Larry Brown pasó unos 80 días en un hospital de Indianápolis en la primavera, luchando contra el COVID-19 y casi muere. Desde que regresó a casa en junio, su vida ha estado llena de incógnitas. Aún no está seguro de cuándo volverá al trabajo o si desaparecerán las secuelas, como ese incontenible hormigueo en la mayoría de sus dedos.
Luchó por 80 días contra el COVID-19 y "regresó" para su 46 cumpleaños
Brown, un exjugador de fútbol americano de Indiana State, estuvo conectado a un respirador durante 37 días. Las enfermeras le ayudaban periódicamente a ponerse boca abajo para ayudarlo a respirar. Los pulmones de Brown, de 45 años, se estaban llenando de líquido y los médicos no esperaban que sobreviviera.
En vista de que no se permitían visitas en la unidad de cuidados intensivos, una enfermera lo ayudaba y le acercaba un teléfono junto a su oreja. Del otro lado de la llamada, su cuñada, intentando no asustarlo, le decía: “Gracias por luchar tan duro, Larry”. Sus palabras no podía sonar a despedida.
La salud de Brown empeoró rápidamente. Su familia temía perderlo. “No estábamos listos para ir allí”, dijo Ellie Brown en alusión a un velorio. Resulta que Larry tampoco.
Después de esa llamada, Brown mejoró lentamente. Permaneció conectado al ventilador durante casi dos semanas más, para un total de unos 50 días. Luego Brown debió salir del coma inducido médicamente, pero eso fue apenas el comienzo de su recuperación.
Sus manos, que lo convirtieron en el octavo líder de todos los tiempos como receptor del equipo de Indiana State, ni siquiera pueden abrir una lata de refresco. Brown no murió a causa del virus, pero puede que su vida nunca vuelva a ser la misma. No se vislumbra el final de una rehabilitación que ya dura meses.
Los síntomas
Como millones de casos de COVID-19, el de Brown había comenzado con síntomas menores. No tenía tos, como muchos pacientes con coronavirus, pero perdió el apetito. El hombre de 1,75 metros (5 pies 9 pulgadas) y 109 kilos (240 libras) sabía que eso era una señal. El 25 de marzo se sentía exhausto y llamó a su madre para pedirle ayuda. Marilyn Brown marcó el 911 y una ambulancia llevó a su hijo al hospital.
Brown mejoró su estado de ánimo ante la perspectiva de estar recibiendo ayuda médica. Mientras descansaba en su habitación viendo la televisión, pensó que se quedaría sólo unos díasm sin embargo, lo trasladaron a otra habitación... Brown no estaba seguro de por qué. Es lo último que recuerda.
En esas fechas, la gente en Estados Unidos apenas se estaba familiarizando con la nueva enfermedad. Los negocios estaban comenzando a cerrar, pero sólo hasta que el país pudiera aplanar la curva de casos, así pensaba la mayoría.
Los médicos trasladaron a Brown a la unidad de cuidados intensivos y le pusieron un respirador mientras trataban de resolver cómo tratarlo. Lo pusieron en un coma inducido médicamente y lo conectaron a una máquina que hizo el trabajo de sus pulmones, transfiriendo oxígeno a su sangre.
A finales de abril, la salud de Brown empeoraba y entonces se produjo una peligrosa infección por MRSA (Infección por estafilococo aureus resistente a la meticilina). A pesar de la regla de no permitir visitas, el personal temía que Brown tuviera poco tiempo y dejaron que su madre y una de sus hijas lo visitaran.
Brown no recuerda esa visita emotiva ni la llamada telefónica de su cuñada. Dice que esas semanas parecen un agujero negro en su vida, tiempo perdido del que recuerda son pesadillas: soñaba que estaba en un hospital diferente y que el personal quería matarlo.
Los médicos no están seguros de por qué Brown comenzó a mejorar. Quizás la máquina ECMO (las siglas en inglés de oxigenación por membrana extracorpórea) le salvó la vida. Un ajuste de antibióticos también puede haberle ayudado.
Cualquiera sea la razón, Brown se despertó el 10 de mayo, un día antes de cumplir 46 años.
Las secuelas
No podía caminar ni hablar. Apenas podía hacer garabatos. La rehabilitación en el hospital comenzó de inmediato. Tuvo que fortalecer sus piernas para ponerse de pie, luego intentar dar unos pasos y subir algunas escaleras. Llegar al tope se sentía como escalar el Monte Everest.
Las terapías le hicieron sufrir y recordar el campo de entrenamiento de fútbol americano, pero ese dolor se desvanecía a medida que las piernas se iban recuperando.
El 12 de junio dejó el hospital, acompañado por una ovación de los empleados que le aplaudieron por escapar de la muerte, pero Brown no sabía que entraba en un mundo extraño. Se percató entonces que dondequiera que fuera, la gente usaba mascarillas. Los negocios cerraban temprano, si es que abrían. Los precios de los comestibles habían subido. Las tiendas tenían nuevas pautas de acceso. La vida se había convertido en una gran lista de incógnitas.
No sabe cómo se contagió de COVID-19. No sabe si desaparecerá la sensación de hormigueo en todos sus dedos, excepto los meñiques, y si podrá escribir a máquina de nuevo sin sufrir un dolor punzante. No sabe cuándo podrá volver a su trabajo como analista de negocios de la aseguradora Anthem. No sabe si volverá a jugar al baloncesto con sus hijos o si vivirá con una discapacidad permanente.
Los médicos dicen que aún están descubriendo cómo se recuperan los enfermos que pasaron semanas sedados en hospitales con respiradores. Los doctores creen que algunos tal vez nunca se recuperen del todo.
La incertidumbre
Se desconoce exactamente cuántos pacientes como Brown existen, pero miles han acudido a las redes sociales para encontrar consejos y ayuda informal.
“En este momento, estoy tratando de entender la nueva normalidad”, dijo Brown, vistiendo una camiseta azul y blanca de “sobreviviente de COVID-19” mientras habla con The Associated Press en casa y acompañado de su familia.
Dice que tiene la suerte de estar vivo, pero cree que está en un 40% de lo que era él antes del coronavirus.
Los médicos de Brown también tienen preguntas sin respuesta. El COVID-19 ha afectado de manera desproporcionadamente alta a afroamericanos, como Brown ¿Qué papel pudo haber jugado eso? Brown no es diabético, ni fuma. ¿Por qué su caso se volvió tan grave? ¿Por qué se convirtió en lo que algunos llaman un “transportista COVID”?
Brown no está seguro de hasta dónde lo llevará su recuperación. Mientras buscaba las palabras exactas para responder a las preguntas, sus hijos reían en la planta alta de su casa.
“Mis expectativas son... son, no lo sé”, dijo, y miró hacia abajo brevemente. “No he puesto la vara alta y no he puesto la vara baja. Simplemente... acepto avanzar”.
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FUENTE: Con información de AP
