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ANÁLISIS

Ceuta revela la vulnerabilidad de Europa ante la migración

Espionaje, migración e inteligencia artificial convergen en un escenario que, según José J. Sanmartín, exige autonomía estratégica, cooperación entre aliados y mayor protección de las fronteras europeas

Por María Graterol

MIAMI._ La frontera de Ceuta vuelve a situarse en el centro de una compleja combinación de espionaje, cooperación en materia de seguridad, presión migratoria y criminalidad organizada. Un informe de inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) sobre Marruecos planteó una paradoja que trasciende el ámbito tecnológico: mientras España mantenía una relación de cooperación con los servicios de seguridad marroquíes, el mismo informe sostiene que existieron actividades de vigilancia atribuidas a Marruecos contra objetivos españoles y extranjeros.

El documento también destacó el presunto uso del programa de espionaje Pegasus desde 2017 contra periodistas y activistas, y plantea la hipótesis de que el ingreso masivo de migrantes a Ceuta pudo haber respondido a una presión política. Sin embargo, advierte que no existen órdenes ni registros directos que permitan demostrar esa decisión.

En este escenario, el experto José J. Sanmartín, Senior Fellow y enlace europeo del Miami Strategic Intelligence Institute, analizó para DIARIO LAS AMÉRICAS las implicaciones de la inteligencia artificial en la verificación de amenazas, los riesgos de depender de servicios extranjeros y las lecciones que, a su juicio, deja la crisis para España y la Unión Europea.

La IA va a convertirse en un campo de batalla

Al ser consultado sobre el papel de la inteligencia artificial para confirmar o descartar el uso de herramientas como Pegasus cuando los gobiernos niegan su utilización, Sanmartín advierte que el primer error es tratar la IA como si fuera un sistema único.

"No hay una IA, sino un número extraordinario, siempre en crecimiento", señala. A su juicio, la capacidad para identificar diferentes tipologías, protocolos, componentes, usos [y] objetivos será fundamental para detectar y, eventualmente, neutralizar amenazas, considera el experto.

Sin embargo, su advertencia va más allá de las posibilidades defensivas de esta tecnología. "La inteligencia artificial va a convertirse en un campo de batalla cruento y salvaje, donde sistemas como Pegasus intentarán prevalerse de su poder", alerta.

Sanmartín sostiene que herramientas como Pegasus y otros sistemas similares dominan y manipulan la IA; no a la inversa. Por ello, considera que la inteligencia artificial debe entenderse como un nuevo teatro de operaciones bélicas.

"Quien disponga de los mejores combatientes evitará perder esa guerra", advierte. En su opinión, ningún país, ni siquiera una coalición de Estados, podrá afrontar por sí solo ese desafío. Para obtener una victoria resolutiva se necesitará una verdadera alianza internacional, señala.

El especialista también cuestiona la capacidad de la actual dirigencia política para responder a ese escenario. Según Sanmartín, “los políticos no podrán atender las necesidades que exige la IA beligerante”, una situación que, advierte, podría provocar crisis cíclicas cada vez más graves.

Los límites de la tecnología

Pese a la creciente importancia de la IA en el análisis de información, Sanmartín rechaza la idea de que pueda convertirse, por sí sola, en una herramienta definitiva para verificar hechos cuando las pruebas disponibles son testimoniales o indirectas.

"La IA es totalmente manipulable; no es una fuente impecablemente original y veraz", sostiene. A su juicio, la tecnología solo puede ser útil si se sustenta en información científicamente contrastada y obtenida mediante procedimientos rigurosos.

Para ello sería necesario, según plantea, un acuerdo internacional que establezca criterios de rigor y verificación. Sin embargo, considera que esa posibilidad es, por ahora, difícil de concretar.

"Los actores principales de la IA desean crecer y probar sus herramientas con el propósito de vender productos", afirmó, al cuestionar los incentivos que actualmente rodean el desarrollo de estas tecnologías.

Cooperación sin dependencia

Otro de los aspectos centrales del análisis del experto se relaciona con los riesgos que enfrenta un país cuando depende operativamente de un servicio extranjero de inteligencia, especialmente si existe la sospecha de que ese mismo aliado mantiene actividades de vigilancia.

Para Sanmartín, la dependencia de un solo canal de información es una merma operativa y un desatino directivo. La información obtenida en el exterior, explica, debe ser contrastada permanentemente con inteligencia propia. De lo contrario, un Gobierno que carezca de capacidades nacionales suficientes “quedaría prisionero de su estupidez e irresponsabilidad”.

