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PERIODISTA Y ESCRITOR SATÍRICO

Estamos en guerra

El mundo es un lugar complicado y a priori la guerra no trae la paz, como la condena a muerte no evita la delincuencia; tampoco está claro su carácter disuasorio

Por ITXU DÍAZ

Las guerras son un horror. Pero eso no es argumento suficiente como para quedarse en casa con las manos en los bolsillos. Las guerras son dolor, muerte y destrucción, son víctimas inocentes, en mayor o menor medida. Y sin embargo, solo con la imposición de la fuerza se consigue a veces doblegar al mal, cuando supone una amenaza para muchos otros.

La no-guerra no es mejor que la guerra. No es más justa. Mientras se mantiene la no-guerra hay miles de sicarios torturando y decapitando a inocentes, lanzando coches bomba contra aquellos que piensan diferente, y enviando a sus terroristas a países de todo Occidente, con el no muy amigable objetivo de matarnos a todos por infieles.

Hoy quieren sustituir la guerra por la diplomacia y me parece bien. Pero todavía la guerra ha evitado más conflictos armados que la diplomacia. No debemos perderlo de vista. La diplomacia y la estrategia a veces solo consiguen ocultar un tiempo el problema, que finalmente reaparece con su peor cara.

¿Todo lo arregla la guerra? Evidentemente no. El mundo es un lugar complicado y a priori la guerra no trae la paz, como la condena a muerte no evita la delincuencia; tampoco está claro su carácter disuasorio. Además hay guerras que acaban bien, las ganan los buenos, reconcilian con los otros buenos, y en el medio hay un montón de muertos a los que homenajear, y unos malos a los que olvidar o encerrar, o ambas cosas.

Se debate a menudo si Estados Unidos debe ser el agente principal contra la injusticia y por la paz en el mundo. En realidad, cualquier país decente debe serlo. Bush hizo un flaco favor a la imagen de Estados Unidos cometiendo gruesos errores y la guerra de Irak es un ejemplo perfecto de un conflicto que acaba mal, entre otras razones porque aún no ha terminado; no ha hecho más que empezar. Pero los países deben adquirir compromisos internacionales más allá de los caprichos de sus breves gobernantes, y retirar las tropas después de dejar el país hecho un asco –incluyo la famosa y absurda “retirada” española de Zapatero– es una irresponsabilidad aún mayor que lanzar una invasión en falso.

Y peor que todo lo anterior es Obama, y todos los aliados, en Siria. Armar durante meses a los rebeldes a Al Asad sin querer ver que son los peores terroristas de las últimas décadas quienes en última instancia están haciéndose con las armas, no es solo una imprudencia, sino que es mucho peor que una guerra.

Putin ha lanzado su guerra y está deseando enfrentarse con Estados Unidos en cualquier lugar. Y tiene la gran ocasión de hacerlo, porque por primera vez en muchos años, no hay nadie en la Casa Blanca. Obama es un presidente vacío, de plástico, y Putin palpa su debilidad tan bien como los terroristas. Hasta el melifluo Hollande ha decidido bombardear Siria por su cuenta, aunque si realmente quieren matar terroristas a los franceses tal vez les resultaría más útil bombardear los alrededores de París.

La actual guerra sin invasión que practica Obama es solo un prejuicio mediático y una frivolidad política. Su propósito es no traer ataúdes a casa, y evitar que alguien, en algún periódico, te acuse de estar haciendo la guerra para quedarte con el dinero de las víctimas. La guerra es terrible. Pero la guerra no es para los idiotas, ni para los frívolos, ni para los oportunistas. La guerra es lo peor, pero a veces es lo único. Estamos en guerra y Occidente no lo sabe.

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