Hoy, 16 de septiembre de 2026, se dieron a conocer los nominados al Latin GRAMMY. Quiero comenzar dando la enhorabuena a todos, sin excepción alguna, pues obtener una nominación es ya un reconocimiento importante al trabajo de cualquier artista.
Tania León, una abanderada de la cultura cubana universal
Su música hace tiempo trascendió las fronteras cubanas, pero eso no quiere decir que Cuba haya desaparecido de ella
En lo personal, me alegró muchísimo encontrar entre los nominados el disco dedicado a la música de la compositora cubana Tania León, junto a la London Philharmonic Orchestra. El proyecto obtuvo una nominación en la categoría de Mejor Álbum de Música Clásica, mientras que Raíces (Origins) fue nominada como obra de música clásica contemporánea.
Y me alegra por muchas razones.
Tania León es desde hace décadas una de las grandes figuras de la composición contemporánea. Su música hace tiempo trascendió las fronteras cubanas, pero eso no quiere decir que Cuba haya desaparecido de ella. Todo lo contrario. Hay elementos que permanecen, a veces muy visibles y otras escondidos en una síncopa, un color, una percusión o simplemente en la manera de conducir una frase.
Eso es precisamente una de las cosas que más disfruté al escuchar este disco.
Horizons, composición de 1999, abre el álbum. Es una obra de unos once minutos llena de colores, paisajes sonoros, texturas orquestales y técnicas contemporáneas. Desde el comienzo se percibe esa capacidad de León para mover el sonido dentro de la orquesta. Los solos aparecen, se mezclan con otras familias instrumentales y desaparecen, dando paso a nuevos colores.
Para mí, la obra funciona casi como un gran paisaje en movimiento. No necesariamente hay que buscar una historia. Basta con dejarse llevar por las diferentes sonoridades.
El final me parece particularmente hermoso. Después de todo ese movimiento, una nota sostenida en el clarinete va desapareciendo poco a poco hasta llegar al niente, al silencio total. No hace falta más.
La obra está dirigida por Karina Canellakis.
Raíces, escrita en 2024, es quizás una de las obras del disco donde el título nos obliga inmediatamente a pensar en identidad.
Aquí encontramos una intensa conversación entre las cuerdas y la percusión, acordes sostenidos en las trompas, escalas descendentes en las flautas y ascendentes en los violines. Los trémolos aportan tensión y aparecen constantemente nuevos colores que van modificando el discurso.
Cerca del minuto cuatro, un acorde consonante en los metales abre por unos segundos un espacio diferente, casi tonal. Es breve. Las maderas intervienen y enseguida la música continúa evolucionando hacia otras texturas y colores.
Pequeños motivos rítmicos comienzan entonces a aparecer y superponerse, creando una textura contrapuntística muy bien elaborada. Se nota aquí el enorme dominio que tiene León de la orquesta y de las posibilidades individuales de cada instrumento.
Pero hay un detalle del final que llamó especialmente mi atención: las maracas.
Después de toda la complejidad de la obra, ese sonido nos devuelve de alguna manera al título. A la raíz.
No hace falta colocar una melodía cubana conocida ni recurrir a una cita folclórica. A veces un simple instrumento puede despertar una memoria mucho más poderosa.
Edward Gardner dirige esta obra.
En Stride, composición de 2020, encontramos otro tipo de energía. Desde los primeros momentos los armónicos de las cuerdas producen una sonoridad delicada, pero, al mismo tiempo, mantienen cierta tensión. Esa atmósfera comienza a quebrarse con la entrada de los metales, los trémolos y diferentes intervenciones de la orquesta.
Aparecen rápidos pasajes en los instrumentos de viento madera, glissandi en las cuerdas, efectos de col legno y frullatien los metales. Entre los minutos cuatro y cinco, las cuerdas regresan en forma de acordes con breves sforzandi, mientras los clarinetes continúan ese juego que aparece varias veces a lo largo de la obra.
Más adelante comienzan a escucharse platillos, bongós y otros instrumentos de percusión. El contrafagot aparece con un carácter casi jocoso dentro de toda esa actividad irregular de la orquesta.
Entonces llega uno de mis momentos favoritos: un solo de clarinete que nace prácticamente de un glissando. Es un detalle breve, pero fantástico.
