MIAMI.– Los primeros días del año que inicia han servido para tener una idea de cómo será el futuro político inmediato en Estados Unidos.
El Congreso estadounidense inaugura el 2017 en una etapa convulsa
Por lo que se observa, podríamos ver una batalla permanente entre un Capitolio de mayoría republicana y un Presidente de carácter fuerte, habituado a imponer sus designios como durante décadas ha hecho al frente de sus empresas.
Donald Trump lidiará con un Congreso del que gran parte de sus miembros no lo apoyó durante la campaña presidencial y con una mayoría en el Senado bastante frágil, de apenas 4 escaños, lo que obliga a los republicanos a depender de los demócratas en todos aquellos temas en los que no haya unanimidad entre los republicanos.
Lo que sucedió entre las 10 de la noche del lunes 2 de enero y las 10 de la mañana del martes 3 de enero, es una prueba de cómo una mayoría no es suficiente para mantener la estabilidad. Incluso, con un presidente como Donald J. Trump.
El lunes, a puertas cerradas y en un comité, sin previo aviso y sin siquiera informar a los demócratas por cortesía, los republicanos intentaron acabar con uno de los pilares de la democracia: dieron un golpe de gracia a un mecanismo de depuración de responsabilidades, decidieron disolver la independiente Oficina de Ética Congresual.
Doce horas después, ante la enorme presión popular, política e incluso del mismo Presidente electo, no tuvieron otra alternativa que dar marcha atrás.
“Con todo lo que el Congreso tiene que hacer, realmente debían debilitar la Oficina de Vigilancia Ética por muy mala que fuera? Es incomprensible que sea su primera decisión y prioridad. Concéntrense en la reforma tributaria, en el sistema de salud y tantos otros temas de mucha más importancia”, reclamó Donald Trump en la mañana del martes a través su cuenta Twitter.
Pero, además, si los republicanos pensaban comenzar las sesiones del nuevo Congreso este martes en armonía absoluta y dando muestras de un poder absoluto al disolver el único comité independiente que investiga los casos de corrupción en la Cámara de Representantes, se equivocaron al dejar a la cúpula del Congreso fuera de la jugada. Ni el presidente de la Cámara, Paul Ryan, ni el líder de la mayoría, Kevin McCarthy, fueron consultados al respeto.
McCarthy no resistió la presión y el martes por la mañana presentó una moción que restauró la oficina disuelta la noche anterior y que terminó siendo aceptada por la mayoría de los congresistas.
Minutos antes, posiblemente atareado con la inauguración del nuevo Congreso, el presidente de la Cámara Baja emitió un comunicado en que trataba de explicar el fin de la oficina independiente de ética. “Tras ocho años de operaciones, muchos congresistas creen que la Oficina de Ética Congresual necesita una reforma para asegurar el proceso correcto y llevar a cabo su misión. Quiero dejar claro que esta Cámara de Representantes exige a sus miembros el mayor nivel de ética”, dijo Ryan.
La disolución pretendía acabar con la independencia de una entidad creada el año 2008 para investigar los casos corrupción y que ha enviado ya cinco congresistas a prisión. El plan fue integrar sus funciones dentro de la Comisión de Ética de la Cámara de Representantes, la cual depende directamente de los mismos congresistas federales. En términos prácticos, lo que los republicanos querían era un filtro en la Cámara de Representantes, la cual decidiría qué congresista sería llevado a los tribunales antes de poner el caso a consideración de los órganos policiales. O sea, los legisladores supuestamente corruptos tendrían así la posibilidad de explicarse ante sus pares, antes de ser investigados en los tribunales.
A partir de ahora, “toda violación de la ley criminal debe ser referida al Comité de Ética para un posible envío del caso a las autoridades judiciales, únicamente tras el voto positivo de los miembros del Congreso”, aclaró tras la decisión la oficina del congresista republicano por Virginia, Bob Goodlatte, presidente del Comité Judicial e ideólogo de la maniobra que fue aprobada por 119 votos a favor y 74 en contra. Este martes, derrotado, Goodlatte, se ha confinado a un silencio prudente.
