CIUDAD DE MÉXICO.- A meses de cumplir 90, la escritora mexicana Elena Poniatowska se siente tranquila pese a la pandemia.
Elena Poniatowska combate la pandemia escribiendo
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Elena Poniatowska ya tiene en México una casa abierta al público
“He escrito novelas, he escrito cuentos y sigo haciendo periodismo. Finalmente para escribir uno está en su casa en su cuarto de trabajo frente a su escritorio, entonces no ha habido por la pandemia en mi vida grandes cambios”, dijo Poniatowska en una entrevista reciente por videollamada desde la Ciudad de México a propósito de la publicación de su más reciente libro, la segunda parte de El amante polaco.
Maravillada por la tecnología que permite este tipo de comunicación y observante constante de los idiomas que domina, destacó que en francés y otros idiomas la palabra para definir computadora es masculina -“l’ordinateur”- mientras que en español es femenina.
“Somos los únicos países que la feminizamos”, dijo Elena Poniatowska. “La hicimos mamá”.
En el segundo libro de El amante polaco, Estanislao II Augusto Poniatowski, quien es antepasado de la autora, ejerce su reinado elegido con el apoyo de Catalina La Grande de Rusia, de quien fue amante. Fue último rey de Polonia como nación independiente en el siglo XVIII y, como lo describe la mexicana Poniatowski, era un rey que llegó a un reino saqueado.
Hablando de gobernantes mexicanos, Estanislao (o Stanislav, como lo escribe en el libro) tiene cierto parecido con el actual presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, pues fue un rey que llegó con muchos ideales, que saludaba al pueblo y el pueblo le saludaba. Elena Poniatowska, quien en su sala tiene un famoso cojín con forma de una caricatura de López Obrador, a quien apoyó en su primera campaña presidencial en 2006, no se ha decepcionado con la forma en que ha llevado el gobierno del país hasta ahora.
“Creo que ha sido consecuente, creo que es mucho más fácil ser candidato que ser presidente porque al ser ya presidente tienes todo un país a tus pies, pero todo un país a quienes puedes y debes resolver todos sus problemas y no es cosa de, perdona la expresión popular, ‘enchílame otra’. Es difícil, es lento, hay muchos problemas que vienen desde hace tiempo”, dijo.
Desenterrar sus raíces en El amante polaco y recrear intrigas palaciegas fue todo un gusto para la autora de Leonora, Tinísima y La noche de Tlatelolco.
“Siempre quise ser historiadora. A mi padre le gustaba muchísimo la historia, había muchos libros de grandes historiadores en México... sociólogos e historiadores como Daniel Cosío Villegas. Ha sido algo que siempre me ha acompañado a lo largo de los años”, dijo.
Para sobrevivir a la pandemia, Elena Poniatowska dijo que su casa fue el mejor refugio.
“Trabajo frente a una computadora, en una casa que está siempre llena de flores. En un rumbo que es muy bonito que es Chimalistac, al lado de un parque que se llama La Bombilla, donde asesinaron a (el presidente mexicano) Álvaro Obregón; eso no es tan bonito”, agregó. “Siempre he vivido así. Ha sido una vida entre flores y árboles, sin ruido, sin un tráfico enorme. Es un gran privilegio”.
En lo emocional, acepta que por momentos ha sentido tristeza, pero en general el trabajo y sus amigos, entre ellos periodistas y figuras destacadas de la cultura, la han mantenido de buen ánimo, tanto que ni siquiera un robo reciente en su casa (ocurrido mientras ella estaba fuera) le ha hecho perder el buen humor. Elena Poniatowska solo lamentó que no se hayan llevado libros para leer: “A los ladrones no les gusta robar libros”.
Elena Poniatowska nació en París el 19 de mayo de 1932, hija de Jean E. Poniatowski y María de los Dolores Amor Escandón (conocida como Paula Amor), siendo su madre descendiente de una familia mexicana exiliada. Su familia emigró de vuelta a México durante la Segunda Guerra Mundial y Poniatowska se naturalizó mexicana en 1969 al casarse con el astrónomo mexicano Guillermo Haro.
“Nunca pensé que no era mexicana porque mi mamá se apellida Amor”, dijo. “No cambió nada... Yo siempre pensé en mí misma como mexicana; hablaba inglés, hablaba francés, pero mi país, mi idioma, era el español”.
Desde muy joven comenzó a trabajar como periodista entrevistando a personalidades como el premio Nobel Octavio Paz y codeándose con grandes, como lo relata en El amante polaco. Desde esos años 50' y 60' hasta ahora no ha perdido el placer de la escritura.
“Lo hago mejor ahora que lo hacía antes, es más fácil. Antes tenía muchas inseguridades; las sigo teniendo, pero menos”, acotó la mexicana. “Siento que meto menos patas, que tengo más experiencia, que la gente ya me conoce más... Siempre me he sentido muy rodeada de cariño”, expresó la mexicana.
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FUENTE: AP
