MIAMI.- En 13 meses transcurridos de invasión militar de Rusia a Ucrania, miles de niños ucranianos han sido trasladados a territorio ruso. Calificado el acto de secuestro y crimen de guerra, la Corte Penal Internacional está a la espera del resultado de la incriminación del gobernante Vladimir V. Putin, pero un grupo de madres no espera y se lanzan a buscar a sus hijos para recuperarlos.
Madres ucranianas recuperan hijos secuestrados por Rusia, tras tortuoso viaje
Ese es el caso de Natalya Zhornyk, que el periódico The New York Times recoge en un extraordinario reportaje que titula The Russians Took Their Children. These Mothers Went and Got Them Back, o los rusos se llevaron a sus hijos. Estas madres fueron y las recuperaron en español.
Durante meses, después de que las tropas rusas raptaran al hijo adolescente de Natalya Zhornyk de su escuela, la madre no tenía idea de dónde estaba ni qué le había pasado.
De pronto, meses después, de prolongada angustia y desesperación, sonó el teléfono.
“Mamá, ven a buscarme”, le dijo su hijo, Artem, de 15 años.
El joven había recordado el número de teléfono de su madre y tomó prestado el celular del director de la escuela.
Artem y una docena de compañeros de clase fueron sacados por las tropas rusas y trasladados a una escuela en una zona de Ucrania ocupada por Rusia.
Si bien la Sra. Zhornyk se sintió aliviada de saber que el hijo estaba vivo, no sería fácil llegar a él.
Díaz después, cuando una vecina trajo a uno de los compañeros de escuela de su hijo, Zhornyk se enteró de una organización benéfica que ayuda a madres a recuperar sus hijos.
Dado que ahora es ilegal que los hombres en edad militar salgan de Ucrania, la Sra. Zhornyk y un grupo de mujeres asistidas por Save Ucrania hicieron un angustioso viaje de 3.000 millas a través de Polonia, Bielorrusia y Rusia para ingresar al territorio ucraniano ocupado por los rusos.
De esta manera, tras superar cien dificultades, el grupo de madres logró recuperar 15 niños.
Para regresar a casa, tuvieron que emprender otro viaje tortuoso de regreso.
“Vamos, vamos”, instó la Sra. Zhornyk, mientras un grupo de niños, cargados con bolsas y maletas, salían vacilantes a través de las barreras en un cruce fronterizo de Bielorrusia a Ucrania.
La mujer sujetaba con orgullo a su hijo de 15 años.
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