MIAMI.– Seis días después de tomar posesión de su cargo, el presidente Donald J. Trump fue informado de que su entonces asesor nacional de Seguridad, Michael Flynn, había mantenido una serie de contactos telefónicos no autorizados con el embajador ruso en Washington. Sin embargo tardó 18 días en pedir su renuncia.
Renuncia de asesor de Seguridad de Trump levanta halo de misterio
Peor aún, el mandatario tardó dos semanas, hasta el 9 de febrero, en revelar al vicepresidente que Flynn le faltó a la verdad sobre los contactos, lo cual llevó a Mike Pence a mentir en una entrevista televisiva, según dijo el martes su portavoz, Marc Lotter, al diario The Washington Post. O sea, Pence se enteró de la crisis al mismo tiempo que el rotativo tuvo conocimiento de ella por fuentes de la Casa Blanca.
“Lo que les puedo decir es que el vicepresidente tuvo conocimiento de que recibió una información incompleta la noche del 9 de febrero, después que comenzó a hacer sus propias averiguaciones basándose en informaciones de la prensa”, dijo el portavoz.
Según el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, tras enterarse de los contactos, el mandatario ordenó el 26 de enero una investigación que concluyó que los contactos se llevaron a cabo, pero no informó a su vicepresidente. Las pruebas fueron aportadas por las agencias de inteligencia que normalmente le siguen los pasos al embajador Sergey Kislyak.
Spice no aclaró si Trump estuvo al tanto de los contactos de Flynn con los rusos desde que comenzaron en noviembre y si dio su aprobación, ya que el exasesor de Seguridad Nacional habría discutido con el embajador el levantamiento de las sanciones a Rusia implementadas por la administración Obama. Sin embargo, se asume por la mayoría de los analistas del país, que la renuncia de Flynn termina por colocar un manto de silencio sobre el detalle.
La crisis reventó porque Flynn negó siempre los contactos a punto de mentir al vicepresidente Mike Pence al respeto, quien en una entrevista con la cadena CBS repitió lo mismo, de que no hubo conversaciones.
En la noche del lunes, tras un día entero de rumores cruzados, Flynn abandonó su cargo aunque la forma en que lo hizo tampoco está clara. Según Spicer fue el mismo Trump quien le pidió que renunciara pero la asesora presidencial Kellyanne Conway dijo el martes a la cadena NBC que el exgeneral renunció por su propia iniciativa pero no aclaró por qué todo el proceso tardó 18 días.
Spicer dijo que la investigación, llevada a cabo por el FBI, concluyó que Flynn no había violado la ley pero su despido se debió por “la quiebra de confianza”. Flynn ha sido sustituido de inmediato por el general Keith Kellogg, de 72 años, un oficial del ejército que estuvo, discretamente, al frente del equipo de transición presidencial, entre la administración de Barack Obama y la actual, dedicándose particularmente a estudios de los temas de defensa.
El viernes, cuando se dirigía a pasar el fin de semana en West Palm Beach, Trump dijo durante el vuelo de que no estaba al tanto de un artículo del The Washington Post que mencionaba que la administración estaba al tanto de la falta de Flynn desde hacía varias semanas.
“No sé nada, ¿qué artículo? Voy a tener que mirarlo, ahora no puedo decir nada”, dijo Trump, posiblemente el primer presidente estadounidense que vive pendiente de las redes sociales y la conversaciones de Flynn con los rusos eran el tema principal desde hacía meses.
El martes, el Presidente se ha mantenido en silencio todo el día, usando su cuenta Twitter apenas para divulgar encuentros y reuniones.
Flynn, uno de los más firmes colaboradores del Presidente, es el primer alto funcionario, de primera línea, en una administración sea demócrata o republicana, a quien piden renunciar por mantener contactos no autorizados, no necesariamente ilegales, con un país adversario de Estados Unidos como es Rusia.
