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ANÁLISIS

28 de julio de 2024: "La Piedra en el Zapato"

La "piedra en el zapato" es un llamado a la reflexión y la responsabilidad. Nos lleva a la interrogante forzosa de ¿Cuál es la "piedra" que incomoda a la oposición y a la dictadura?

Por NELSON OXFORD

El 28 de julio de 2024 no es una fecha cualquiera en nuestra historia; fue el día en que la esperanza de Venezuela se desbordó en las urnas, hasta conseguir una victoria indiscutible, memorable, truncada y robada de la forma más vil y descarada por una dictadura corrupta, cruel y sin escrúpulos. Aquel día, millones de ciudadanos, con una osadía y valentía inquebrantable, protagonizaron un acto de fe por su libertad y democracia que la dictadura jamás podrá borrar, una fecha que siempre recordará lo que somos capaces de lograr cuando el alma apura.

Honremos la bravura del pueblo que salió a votar. Reconozcamos en Edmundo González Urrutia un faro de dignidad que asumió el liderazgo con humildad en el momento más oscuro. Y rindamos tributo al coraje indomable de María Corina Machado, cuya campaña fue un testimonio de resistencia inquebrantable y su visión, la promesa viva de una Venezuela libre y próspera.

A un año de ese hito, la metáfora de "la piedra en el zapato" no representa solo una molestia, ¡es el dolor que nos recuerda que seguimos vivos y que nuestra lucha no ha terminado! Esa piedra que nos incomoda nos une en el propósito común de no rendirnos; porque mientras la sintamos, sabremos que nuestro espíritu de lucha debe persistir hasta que la victoria sea nuestra. Para la dictadura, esa piedra es el recordatorio constante de su ilegitimidad, una herida profunda que supura y los aguijonea, y que por más que se aferren al "borrón y cuenta nueva" con la fuerza de la mentira, la persecución, el encarcelamiento, la tortura y el terror, el espíritu de la abrumadora voluntad popular del 28 de julio los persigue, acosándolos, desgastándolos y recordándoles que su poder es una quimera caducada, cuya fragilidad los corroe desde adentro.

Para los que anhelamos la libertad y la democracia, esa piedra es un imperativo que sobrepasa la inacción de los "oráculos zombis" del liderazgo opositor; es la contraseña para librarnos de la anomia, la división y la pasividad. Si bien el fraude nos dejó en un limbo, también nos confrontó con la necesidad urgente de una autocrítica honesta y un propósito de enmienda para sanar heridas y corregir nuestras fallas, comenzando por tomar conciencia de que los venezolanos somos el más extraordinario capital humano preparado para enfrentar con solvencia los retos que exige nuestra nación.

Es cierto que el miedo y la incertidumbre que hemos sentido son legítimos, pero no pueden paralizarnos. La resiliencia heroica de nuestra gente es un estímulo para reaccionar y acompañarla con acciones coherentes. Por eso, una duda íntima y poderosa resuena en cada uno de nosotros: ¿Qué he hecho y qué puedo hacer por la libertad de Venezuela? Es una cuestión que nos concierne a todos y convoca a la responsabilidad individual. Cada venezolano tiene un rol que jugar en esta gesta.

La "piedra en el zapato" es un llamado a la reflexión y la responsabilidad. Nos lleva a la interrogante forzosa de ¿Cuál es la "piedra" que incomoda a la oposición y a la dictadura? Al confrontar ambas realidades, percibimos que nuestra lucha va más allá de la confrontación con un adversario político común; es una batalla espiritual contra el mal, contra inadaptados sociales adoctrinados e incorporados a un sistema criminal, un narcoestado empotrado en nuestra sociedad.

Esto nos obliga a recurrir a formas menos convencionales de lucha, comenzando por lograr el apoyo internacional indispensable, para lo cual la aproximación diplomática estructurada y detallada de la diáspora ante los gobiernos receptores es vital. La conformación de una plataforma mundial de comunicación e información, que confronte profesional y tecnológicamente la poderosa maquinaria comunista de propaganda, es crucial. Mientras, a lo interno, la organización popular será clave para demostrar que constituimos una alternativa real, poderosa y sólida, capaz de resolver nuestros propios desafíos para solucionar los del país.

Esta "piedra en el zapato" no es el final del camino; es el catalizador que nos obliga a detenernos, a reflexionar y a construir un futuro de todos, con cimientos más fuertes. Convirtamos la frustración en acción, la molestia en un grito de guerra, y el estancamiento en un impulso imparable. El 28 de julio de 2024 fue un punto de partida. Ahora, trabajemos para que esa piedra se convierta en la roca firme sobre la cual edificaremos la Venezuela que merecemos, en libertad y democracia.

Nelson Oxford

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