miércoles 1  de  abril 2026
RELATO

La matriarca Maruja II

Narraciones que combinan vivencias y ficción con un claro propósito reflexivo

—¡Primero la comida!

Son las cuatro de la tarde y Maruja, apuntándome con la cuchara de palo, me dicta a terminar el potaje antes de hojear su manuscrito. En silencio, cargo la última cucharada, engullo los garbanzos, parto un trozo de pan y rebaño los restos rojos del potaje.

No me dio tiempo a tragar la última miga cuando sus manos torcidas me sostenían aquella carta, que más allá de una simple correspondencia trataría del secreto poético de una mujer tan joven como hambrienta, dibujado en las madrugadas en que los niños duermen y los hombres trabajan.

Maruja tiene cuatro hijos, diez nietos y nueve bisnietos. Veintitrés criaturas de su sangre, entre los que figuran violinistas, piratas, poetas, mercantes, bailarinas y hasta cinturones negros de Kung-Fú. Quizás fue por guardarse todo y atesorar la penumbra en su corazón, por evitarnos la oscuridad de la pobreza, la razón de tal ebullición sanguínea, explosión genética o dinastía.

Agarré el montón de hojas y comencé a leer.

Hablaba del monte, de los olivos y las acacias, de la casita de caminero donde creció, de los cantes de su primer y único amor hundiéndose en la lejanía de la montaña. Su caligrafía, de mano astrosa y serena, apagaba en unos cuantos renglones el surco de la tristeza, el pasado y la duda. Contaba cómo andaba el mal camino, con dos cántaros sobre los hombros, esquivando los barrancos en busca de la fuente más cercana, y cómo allí, en aquel manantial austero, se perdía leyendo las gotas.

"Como en la cristalina fuente

brota el agua,

así en la mente clara

del poeta

brota la bella expresión

de la palabra"

¿Cómo una persona, bajo aquel yugo de tiempo, ahogada en la memoria del analfabetismo, fue capaz de escribir tales versos? ¿Cómo pudo resolver, a escondidas, su recuerdo en las hojas, ya lejos del monte y en mitad del polígono, en un bloque de ladrillos frente a una fábrica abandonada?

Matriarca Maruja II
Manuscrito versos Nostalgia, Maruja.

Manuscrito versos Nostalgia, Maruja.

Maruja, con el mismo silencio que esconden dos versos, señaló en su manuscrito:

Nostalgia

... Ha pasado el invierno,

bien entrada es ya la primavera,

he vuelto a contemplar aquel paraje,

la rústica casita en medio la arboleda

¡abandonada y triste!

¡descolorida y vieja!

Todo lo encuentro extraño,

nada es ya como era,

los años al pasar dejaron

bien marcada sus huellas.

Y mi mente se hunde en el recuerdo...

El alma de angustia se me llena,

un nudo se forma en mi garganta

que estallar en sollozos, bien quisiera.

Recorrí con la mirada los senderos,

¡qué tanto contemplé desde pequeña!

La diáfana belleza del paisaje

inspiraba mi alma de poeta.

Reconocí uno a uno cada árbol...

Aquél almendro con su tronco inclinado,

la encina vieja...

La acacia querida, que creció y vivió

junto a la puerta.

Y también las montañas con sus altas crestas.

Con afán busqué

la belleza de los campos,

mas no pude hallarla

¡estaba muerta!

Tal vez al no tener quien la admirase

¡muriera de tristeza!

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