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Gobierno de Trump

Nominación de Neil Gorsuch al Supremo de EEUU no es tarea fácil

Los republicanos no dudan que el candidato de Trump será finalmente aprobado pero un ala opositora de los demócratas amenaza con impedir la votación final
Por RUI FERREIRA

MIAMI.– La recta final para el nombramiento del juez conservador Neil Gorsuch al Tribunal Supremo no va a ser una tarea fácil para el presidente Donald J. Trump. Aunque el Comité Judicial del Senado ya la aprobó, los demócratas han dicho que la batalla chocará con una sesión de ‘filibusterismo’, o intervenciones de larga duración, que pudiera extenderse por días y afectar la votación final. Sin embargo, hay un ala de los demócratas que no rechaza la propuesta de magistrado.

Gorsuch fue blanco de una tanda de cuatro audiencias senatoriales bastante incisivas, con el senador por Minnesota, Al Franken, a la cabeza, cuestionando, punto por punto, las credenciales del candidato presentado por Trump.

El legislador demócrata no dejó una mala impresión entre los senadores y la prensa, pero la oposición a Trump no está dispuesta a dejarlo pasar tranquilamente porque el sucesor del fallecido juez Anthony Scalia alteraría el equilibrio del alto tribunal e impondría una mayoría conservadora.

El líder de los republicanos en el Senado, Mitch McConnell, es un hombre pragmático. Sabe que a la postre el juez será confirmado pero nadie sabe cómo sucederá.

“Dependerá de nuestros amigos demócratas. De cuántos de ellos están dispuestos a oponerse por razones partidistas a un voto de procedimiento para hacer que fracase un nominado para el Supremo”, dijo McConnell a la cadena NBC.

Pero, para conseguir la confirmación, Gorsuch necesita 60 votos en el Senado y, como la mayoría republicana tiene solo 52 escaños, por lo menos ocho demócratas tendrán que acudir en su ayuda.

A menos, claro está, que McConnell acuda a la llamada “formula nuclear”, una mecanismo de votación que permite aprobar leyes o nominaciones por mayoría simple con 51 votos, en vez de 60, pero que termina por imponer una decisión y puede acabar con un, casi secular, acuerdo no escrito entre republicanos y demócratas de imponer sus nombramientos.

Y esa es, según opinan muchos, la fórmula favorita de Trump, quien esta semana abogó por ella en algunos de sus comentarios por el Twitter. Pero la movida no es necesariamente del gusto del líder de la mayoría republicana que siempre ha visto en ello una maniobra de último recurso. Es como tener una munición que hay que usar en un momento muy bien justificado.

Es así como los demócratas saben el valor de la carta que tienen en manos. El líder de los demócratas en el Senado, Chuck Schumer, al constar que Gorsuch no conseguirá los 60 votos, ha sugerido que Trump debería negociar con ambos partidos para encontrar un consenso. “Cuando un nominado no logra 60 votos, no se deberían cambiar las reglas, se debería cambiar al nominado”, ha dicho.

Esto abre un escenario de perspectivas interesantes. “Si Trump quiere tanto a Gorsuch, bien pudiera negociar con los demócratas un nuevo acuerdo de reforma del sistema de salud. Schumer ha dicho varias veces que está abierto a negociar el fin del Obamacare”, ha puntualizado el analista de la cadena Fox, Charles Harvey.

De momento, de los ocho votos demócratas que necesita, Gorsuch cuenta ya con tres. Son los senadores Joe Donnelly, Joe Manchin y Heidi Heitkamp. Esos apoyos nacieron durante las audiencias senatoriales, ya que Gorsuch no se comportó como el candidato conservador a ultranza que Trump presentó.

De hecho, el juez se mostró muy cauteloso, abogó siempre por la interpretación legislativa a la sombra de la ley y se dio el lujo de criticar al Presidente cuando dijo que si el mandatario le hubiera puesto alguna condición para ejercer el cargo no hubiera aceptado el ofrecimiento. Tampoco defendió al Presidente cuando le preguntaron sobre el fallo de jueces contra la orden ejecutiva que limitaba la entrada al país de ciudadanos de siete países de mayoría musulmana. “Fue un actitud descorazonadora y desmoralizante”, dijo en ese entonces.

Aun así, los demócratas se dividieron en torno a él. La línea dura lo caracterizó de demasiado frío, apegado a la ley, incapaz de mostrar compasión con casos de naturaleza social. Otros, lo vieron con simpatía y de sus filas han salido los tres senadores demócratas que, de momento, lo apoyan, particularmente después que definió claramente su postura frente a un tema tan controversial como el aborto. “Es la ley, es legal. No hay duda de eso”, dijo.

La recta final de esta batalla, y es lo que la línea dura demócrata quiere frenar con el filibusterismo, es que termine por llegar al Tribunal Supremo un juez que teniendo una larga carrera por delante, solo tiene 48 años de edad, termine por ser un equilibrio en el alto tribunal. Alguien que jamás anticipa sus fallos ni cómo piensa. Y eso es peligroso para ambos lados. “Podemos considerar que Gorsuch ha visto en eso la oportunidad de su vida. Y una vez sentado en la corte no tiene que dar explicaciones”, enfatiza Harvey. “Ese es el temor de los demócratas”, agregó.

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