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RESEÑA

"Un parque en mi casa", de Nilo Cruz, se exhibe en las tablas de Miami

La obra de teatro "Un parque en mi casa ", de Nilo Cruz, cuenta los preparativos, estancia y partida de un soviético que llega a Cuba para estudiar las plantas

Por LUIS DE LA PAZ

MIAMI.- Hace muchos años, en una entrevista a Teresa María Rojas le pregunté: Si mañana cae la dictadura de Castro y usted es seleccionada para llevar a escena en un inmenso teatro de La Habana una obra. ¿Qué pieza escogería y por qué? Su respuesta: “Una de Nilo Cruz, Un parque en mi casa. Es una obra conmovedora, simpática e inteligente. Con los ojos bien abiertos, como quien ya soñó: Se hará en la Plaza de la Catedral, con entrada libre”.

La obra no ha sido posible estrenarla en La Habana, pero sí en Miami, ante un público mayoritariamente cubano, en el Miami-Dade County Auditórium, como parte de las coproducciones de ese centro con Arca Images, la institución fundada por Alexa Kuve.

La historia de A Park in Our House, la ha contado el propio autor: le fue comisionada en Nueva York, en 1995, la concibió originalmente como un monólogo y luego fue creciendo. Teresa María la estrenó en inglés en su Treatino en el 6to. piso del Wolfson Campus, donde funcionaba la desaparecida escuela forjadora de actores Prometeo; ¿por qué tienen que cerrar las cosas que funcionan, si lo hacen bien?

Finalmente ha subido a escena por primera vez en español para los cubanos exiliados y el público miamense, en una propuesta dirigida por el propio autor, lo que sin duda la acerca más a la concepción que tiene de su propio texto.

En esencia Un parque en mi casa cuenta los preparativos, estancia y partida de un soviético que llega a Cuba para estudiar las plantas, como parte de un intercambio internacional. Aunque la visita es el centro de la propuesta, la obra está llena de referencias a momentos históricos, como la estruendosamente fracasada zafra azucarera de los 10 millones, la politización de la sociedad, el hambre como arma política, y el acoso a los religiosos, entre otras alusiones.

Todos estos asuntos manejados como subtramas, pero que al ir siendo colocados inteligentemente en el momento preciso, trazan el panorama social de la época ambientada por el autor. La obra crece por momentos por la poesía, como cuando los protagonistas narran los sueños que tuvieron a lo largo de la noche. También por el humor, que muy bien dosificados atenúan la intensidad de los momentos dramáticos.

Cruz parece que intencionalmente escamotea el pasado de sus personajes, centrando la fuerza escénica en lo inmediato, pero eso crea demasiadas zonas oscuras en el desarrollo de la obra.

Tenemos que Ofelina y Hilario forman un matrimonio sin hijos (no se plantea por qué). Viven con sus sobrinos, Pilar y Camilo, que son hermanos (tampoco hay ningún indicio sobre qué pasó con los progenitores de los jóvenes), donde Camilo, además, se dice, de repente dejó de hablar. El otro sobrino, Fifo, es un fotógrafo compulsivo; no se sabe qué lo llevó a esa casa multifamiliar.

El invitado, el soviético Dimitri, se integra a la familia por el intercambio internacional, pero salvo una línea donde se dice que Hilario es parte del aparato de poder, el temido Ministerio del Interior, no hay razón que justifique que una familia cubana reciba en su casa a un extranjero. Al menos, en la época en que se ambienta la obra, era casi imposible que eso ocurriera.

Hay señales que enriquecen la obra, como el trasiego para comprar un cerdo en el mercado negro, transportarlo subrepticiamente a la casa y limpiarlo. La escena está muy bien lograda en su totalidad y sirve de puente para que la tía/madre, hablé con Camilo de 17 años, y que parece tener cierto retraso mental, sobre sexualidad y los sentimientos de amor y deseo, algo que ilustra metafóricamente con el corazón del cerdo en la mano.

Un parque en mi casa es una obra con la que los cubanos se identificarán: “En este país no tendremos más un traje hecho a la medida”, expresa Hilario, quien poco antes había dicho: “antes tenía 17 camisas y ahora solo una”.

Muchos aciertos y algunas torpezas en las que un experimentado director y dramaturgo como Nilo Cruz no debió incurrir, como terminar el primer acto con el momento en que Camilo articula algunas palabras, y en el segundo continúa mudo.

Convincente el personaje de Dimitri, que por su físico y desempeño domina Guillermo Cabré, narrando sus experiencias en su pueblo, “una ciudad de manzanos, que fueron talados”, algo que conecta con lo que ocurría en Cuba, arrasando frutales para plantar caña de azúcar.

Extraordinaria Grethel Trujillo, como Ofelina, el alma de la obra; dominante, amorosa, crítica y maternal. Un personaje que le va muy bien y que se agradece en una obra como esta. También el trabajo que desarrolla Carlos Acosta Milián como Hilario. Hay en este actor una naturalidad expresiva, que hace que su personaje fluya dejando en todo momento una huella.

Los actores más jóvenes, pero no por ello menos experimentados, se imponen en escena. Daniel Romero como Fifo es entre los nuevos valores, uno de los más sobresalientes. Tiene voz, presencia, con pocos gestos le basta para decir y convencer. Claudia Tomás forma parte de esos actores que se hacen sentir. Su papel de Pilar es muy agraciado y fresco.

El actor Ricky Saavedra debuta en Miami con esta obra y entrega una buena carta de presentación ante la audiencia con su personaje de Camilo. Un papel complejo que le exige mucho, para proyectarse únicamente a través de la gestualidad y los movimientos. En conjunto Nilo Cruz logró un excelente trabajo de dirección.

Lo admirable de Un parque en mi casa es que llegó finalmente a Miami en español. Lo mejor, el elenco de actores. Lo sobresaliente la escenografía de Jorge Noa y Pedro Balmaseda, de Nobarte, que a través de una empalizada, logra proyectar una Cuba apuntalada para evitar su derrumbe, sin dejar de mostrar a través de los vitrales, la belleza que aun le queda.

Las escenas finales hacen tambalear la obra. El vociferado asilo político pedido por el soviético en la embajada de Brasil, es poco creíble y no justifica una despedida colectiva en el aeropuerto. Lo más débil, el reporte que debe redactar la familia que lo acogió para entregarlo a las autoridades y el instante que sella el final, a través de un beso, haciendo que la obra cierre frágil.

Ojalá que un día el público habanero llene la Plaza de la Catedral para ver esta obra de Nilo Cruz, como lo ha soñado Teresa María Rojas.

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