El ‘Acta Logan’, aprobada en enero de 1799, prohíbe que un ciudadano estadounidense interceda a favor de a un Gobierno extranjero, en nombre del Gobierno de Estados Unidos. Al parecer, cuando todavía era un mero operativo de la campaña presidencial de Trump, el exgeneral Flynn conversó en noviembre y diciembre telefónicamente con el embajador Kislyak sobre la posibilidad de un levantamiento de las sanciones implantadas por el expresidente Obama, después deque la comunidad de inteligencia demostró que Moscú estuvo detrás de una amplia operación de influencia de las presidenciales para favorecer al candidato republicano.
Flynn inicialmente negó que hubiera abordado el asunto con el embajador ruso, lo cual llevó al vicepresidente Mike Pence a asegurar en una entrevista que el exgeneral jamás había abordado el tema. Posteriormente, Flynn aceptó que algo habían hablado pero la semana pasada rectificó y dijo que no se acordaba si lo había hecho o no.
Esto ha motivado un profundo incomodo a Pence quien, literalmente, puso ‘las manos en el fuego’ por Flynn y ahora se encuentra en la disyuntiva de haber dado la cara por algo que no es, a todas luces, verdadero. “El vicepresidente está muy molesto, pero muy molesto”, dijo un funcionario de la administración a la cadena Fox. Según la cadena MsNBC, el despido de Flynn se debió en gran parte al profundo disgusto de Pence que, dijo a su entorno, se sintió ‘manipulado’ por Flynn.
El exgeneral tenía, además, otros problemas dentro de la administración, indicó el diario The Washington Post. No se llevaba bien con sus colegas del Consejo Nacional de Seguridad ni lo organizó de la mejor forma acorde a las instrucciones de Trump, dijeron fuentes de la administración.
El lunes a media tarde se supo que Trump no estaba contento. “El Presidente evaluando la situación”, dijo Spicer en un comunicado, “(Trump) está en conversaciones con el vicepresidente Pence sobre las explicaciones que le dio el general Flynn (por los contactos con los rusos), así como con otras personas sobre lo que él (Trump) considera lo más importante en medio de todo esto: nuestra seguridad nacional”, agregó el portavoz de la Casa Blanca en un comunicado.
Esta declaración contradijo otra efectuada horas antes por Conway, también exdirectora de la campaña presidencial de Trump, quien dijo que el Presidente “mantiene toda su confianza” en Flynn. Según la cadena CNN, Trump habría manifestado en privado su “inconformidad” con todo el asunto.
El lunes, durante la rueda de prensa con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, Trump llamó a hacer preguntas únicamente a dos reporteros de medios de prensa que le son afines, con lo cual garantizó que el tema de Flynn no saliera a relucir. Lo mismo sucedió el sábado durante otra rueda de prensa junto al primer ministro japonés Shinzō Abe.
“En dos ruedas de prensa en cuatro días, Trump llamó exclusivamente a medios conservadores que no le preguntaron nada sobre Flynn, aunque los periodistas (después) le gritaron la pregunta”, se quejó la corresponsal del servicio de noticias Bloomberg en la Casa Blanca, Jennifer Epstein. El tema ha ocupado la aplastante mayoría de los comentarios de las grandes cadenas de televisión de todo el abanico político.
“¿No hay preguntas sobre la situación de Flynn aunque es el tópico principal de todos los programas de televisión? ¿Todas estas preguntas han sido sembradas por Washington?”, se preguntó el corresponsal de Seguridad Nacional de la cadena Fox, Jennifer Griffin en su cuenta Twitter.
Lo mismo piensa el The New York Times. “Al escoger los reporteros, Trump logra sortear una rueda de prensa sin que le pregunten sobre Flynn”, dijo su corresponsal en la mansión presidencial, Peter Baker.
Al final, con la ausencia de respuestas parece que el cuestionamiento de la prensa no estuvo fuera de lugar. “Donald Trump ha efectuado su primer despido y ha sido un despido fuerte”, ha comentado el analista del Centro Ford, Michael Watson, a la cadena Fox.
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