Invasoras silenciosas
Estos microorganismos, los más abundantes de la tierra, resultan una contradicción porque pueden matarnos, pero también protegernos
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Estos microorganismos unicelulares y diminutos abundan en nuestro planeta, siendo capaces de adaptarse a cualquier hábitat, terrestre y acuático, por extremo que sea, incluso ya se ha confirmado su existencia en el espacio. Su presencia, aunque silenciosa, es absolutamente arrolladora, tanto así que según los especialistas en un gramo de tierra pueden encontrarse 40 millones de células bacterianas y un millón en apenas un mililitro de agua dulce.
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Entre el bien y el mal
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Las bacterias son imprescindibles aunque por su existencia dual: nos protegen y nos atacan, no dejan de ser un peligro. Si bien son necesarias para el reciclaje de los elementos químicos y su uso es habitual en la industria genética, de medicamentos, de alimentos, cosmetología, etc., también están asociadas a riesgos importantes porque son ellas las que transmiten enfermedades graves que en siglos anteriores se convirtieron en pandemia.
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En nuestro cuerpo hay aproximadamente diez veces tantas células bacterianas como células humanas, especialmente en la piel y en el tracto digestivo. Nuestro sistema inmunitario hace que la gran mayoría de estas sea inofensiva, pero algunas de carácter patógeno, causan enfermedades infecciosas como el cólera, la difteria, la escarlatina, la lepra, etc. Sin embargo, las enfermedades bacterianas mortales más comunes son las infecciones respiratorias, con un índice, sólo para la tuberculosis, cercano a los dos millones de personas al año. n
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En nuestra defensa n
En 2010, por ejemplo, médicos y demás personal de salud recetaron 258 millones de tratamientos con antibióticos para una población de poco menos de 309 millones de habitantes, esta cifra equivale a un promedio de 833 recetas de antibióticos por cada 1.000 personas. nHoy en día, y al entonarnos de datos como estos, la palabra bacteria nos trae a la mente enfermedades e infecciones, pero pese a lo aterrador del cuadro que dibuja esta resistencia bacterial a los antibióticos, estos pequeñísimos organismos resulten más beneficiosas que perjudiciales.
Sólo una muy pequeña parte de estos microrganismos son patógenas para el hombre, así que queda en manos de la ciencia y la medicina encontrar una salida, tan brillante como en su momento lo fue el surgimiento del antibiótico por excelencia: la penicilina.
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