Fue el editor Gordiano Lupi quien postuló a la escritora al galardón con Anatomía de la mirada, poemario publicado originalmente en 2009, y que ahora cobra nuevo vuelo con una edición bilingüe en italiano y español realizada por Lupi de la mano de Editorial Il Foglio Letterario, en Piombino, Italia.
En conversación con DIARIO LAS AMÉRICAS, la escritora aborda el valor de este reconocimiento, la responsabilidad del autor frente a la sociedad, sus convicciones políticas y el papel de la cultura en la búsqueda de la libertad. También comparte detalles de sus proyectos actuales, entre ellos un libro de poesía inspirado en una ciudad libanesa y en La Habana.
- ¿Qué significa recibir este Premio a la Excelencia en París, la ciudad donde has construido gran parte de tu vida desde que saliste de Cuba?
Es muy importante para mí porque llevo 35, casi 36 años, en esta ciudad y en este país que me han acogido. Como sabes, soy española, pero también soy francesa. Francia me recibió a través de la cultura, de la poesía, de sus museos, sus librerías y sus bibliotecas. Recibir este premio, homenaje a Pier Paolo Pasolini, cineasta y poeta italiano al que siempre he admirado y sobre quien escribí desde Cuba, tiene un significado enorme. Lo considero, sobre todo, un reconocimiento a la constancia, a una obra que he tratado de mantener siempre fiel a la belleza y a la verdad.
- ¿Cómo defines la excelencia en la literatura en tiempos actuales?
Creo que hay muchos escritores jóvenes de gran excelencia. En Cuba, por ejemplo, los hay, y recientemente he hablado en DIARIO LAS AMÉRICAS de algunos de ellos. Son personas de mucho valor que, siendo tan jóvenes y viviendo en situaciones tan precarias, consiguen encontrar libros, leer, escribir, investigar y tratar de publicar fuera de la isla, algo que estaba penado por la ley en mi época. De modo que yo sí creo en la excelencia en la literatura en tiempos actuales.
Y no solo en el caso de los cubanos, también de otros exilios, como los escritores israelís, los iraníes, los tibetanos, de todas partes del mundo, que desde sus exilios han podido hacer lo que yo hice: una obra.
- A lo largo de tu carrera, tu obra ha reflejado la identidad cubana, la memoria y el exilio. ¿Cómo han cambiado tu mirada sobre Cuba y tu manera de escribir después de tantos años viviendo fuera de la isla?
Mi obra ha reflejado la identidad cubana, la memoria, el exilio y, sobre todo, la verdad de lo que nos ha ocurrido durante 67 años de tiranía. He tratado de reflejar esa realidad y de ser respetuosa con los hombres valientes que intentaron liberar a Cuba del comunismo.
Mi mirada sobre Cuba no ha cambiado, y creo que mi manera de escribir tampoco. Lo que sí ha sucedido es que se ha enriquecido gracias a las lecturas, los viajes, las investigaciones en bibliotecas de todo el mundo y los libros que he ido adquiriendo en distintos países y en varios idiomas.
He ido aprendiendo, que es de lo que se trata, porque esa frase de José Martí, “Ser culto es el único modo de ser libre”, es una verdad como un templo. Cuanto más cultivados somos, más libres podemos ser.
- París ha sido el escenario de una parte importante de tu vida personal y profesional. ¿Qué te ha aportado esta ciudad como escritora y hasta qué punto ha influido en tu visión del mundo y en tu obra?
Sí, París ha sido el escenario de una parte importante de mi vida. Y me ha aportado la belleza de la ciudad, su historia y sus leyendas. Me encantan las leyendas de las ciudades.
Escribí Los misterios de La Habana, inspirado en Los misterios de París, de Eugène Sue. En esa obra aparece una joven mulata llamada Cecilia, de 16 años, que se parece mucho a la Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde. Da la casualidad que Eugène Sue estuvo también en las Antillas en la época en laque Cirilo Villaverde había publicado de manera folletinesca la novela Cecilia Valdés.
París me ha dado mucho, sobre todo mucha fuerza para tener una visión más amplia de Cuba dentro de su universalidad, y también en el mundo.
- Tu trabajo literario y tus opiniones han generado tanto reconocimiento como controversia. ¿Cómo has aprendido a convivir con esas reacciones y qué papel consideras debe desempeñar un escritor cuando decide expresar sus convicciones más allá de la literatura?
Mi trabajo literario y mis opiniones son cosas distintas. La literatura es un trabajo de orfebrería: escribir, pulir, buscar los tonos, descubrir y enriquecer a los personajes. Es como tejer un tapiz antiguo.
Mis opiniones son las de siempre. No creo que hayan variado mucho. No las encuentro controversiales, aunque sí radicales. Pero Jesucristo también fue radical y controversial. No me comparo con él, por supuesto. Pero es mi gran ejemplo y mi fe. Convivo muy bien con las reacciones que generan mis opiniones. Incluso, me dan muchas más ganas de ser controversial y radical.
Creo que un escritor debe desempeñar el papel de cuestionar la sociedad en la que vive y expresar sus convicciones más allá de la literatura.
- ¿En qué etapa de tu vida creativa dirías que te encuentra este reconocimiento?
Me encuentro en una etapa muy fértil y libre, en la que me siento absolutamente enamorada de la vida, de la historia y enamorada, como siempre, de cómo se fue construyendo mi país a través de la mano de sus escritores, de sus historiadores, pero también de los que realmente lo construyeron. Estoy en un momento muy intenso, muy vivo y muy amoroso
- ¿Qué proyectos literarios tienes entre manos y qué historias consideras que todavía necesitas contar, especialmente en relación con Cuba y su futuro?
Tengo varias novelas en desarrollo y un libro de poesía muy hermoso. No porque sea mío, sino porque habla de una ciudad muy bonita en el Líbano, Tiro, y también de La Habana. Es un libro que escribí mientras descubría la belleza y la realidad del Líbano, así como la compasión de sus habitantes. Cada vez que ha habido una guerra, los libaneses han sabido reconstruir su país rapidísimo y con tremenda fuerza. Así que siempre tiene que ver con Cuba, con el amor, con la verdad y con la lealtad.