La disolución había sido incluida en un paquete que abarca también sanciones contra aquellos congresistas que interrumpan las sesiones de la cámara con manifestaciones en el pleno, como sentarse en el piso en señal de protesta, similar a lo que protagonizaron varios congresistas demócratas el verano pasado durante las discusiones sobre las leyes que autorizan el uso y porte de armas. No está claro si las sanciones de mantienen.
Tan pronto se supo del gesto republicano, los demócratas estallaron en un conato de revuelta. “Los republicanos dicen que quieren ‘secar el pantano’. Pero la noche anterior al juramento del nuevo Congreso, los republicanos en la Cámara de Representantes han acabado con el único comité independiente de supervisión ética que pudiera vigilar sus acciones. No hay duda, la ética es la primera baja del nuevo Congreso republicano”, comentó la líder de la minoría demócrata, Nancy Pelosi.
Menos inseguro pero no por eso fácil, sería el fin del ‘Obamacare’, cuya disolución el liderazgo republicano quiere aprobar ya en los próximos días. Es una votación tan dada por segura, que el presidente Barack Obama es esperado este miércoles en el Capitolio para reunirse con congresistas y senadores demócratas e intentar blindar el que considera uno de sus mayores legados. También en esto la postura de Trump será interesante de seguir porque, si bien durante la campaña el presidente electo se manifestó en contra de la Ley de Salud Asequible conocida como Obamacare, tras la victoria electoral admitió que hay partes que deben mantenerse, entre otras razones porque de la reforma de salud depende el seguro de unos 20 millones de personas.
Es casi una quimera, porque para sustituir el ‘Obamacare’ los republicanos necesitan de reescribir una ley gigantesca para presentar una alternativa y lograr ‘venderla’ a la opinión pública. “Es un misterio. Nadie ha dicho nada de lo que piensan hacer más allá de que no quieren el Obamacare. No sabemos con qué lo van a sustituir”, dijo el analista Bill Press a la cadena CNN.
Por otro lado, los republicanos quieren ahora deshacerse de todos los mecanismos de supervisión y vigilancia que instalaron hace unos seis años para tener a Obama bajo control. Son medidas que ahora tendrían que ser aplicadas ante una administración Trump lo cual sin duda agriará las relaciones con la Casa Blanca. Es un paquete de medidas conocidas como ‘el Acta de Medianoche’ y ‘el Acta Regulaciones del Ejecutivo que Necesitan un Escrutinio (REINS, por sus siglas en ingles). La primera le da a la mayoría la posibilidad de eliminar un conjunto de medidas promulgadas por el presidente en el último año de su mandato. Y la segunda anula toda decisión presidencial automáticamente si el Congreso no la discute en un plazo de 70 días después de su promulgación.
El fracaso de la disolución de la Oficina de Ética es un ejemplo de cómo el proceso de confirmación del nuevo gabinete no está exento de escollos, una tarea que le corresponde al Senado no a la cámara baja. Durante la campaña presidencial, Trump fue particularmente incisivo en criticar a su rival demócrata sobre lo sucedido en Benghazi y la seguridad en las embajadas en el exterior. Este pudiera otro escollo para el mandatario electo y los legisladores federales, porque de ellos depende un cambio en los fondos del Departamento de Estado y el Cuerpo de Infantes de la Armada y eso los deciden los políticos no el Presidente.
Con la Casa Blanca, el Senado y la Cámara de Representantes, un mandatario en las condiciones en que Donald Trump fue electo e ingresa a la mansión presidencial con un 48% de impopularidad, es un escenario ideal – sino una necesidad – para que los legisladores federales se esfuercen por mostrar su independencia frente al poder ejecutivo. Porque ya los están acusando de servirlo.
NULL
