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Educación digital y resultados: la postura crítica del influencer Richard Yuzee

No hay garantías, asegura Richard, y va sin rodeos: la educación, sea tradicional u online, es una oportunidad, no un contrato de resultados

Por REDACCIÓN/Diario Las Américas

La educación online explotó después de la pandemia por una razón simple: la gente se acostumbró a resolver cosas importantes desde una pantalla. Comprar, vender, trabajar, aprender. Todo se volvió más accesible y más rápido. También es más confuso, porque la oferta creció al mismo ritmo que el interés.

La confusión se nota en un punto específico: la promesa. Hoy existe formación útil, seria, aplicable. Y también existen ofertas que venden resultados como si fueran inevitables, sin explicar límites, condiciones ni el trabajo real que hay detrás. Reguladores de protección al consumidor han advertido durante años que las promesas de dinero fácil son una señal típica de alerta, especialmente cuando la oferta evita detallar metodología y se apoya solo en historias de “éxito”.

Richard Yuzee insiste en una idea poco vendible pero necesaria: no hay garantías. Richard lo plantea así, sin rodeos: la educación, sea tradicional u online, es una oportunidad, no un contrato de resultados. Esa frase, en un mercado lleno de certezas vendidas, funciona como corte. No entusiasma, pero ordena.

Yuzee también señala una contradicción que incomoda. A la educación formal rara vez se le exige garantía de ingresos, aunque pueda ser costosa. A la educación online sí se le exige, como si un programa pudiera reemplazar el seguimiento del alumno. Para él, el problema de fondo se repite en ambos formatos: la gente abandona rápido, se distrae, consume información como si eso fuera progreso y no sostiene la ejecución.

Con eso sobre la mesa, el filtro se vuelve práctico. ¿Qué mirar antes de creer?

Primero, metodología clara. Una formación seria explica qué se hace, qué se mide, qué resultados son razonables y qué depende del estudiante. Cuando todo se presenta como fácil, rápido y seguro, conviene desconfiar. Suena básico, pero es la diferencia entre aprender una habilidad y comprar una ilusión.

Segundo, evidencia de habilidad aplicable. Richard Yuzee repite que entender no es lo mismo que implementar. Hay formaciones que motivan y entretienen, pero no obligan a actuar. Las útiles suelen incomodar un poco porque empujan a ejecutar: publicar, probar, hablar con clientes, medir, corregir. Sin ese ciclo, el aprendizaje se queda en teoría bonita.

Tercero, expectativas realistas. El boom pospandemia dejó una distorsión fuerte: historias de resultados rápidos se volvieron el estándar narrativo, aunque no sean lo común. Yuzee insiste en que mucha gente se cae cuando el proceso se vuelve repetitivo, justo cuando empieza a funcionar. Ahí se nota si alguien buscaba un método o buscaba una promesa.

Sobre su propio recorrido, Richard menciona cifras altas de ventas y alumnos en su educación digital, además de crecimiento rápido de su software. En esta nota se tratan como afirmaciones de él, no como datos auditados, y se incluyen para reflejar cómo justifica su enfoque, no para venderlo.

El cierre práctico es simple. Con tanta oferta circulando, el mejor “superpoder” no es encontrar el curso perfecto. Es aprender a hacer preguntas incómodas y leer la letra pequeña: qué incluye, qué no incluye, cómo se mide el avance, cuánto tiempo toma, qué esfuerzo exige y qué pasa cuando no funciona. En esa conversación, Richard Yuzee se volvió una referencia por lo menos espectacular: insistir en que el trabajo real empieza cuando se apaga el entusiasmo inicial y toca sostener la ejecución.

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