La periodista y reportera María Montoya: el as bajo la manga
Juan Manuel Cao describe al extalento de Telemundo como una de las reporteras más audaces, inteligentes y decididas
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Hablo de aquellos tiempos en que Univisi ón y Telemundo se sab ían los únicos reyes de la pantalla hispana en los Estados Unidos, y la competencia era feroz.
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Y es que no todo el mundo est á dispuesto a zapatearse la calle. Hoy son muchos los que estudian comunicaciones no porque aspiran ser periodistas, sino porque sue ñan ser famosos. Llegar, desde el primer d ía, y convertirse sin esfuerzo en los presentadores del noticiero estelar. No quieren hacer, quieren ser.
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Otro de los problemas que enfrenta el periodismo televisivo de hoy d ía es que cada vez hay menos reporteros que aman la lectura, y mucho menos la escritura. En un principio este fue un oficio de gente que amaba escribir, ya no.
Mar ía Montoya es una ávida lectora: en nuestros interminables duelos reportando desde diferentes ciudades de Estados Unidos o Am érica Latina, las únicas zonas de neutralidad pasajera eran las librer ías en las que nos tropez ábamos, buscando qu é novedad comprar e intercambiando, con mutua pedanter ía, nuestras preferencias literarias. n
En mi memoria la imagen de un verdadero corresponsal, agudo e informado, es la de Ricardo Brown, en un hotelucho de Managua, despierto antes que el sol, con una taza de caf é humeante y una monta ña de peri ódicos, libros y papeles sobre la mesa; siempre as í, lo mismo en Caracas, Jerusal én o Praga. Hoy en d ía si no hay WiFi entran en crisis.
A ún conservo un ejemplar de Khalil Gibr án que Ricardo me dedic ó en Ciudad M éxico: hab ía repletado toda su maleta de libros para regalar a los amigos porque"est án muy baratos, Cao", se justificaba innecesariamente.
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Fue precisamente en Ciudad M éxico que Mar ía Montoya me arrebat ó de las manos una exclusiva que llevaba una semana amasando. No voy a contar los detalles porque aun hoy, 20 a ños despu és de los hechos, no nos ponemos de acuerdo sobre c ómo urdi ó su macabra trama: que lo cuente ella si quiere. Y que revele tambi én otra jugada que me hizo en Washington DC, cuando la prensa de medio mundo, incluy éndonos, persegu ía a Orestes Lorenzo.
No siempre se sal ía con la suya, claro, algunas escaramuzas perdi ó, pero las omito por cortes ía.
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La verdad es que los mejores reporteros que he conocido han sido siempre mujeres. Bernadette Pardo la m ás brillante. La primera que se enfrent ó a Fidel Castro, all á, en 1991, durante aquella cumbre inicial de Guadalajara, en la que le espet ó al dictador dos frases para la historia:"somos un solo pueblo dividido por un solo hombre"; y la ir ónica pregunta de:" u00bfUsted se cree que tiene el monopolio del amor a Cuba?".
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Mar ía Montoya tambi én se enfrent ó a Fidel Castro. Fue en Jamaica, en 1998, donde tuvo la habilidad de colarse en una conferencia de prensa del dictador y el coraje de plantear, en el m ás dif ícil de los escenarios, el resbaladizo tema del apartheid en Cuba.
Castro, para variar, mont ó una escenita col érica, y al final, evadi ó la pregunta. A Mar ía, que no se amilan ó con los descalificativos, ni con los aplausos de la claque castrista, terminaron apag ándole los micr ófonos. Remedio comunista.
Aqu í les dejo el link para que lo vean: http: / /youtu.be /kdj-oTFJCXo
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En la distancia tal vez no se comprenda la indefensi ón de un reportero, solo con su camar ógrafo, en territorio hostil, a merced de las represalias de la guardia pretoriana y el aparato de propaganda y difamaci ón que apoya a todo dictador.
He visto a muchos periodistas, hechos y derechos, temblarle la voz y las piernas en estas circunstancias.
La mayor ía opta por tragarse las preguntas leg ítimas. nQuedan muy pocas reporteras de la estirpe de Mar ía Montoya y Bernadette Pardo: Nara Roza es una de ellas. Y entre las nuevas generaciones: la aguerrida Erika Carrillo, y la inteligent ísima y culta Soledad Cedro.
Todas ellas tienen una caracter ística en com ún: no esperan a que le asignen la noticia, la buscan, y cuando la tienen, la cuentan claro y bien. No se enredan.
A ninguna de ellas se le escapar ía jam ás el ángulo oculto tras las apariencias, ni se conformar ían con narrar s ólo los hechos evidentes. Usan su sexto sentido.
Tal vez por eso son mejores que los hombres. nSi tuviera que quedarme con una imagen que describiera la entereza de Mar ía Montoya, rescatar ía un"stand up" (en c ámara) suyo frente a un volc án en Nicaragua que escup ía ceniza de un modo tan impresionante que todo el mundo escapaba despavorido.
Mar ía, sin pensar en las consecuencias de respirar ese aire tan contaminado, avanzaba en sentido contrario, polvoreada en oscura ceniza de la cabeza a los pies. Todos los dem ás reportaron desde una distancia m ás prudente.
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Una cosa aprend í con los a ños: que contra Mar ía Montoya, como contra otras periodistas de su linaje, jam ás cantar ía victoria, porque esta guerrera incansable, esta maga, sabe sacar conejos de la chistera, siempre tiene un as bajo la manga. /p>"],".
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