competencia, Alejandra Guzmán me dijo que si iba a hacer un disco, que lo hiciera de música regional mexicana. Este fue uno de los consejos que más me ha marcado en mi vida”, agregó.
Su premio, el que no puede comprarse con oro ni dinero, se resume en su primera producción, que incluye temas como Azufre en las venas.
“Este es el galardón y premio más grande que puedo recibir. Tener este disco, que lo hemos hecho con tanto amor y cariño, es una sensación increíble”, aseguró.
Sentir y agradecer
Ser generoso y agradecido, dos cualidades que considera vitales para triunfar en la vida, tal y como su padre le enseñó alguna vez.
“Mi padre me dijo que quien es grande tiene un bastón, y el día que lo olvide o niegue, dejará de ser grande. Con este álbum agradezco a tantas personas que han pasado por mi vida y han aportado para que este proyecto se hiciera realidad. Yo solo soy una imagen que está puesta en este disco. Detrás hay un maravilloso equipo de trabajo que apostó por mí y que siempre me incitó para alcanzar mis sueños”, recordó.
Pero no solo su potente voz engalana este trabajo musical, sus letras también definen este proyecto, cargado de sentimientos y una pasión que puede apreciarse con facilidad.
“Me encanta componer, me deja expresarme a otro nivel. Creo que pasa de ser algo privado a ser público, y puedo contar con sutileza y mucho cuidado mi vida privada”, dijo.
El éxito que celebra con No bajaré la cabeza tuvo su nacimiento en Va por ti, el primer lugar en donde se sintió como un alumno de una academia de música y que lo ayudó a desarrollar su parte profesional.
“Nunca recibí clases de música hasta que llegué al show. Ahí todos los días aprendíamos algo. Para mí fue como una universidad, pero lo que más me enseñó fue llegar a un estudio de música con 47 músicos de mariachi y grabar frente a todos los profesores. Las enseñanzas que me transmitieron fue lo más grande que tuve y que plasmé en este disco”, relató.
De vuelta a casa
Su historia, marcada por el valor y la destreza se remonta a su Cuba natal, cuando apenas era un niño que soñaba con cantar, maravillado por las melodías de la figura paterna.
“Desde los ocho años me acostumbré a escuchar a mi padre mientras cantaba música regional mexicana, y me enamoré hasta que cuatro años después le pedí que me enseñara a tocar la guitarra. Durante ese tiempo traté de ingresar a la escuela de música, pero no pude porque alegaban que no tenía aptitudes”, rememoró.
Sin embargo, esto no lo detuvo para seguir su camino. Su pasión fue mucho más grande que una negativa y decidió emprender rumbo por su propia cuenta.
“Tuve que arreglármelas para seguir adelante, y logré incorporarme a un grupo de aficionados con el que viajaba por todos los pueblos del país presentándonos gratuitamente. De esta manera me di a conocer como cantante de música mexicana y me apodaron el Charro de la Isla, el mariachi”, recordó.
Tras múltiples intentos de demostrar que tenía una voz, un sueño y un propósito en la vida, logró acaparar la mirada de quienes podían darle la oportunidad que esperaba.
“Después de esos años, aprobé una evaluación y me nombraron artista profesional y así pude comenzar a cantar en los cabarets”, dijo.
México en la piel
De Cuba a Rusia, un trayecto inusual que lo llevó a una de las capitales europeas con tal suerte que, en medio de Moscú encontró un bar llamado Pancho Villa, en el que cantaba para reunir dinero y poder emigrar hacia Estados Unidos.
“Se hizo muy difícil cruzar de Rusia a Estados Unidos y tuve que regresar a Cuba durante tres meses. Por suerte, en mi estancia en ese país conocí a una persona que me invitó a visitar Guatemala, y desde ahí comenzó mi travesía como inmigrante. Crucé fronteras en la cajuela [maletero] de un carro durante cuatro días”, aseguró.
Esta experiencia lo acercó a conocer con más profundidad a México, y de ahí nació su apego por los ritmos nativos de esa nación, los que hoy defiende a través de su música.
“Esa tierra me brindó una oportunidad única: pude conocer cosas que normalmente pasan desapercibidas. Mi travesía se convirtió en una enseñanza y en el deseo por mostrar con orgullo cuánto aprendí de México”, puntualizó.
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