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PROFESOR UNIVERSITARIO

Ecos de la visita de Obama en Cuba

En sus comentarios los analistas de La Habana consideran, que la visita de Obama a Cuba aportó una contribución al fortalecimiento de la identidad nacional, porque definitivamente quedó aceptada la intransigencia hacia el respeto a la independencia y soberanía del país

Por EUGENIO RODRÍGUEZ BALARI

Aún se mantienen los ecos de la visita del presidente Barak Obama a la bella y mayor Isla de las Antillas. Atento a los comentarios que desde todas partes del mundo se efectuaron, por supuesto que era necesario tomar en cuenta los que en Cuba se hicieron.

Las ideas originadas en La Habana manifestaron el evidente cuidado con que las autoridades manejaron la visita de Obama; en particular el respeto y la tolerancia mostrada ante los criterios vertidos en su discurso público y televisado durante su intervención  en el Gran Teatro de la Habana.

El oficialismo en ese momento y por consideración, protocolo, o diplomacia, hizo mutis a sus ideas pronunciadas en aquel recinto. Sin embargo no fue así más adelante, sobre todo por la posición asumida por los medios intelectuales y académicos, los que de inmediato reaccionaron a sus planteamientos con diversos argumentos (que se podrá estar o no de acuerdo con ellos), pero que en el contexto histórico de lo ocurrido entre las dos naciones, son tan necesarios y válidos como los expresados por el presidente.

Precisamente por eso se dice que el proceso de normalización de relaciones será un largo y complejo camino, pero que con inteligencia, madurez, transparencia y tolerancia se tendrán que sortear las profundas diferencias políticas e ideológicas que existen.

Si alguien dudaba de la importancia de la visita, sus efectos lo dejaron todo claro.

Veamos otras valoraciones que se hicieron en el inquieto archipiélago caribeño:

En general mostraron satisfacción con la visita del presidente, pero claro analizados desde la óptica política del asediado o agredido país.

En sus comentarios los analistas de La Habana consideran, que la visita de Obama a Cuba aportó una contribución al fortalecimiento de la identidad nacional, porque definitivamente quedó aceptada la intransigencia hacia el respeto a la independencia y soberanía del país.  

Consideraron gran equívoco el llamado a olvidar la historia de las relaciones entre las dos naciones; algo que consideraron inaceptable y sobre lo cual dijeron no obtuvo el eco suficiente entre los cubanos; alegando que todo puede superarse pero sin necesidad de olvidar la historia y sus conflictivas situaciones, tampoco los sacrificios y luchas de las diferentes generaciones de cubanos, valorando tal enfoque como el mayor de los errores de Obama en Cuba.

Expresaron que la visita del presidente de los EEUU (reconoció por vez primera), la existencia del legítimo gobierno cubano de proyección socialista y que la presencia de Obama fortalecía el proceso de normalización de relaciones, al reconocer la legitimidad del gobierno, cuya excepción en más de medio siglo había sido los EEUU, a pesar de la plena aceptación de parte del resto de la comunidad internacional.

Dijeron que la visita del presidente norteamericano, definitivamente había echado por tierra los añejos y permanentes intentos de deslegitimación y descrédito hacia las autoridades de la Isla.

Con respeto pero sin tapujos señalaron, que los asesores de Obama le posibilitaron realizar una buena actuación y puesta en escena durante su visita a Cuba; con poses milimétricamente bien estudiadas, que hicieron ver al “dueño” del mundo como un hombre de familia, agradable, con la sonrisa a flor de labios, violador de los protocolos en ciertas ocasiones, con un telepronter que le decía cada palabra que debía decir o repetir, con vestuario ajustado para cada ocasión y acudiendo a lugares idóneos que captaban la simpatía del público y acompañado siempre de su esposa, hijas y suegra.

Dijeron que el país había estado en el centro del impacto mediático mundial, ya que la presencia de Obama fue acompañada por alrededor de cien periodistas relacionados con la Casa Blanca, otros tantos profesionales de las principales cadenas televisivas de los Estados Unidos y el mundo, de emisoras radiales, agencias de prensa, periódicos impresos y sitios digitales, pero que a pesar de tratar de manipular los hechos, no pudieron desconocer el respeto y atención con que se trató al presidente de los EEUU y a su comitiva; en un país que durante tantos años se había visto agredido y aún siente se le agrede.

Señalaron que los medios no pudieron desconocer un estadio de pelota completamente lleno, con alrededor de 50 mil fanáticos entusiastas y disciplinados que dieron la bienvenida al equipo norteamericano y por supuesto al presidente Obama, su familia y acompañantes.

Comentaron que durante la visita no se pudo ocultar la importancia adquirida por el sector privado, ya que los emprendedores intercambiaron ideas con los visitantes  estadounidenses, mostrando experiencias y enfatizando el papel que desempeñan en las nuevas gestiones económicas, como parte de la contribución que realizan en los nuevos tiempos de reformas que se desarrollan.

Surgieron argumentos sobre las acusaciones de intolerancia, que ciertos medios de comunicación en el extranjero les adjudican a las autoridades cubanas; a lo que dijeron esas ideas se habían quebrado, pues en todo momento hubo flexibilidad y respeto hacia Obama y su amplia delegación.

No faltaron los que con independencia de la imagen brindada por el Presidente, que lo hacían un personaje simpático y agradable a la opinión pública, dijeran que el cuestionado Premio Nobel de la Paz, había sido el presidente de los Estados Unidos que más guerras había promovido durante su mandato y que en su presidencia habían muerto miles de personas en los conflictos bélicos en el Medio Oriente.

Analizando con mente fría estos y otros argumentos, no abrigo dudas sobre la conveniencia al derecho de réplica o a contrarrestar ideas con las que no se esté de acuerdo y lo veo bien.

No obstante analizando la amplia y sentida reacción que desde Cuba surgió, en el caso que nos ocupa me asaltan las siguientes interrogantes:

¿Le resulta o no conveniente a Cuba (sobre todo en esta etapa), la normalización de relaciones con los EEUU?

¿No sería lo inteligente aprovechar al máximo el tiempo que le queda a la administración Obama, por parte de la Habana para hacer avanzar las relaciones?

¿Acaso se piensa que el próximo o los próximos presidentes de EEUU se proyectaran en similar o mejor forma con respecto a Cuba?

Desde mi percepción creo las autoridades y  analistas de la Isla, deberían tomar mejor el pulso a la situación actual y perspectiva de este asunto.

Valorar el tiempo que le queda a esta administración, porque este Presidente con sus aciertos, errores e ideas (coincidentes o no con ellas); adoptó un camino más apropiado y justo; probablemente no todo lo deseado en la Isla, pero dejó atrás años brutales, dañinos y de aferradas políticas indeseadas; y sobre todo, proyectó una nueva y mejor visión para las relaciones entre los dos países.

Ese fue el reto que se asumió el 17 de diciembre del 2014.

No obstante es necesario señalar que el mundo intelectual cubano no dejó pasar las ideas de Obama en La Habana, mostrándose como una intelectualidad comprometida con el proyecto de la revolución; que levantó voz para expresar, que a la mayoría del pueblo cubano con educación, cultura y conocedora de la historia, no era posible pasarle gato por liebre, pero no obstante ello Cuba y los cubanos se aprestaban a aceptar las nuevas relaciones con el poderoso vecino del norte.

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