Aquí se aprecia algo que considero muy importante en la música contemporánea. Las técnicas extendidas, los efectos y las disonancias funcionan cuando tienen una razón musical. En Stride no siento que estén colocados para demostrar conocimiento técnico. Forman parte del discurso.
Hacia el final vuelve a tomar protagonismo la percusión, dejando un sonido que por momentos parece ancestral, casi primitivo.
La interpretación está dirigida por Dima Slobodeniouk.
Pasajes, obra de 2022, cierra el álbum y fue una de las que más me hizo pensar en esa relación entre modernidad e identidad.
Bajo la dirección de Edward Gardner, la obra comienza en un ambiente de cierta tranquilidad interior. Poco a poco esa calma se interrumpe con el pizzicato del bajo y unos arpegios del piano que sirven de acompañamiento al flautín y las flautas, creando un color armónico más denso.
Después de una especie de cortina de acordes en los metales, las cuerdas presentan un ritmo que, al menos para mis oídos, se conecta inmediatamente con la música afrocubana.
Y digo “para mis oídos” porque ahí está precisamente lo interesante.
No se trata de una cita evidente. Es más bien un sabor, una manera de colocar la síncopa, un gesto que aparece y desaparece.
El piano se mezcla con sonidos largos y acentos sincopados. Un frullato en la flauta conduce hacia un solo de los violonchelos, mientras otras voces continúan moviéndose debajo. Después aparece nuevamente el clarinete.
Los arpegios del arpa y del piano, junto a las síncopas de otros instrumentos, crean una sección con una personalidad muy particular que desemboca en un diálogo de clarinetes. La disonancia termina simplificándose hasta quedar prácticamente suspendida sobre una nota sostenida en las cuerdas.
Cerca del minuto nueve sucede otro momento que merece mencionarse.
Las cuerdas presentan una melodía al unísono y después a la octava que tiene, para mí, un carácter cubano muy particular. Está disimulado. No dura demasiado. Pero está ahí.
Y esa es probablemente una de las características que más admiro en la música de Tania León. La cubanía no tiene que anunciarse.
El juego de síncopas continúa, alternándose con momentos más desnudos en la flauta y el pícolo. El timbal interrumpe el silencio con un glissando descendente y trinos. Poco a poco aparecen otros instrumentos de percusión y aumenta la complejidad rítmica, en diálogo con las fanfarrias de las trompetas.
La obra termina con un acorde disonante en los trombones.
Un final interesante, inesperado y, sobre todo, consecuente con todo lo que hemos escuchado anteriormente.
Al terminar estas cuatro obras, queda una impresión muy clara: estamos escuchando a una compositora que domina completamente su lenguaje.
Tania León no necesita demostrar nada. Su conocimiento de la orquesta, del contrapunto, de las técnicas contemporáneas y especialmente del color instrumental está presente en cada página, pero nunca siento que el virtuosismo técnico se convierta en el propósito de la música, aunque su música es completa para cualquier músico que se enfrente a ella.
Hay algo más profundo.
Hay memoria.
Hay identidad.
Y hay también muchos años de búsqueda.
Los artistas que emigramos sabemos que la identidad cambia con uno. Se transforma, incorpora nuevos paisajes, nuevos sonidos, otras experiencias. Pero ciertas cosas permanecen ahí, incluso cuando uno no intenta encontrarlas.
Quizás por eso me resulta tan interesante escuchar estas obras de Tania León. Su música es completamente universal y, sin embargo, en determinados momentos encuentro sonidos que me hacen regresar a Cuba.
Puede ser una maraca.
Una síncopa.
Una frase en las cuerdas.
Una percusión que aparece inesperadamente.
No hace falta más.
Estas nominaciones al Latin GRAMMY representan un reconocimiento importante para este proyecto discográfico, pero también ofrecen una buena oportunidad para volver a escuchar y estudiar la obra de una de las compositoras más importantes de nuestro tiempo.
Tania León representa a esa Cuba que ha sabido extender su cultura mucho más allá de sus fronteras.
Una compositora de nuestro tiempo, una figura de la vanguardia musical y, para mí, una verdadera abanderada de la cultura cubana universal.
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