El especialista sostiene que esta preocupación también se extiende a la subcontratación de inteligencia esencial a empresas privadas. En un escenario marcado por el avance de sistemas de IA con potenciales usos ofensivos, considera necesario reforzar las capacidades de los servicios nacionales y proteger tanto la información como los análisis.

"Las interpretaciones, los análisis, han de estar igualmente protegidos frente al contagio cognitivo", puntualiza.

Su conclusión es tajante: "Si un país depende operativamente de un servicio de inteligencia extranjero, lo mejor que puede hacer es cancelar su estatus de Estado y solicitar la incorporación al país nodriza".

En este contexto, Sanmartín realizó una diferencia entre cooperación y dependencia. "Toda colaboración entre servicios nacionales de inteligencia es positiva a priori, y siempre la he defendido. Pero un Estado no tiene derecho a renunciar a su propio sistema de inteligencia".

¿Una migración espontánea o inducida?

El informe sobre Ceuta plantea una posible relación entre las revelaciones sobre espionaje y el cambio en la dinámica fronteriza. Entre los elementos que sustentan esa hipótesis se mencionan la coincidencia temporal de los acontecimientos y la presunta pasividad de agentes en determinadas zonas.

Sin embargo, el propio análisis reconoce una limitación fundamental: no existen órdenes ni registros oficiales que prueben que se tomó una decisión para permitir o inducir el paso de los migrantes.

Consultado sobre los indicadores que permiten diferenciar un flujo migratorio espontáneo de uno manipulado, Sanmartín sostiene que existen herramientas para establecer diferencias.

"Existen protocolos y metodologías que verifican de manera precisa la realidad", expresa. El problema, según su análisis, no radica necesariamente en la falta de recursos técnicos, sino en la voluntad de algunos dirigentes para utilizarlos.

"Se prefieren titulares en medios de comunicación, crear narrativas de poder [y] generar microhistorias para consumo ideológico de los creyentes políticos", hizo hincapié Sanmartín.

También hace una alerta sobre el riesgo del silencio omisivo cuando las autoridades evitan confrontar a una posible parte agresora. Si una situación de ese tipo no recibe una explicación convincente, advierte que la crisis moral aumenta y el desgaste de las instituciones también.

Ceuta y Melilla: una responsabilidad europea

Para Sanmartín, una de las principales lecciones de esta crisis es que Ceuta y Melilla no pueden ser consideradas únicamente un asunto bilateral entre España y Marruecos.

"Las fronteras exteriores de la Unión Europea, en este caso Ceuta y Melilla, deben ser protegidas también con criterios y medios de la Unión Europea". A su juicio, el bloque debe actuar de manera coordinada en sus fronteras exteriores, incluida la negociación con los gobiernos de los países vecinos.

El especialista considera que la crisis migratoria constituye un aviso a navegantes europeos y plantea la necesidad de revisar si las políticas de incentivos hacia los países fronterizos están dando los resultados esperados.

En su análisis, la dimensión de la movilización migratoria también produjo consecuencias que pudieron escapar al control de quienes, según su interpretación, impulsaron el proceso. Los jóvenes que cruzaron o intentaron cruzar la frontera acabaron conformando una masa social y esa dinámica colectiva, sostiene, les otorgó un poder que paradójicamente, estuvo a punto de volverse en contra de Rabat, indicó.

Sanmartín vincula este fenómeno con un cambio en la percepción internacional sobre la estabilidad de Marruecos y sostiene que España podría desempeñar un papel relevante en ese escenario.

"Los territorios españoles en el norte de África podrían ser fuente de estabilidad para Marruecos", resaltó. En su conclusión, advierte que las dos ciudades españolas, y el Reino de España, pueden aportar una ayuda esencial para evitar una implosión del actual régimen marroquí.

El caso de Ceuta expone así una tensión que va más allá de la crisis migratoria. Las acusaciones de espionaje, la cooperación entre servicios con intereses divergentes y el uso de nuevas tecnologías para analizar y disputar información conforman un escenario en el que, según Sanmartín, la capacidad tecnológica no será suficiente sin autonomía estratégica y liderazgo político.

"El diálogo, el compromiso, la democracia. Todos conocen la fórmula; pocos estarán en condiciones de aplicarla", concluyó.

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