Minimalismo y gestualidad en la obra del pintor cubano Pedro Ávila Gendis
25 de enero de 2017 - 15:01
Formas espaciales tridimensionales que reciben un tratamiento colorístico que adiciona al simple plano monocromático, un tipo de mancha y de gestualidad que trasplanta de su propia pintura de caballete

Aldo Menéndez

Especial

Ahora dicen que la abstracción vuelve a estar de moda, pero yo soy de los que piensa que la buena abstracción nunca deja de estarlo. Lo que ocurre tiene que ver con esos “booms artificiales” que hoy por hoy, se dan, cuando un coleccionista logra acaparar suficiente obra de una etapa marginada del arte, dedicándose luego a relanzarla como el gran descubrimiento, cuando solo se trata de una burda maniobra de control de mercado. Lejos de mí, la idea de querer atacar al verdadero coleccionista que ve en el arte algo más que valores bursátiles.

De suerte que prefiero dejar a un lado el actual boom de los Concretos latinoamericanos y cubanos, deteniéndome en la obra de un abstracto que ha seguido su camino sin atender a los avatares de la especulación comercial; me refiero al pintor cubano Pedro Ávila (Camaguey, Cuba, 1959), de larga y fecunda trayectoria, que después del lanzamiento de su libro Shared Secrets, que recoge sus principales etapas dentro del expresionismo abstracto, se presenta en el Miami Hispanic Cultural Arts Center, con una muestra que además de pinturas, está integrada por algunas de sus esculturas mas recientes sobre las que quisiera abundar.

Formas espaciales tridimensionales que reciben un tratamiento colorístico que adiciona al simple plano monocromático, un tipo de mancha y de gestualidad que trasplanta de su propia pintura de caballete, la cual fuera del ámbito acostumbrado del marco y la pared, hace las veces de un extra y chirriante llamado de atención. Advirtiendo que para Pedro ningún campo creacional tiene límites infranqueables. Construcciones estas, que tal parecen la paleta de un pintor, donde la pintura es una extraña intervención a nivel textural que se instala como nueva piel.

En la historia del arte existen antecedentes, pero por lo general estos se manifiestan sobre todo a base de sobrias policromías previamente diseñadas, gamas de colores calculados que se aplican solo para realzar, siguiendo los planos y la geometría de la pieza. Por el contrario Pedro nos enfrenta a una espontánea y expresiva intromisión; como si un dripping apasionado se apoderara de tales objetos. Lo más raro que se produce en ese instante, es el choque inusitado de su cálido universo íntimo invadiendo la fría superficie del metal.

En verdad Pedro escenifica con madurez y calidad un viaje a la semilla, una vuelta a los orígenes, cuando la escultura era inseparable del trabajo pictórico que finalmente le daba el acabado de realidad deseada. Desde la más remota antigüedad, en el Egipto de los faraones y en la Grecia clásica, mármoles y bronces se pintaban, intentando insuflarle vida, o restarle hieratismo a las figuras; aun más, se vestían y recibían incrustaciones. Pedro obliga a sus moduladores de paisajes de estirpe minimalista -a sus esculturas públicas y de salón-, a ser soporte de otros mensajes, él quiere trascender el ambientalismo ramplón y la mera interacción con el contexto, para que las esculturas dejen de ser esencialmente decorativas, y enriquecer así su lectura visual, que de común se impone a golpe de vista, atrapándonos con detalles y claves ocultas en la pincelada, como un grafismo emocional, moldeado por la experiencia y capacidad de hacerse notar.

"Confesiones Místicas", del pintor cubano Pedro Ávila Gendis, recopila una selección de sus obras más destacadas. Las piezas estarán en exposición en el Hispanic Cultural Arts Center y Kendall Arts Center, desde el 3 de febrero hasta marzo. Este viernes a las 7 p.m. se llevará a cabo una recepción en conmemoración de la apertura de la muestra.