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ABUSO DE FUERZA

El terrible saldo oculto de los operativos de “seguridad” en Venezuela

Aunque el Gobierno prometió “casas dignas”, muchas familias han quedado sin casa y han tenido que dormir en la calle tras el dispositivo policial implementado por Nicolás Maduro para combatir la delincuencia en el país

CARACAS.-LUISA MENDOZA
Especial

Una decena de familias viviendo a la intemperie a orillas de la carretera Panamericana, que conecta la capital de Venezuela con el estado Miranda, forma parte del saldo del gran despliegue militar y policial que el Gobierno de este país ha bautizado como el Operativo Liberación del Pueblo (OLP).

Estas personas, sin embargo, no las incluye la administración de Nicolás Maduro en sus reportes desde que arrancó el plan de seguridad con el que pretende disminuir los índices de criminalidad en el país.

Miembros de la Policía Nacional Bolivariana participan en la  Operación de Liberación del Pueblo contra la inseguridad. (EFE)

Duros golpes a las bandas criminales, recuperación de vehículos robados, detenidos por robo, tráfico de drogas y posesión ilegal de armas, de eso habla el ministro de interior y justicia, Gustavo González López, quien dirige el operativo. Sin embargo, en las comunidades que han sido testigo de la acción de policías y militares se habla de otra cosa.

Según los vecinos de este sectores lo que ha sido una constante en este operativo es el uso excesivo de la fuerza y violación de los derechos humanos. El mejor ejemplo de esta realidad lo constituyen los habitantes del sector El Cují en la carretera Panamericana, escenario de un desalojo que dejó en la calle a niños, ancianos y discapacitados.

Noche del terror

DIARIO LAS AMÉRICAS tuvo la oportunidad de presenciar el resultado del desalojo que fue celebrado en un acto televisivo por el presidente de Venezuela, 24 horas luego de haber iniciado.

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Mientras Maduro decía frente a las cámaras que el barrio de la Panamericana era zona de “delincuentes y paramilitares colombianos”, una joven madre buscaba dónde meter a sus tres hijos, que esperaban sentados sobre bolsas negras llenas de ropa, para pasar la segunda noche sin techo.

Frente al numeroso contingente de militares que impidió a los miembros de los medios de comunicación usar la cámara, desfilaban hombres cargando sobre sus hombros lo poco que había quedado de sus casas.

Mientras los automóviles esperaban su turno para pasar por el único canal habilitado de la vía, decenas de hombres y mujeres caminaban entre el tránsito detenido cargando sobre sus espaldas láminas de zinc y de cartón piedra, cocinas y colchones.

Lo peor ya había pasado. Estaban en la calle buscando refugio, pues la promesa de reubicación en viviendas dignas que los militares utilizaron para persuadirlos de abandonar sus casas, se derrumbó junto a la primera pared derribada.

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Sin embargo, el crujir de motores de la treintena de motos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) seguía sonando a amenaza. Circulaban de arriba abajo en un circuito de tres kilómetros. Cuando pasó la caravana de motocicletas que llevaba a bordo a funcionarios con trajes antimotines, un hombre tuvo que detenerse en medio de la vía junto a un par de láminas de zinc que había amarrado con una cuerda amarilla.

Al dejar a un lado la pesada carga que lo mantenía encorvado, se irguió y dejó ver la imagen desteñida de los ojos de Hugo Chávez que resaltaban en medio de la franela roja, de esas que repartieron a montones en la campaña presidencial de Maduro.

La escena del hombre aguantando la mirada desafiante de los militares sobre dos ruedas era enmarcada por el espejo de un viejo escaparate que fue abandonado a un lado de la vía, porque sus dueños no tenían dinero para pagar su traslado al galpón que les ofrecieron para guardar sus pertenencias.

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Sólo eso, un galpón al oeste de Caracas para guardar los enseres y demás pertenencias de las familias desalojadas. Esa fue la única parte que cumplió el gobierno de la serie de promesas de techo digno y seguridad para el pueblo.

El saldo de la movida armamentista del que nadie hablara será la familia sentada a orilla de carretera planeando qué iban a hacer y a quien pedirían socorro para poner en orden sus cosas y continuar con sus vidas. 

Resultado atroz

Los vecinos de la comunidad quedaron a espera de la respuesta del Gobierno con respecto al hecho de saber si el operativo había tenido algún éxito. Total, unos días antes otra medida similar, pero en la Cota 905, en el suroeste de Caracas, no se había detenido ninguno de los llamados “cabecillas”. Sin embargo, el presidente Maduro celebró la medida y dijo que en esos barrios operaban mafias de paramilitares colombianos. Esta afirmación contrastaba con la denuncia que un funcionario se atrevió hacer a un periodista de sucesos, tras afirmar que habían traído de otros lados a 10 colombianos para justificar el operativo.

Según la prensa oficial, las familias serían reubicadas, pero muchas madres de familia no sabían dónde pasarían la noche con sus pequeños. En el operativo de la Cota 905 trascendió que los jefes de las bandas, estaban bien lejos cuando llegó el multitudinario contingente de uniformados. En ese operativo se no se pudo detener a José Antonio Tovar Colina, aunque mejor conocido por su apodo “El Picure”, y quien era el principal objetivo de la operación.

Las fuerzas de seguridad en Caracas incautaron gran cantidad de mercancía que en estos momentos no se consiguen en las tiendas del país. (EFE)

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