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Al-Assad y Obama: adversarios

Conflicto con Siria

Bashar al-Assad estudió medicina en Damasco. Cursó estudios de posgrado en Londres, donde después trabajó como oftalmólogo, su especialización. Vivía al margen de la política de su Siria natal, donde desde 1971 su padre Hafez al-Asad gobernaba con mano dura.

Su hermano mayor, Bassel, destinado a ser el sucesor de Hafez, murió en un accidente automovilístico en 1994. El padre reclamó el regreso de Al-Bashar, que entró entonces en la escuela militar y dirigió la ocupación del Líbano en 1998. El médico dedicado a mejorar la vista de sus pacientes pasó a ser coronel. Lo prepararon para que tomara el poder cuando muriera el padre, lo que sucedió en el 2000. En julio de ese año lo eligieron presidente. Y en diciembre se casó con Asma al-Assad, educada como Bashar en Londres, donde se había especializado en ciencias de computación y literatura francesa.

Algunos de sus compatriotas y gran parte del mundo abrigaron en esos momentos la esperanza de un cambio democrático. Pero lo discursos reformistas no fueron respaldados por hechos. nDesde hace dos años, Siria sufre una guerra civil, con cientos de miles de víctimas. Ahora el mundo ha visto los videos de las dramáticas muertes de hombres, mujeres y niños causadas por el uso de armas químicas. Algunos dicen que Bashar al-Assad está dominado por un grupo de militares y no es personalmente responsable de los horrores.

De un modo u otro, el destino de este galeno que estudió, vivió y practicó como médico en la capital británica, no tenía que haber sido el de dictador. Era el papel que le correspondía al hermano muerto. nBarack Obama, graduado de Harvard, profesor de Derecho constitucional, resaltó desde el inicio de su campaña presidencial en febrero de 2007, su intención de poner fin a la Guerra de Irak. Cumplió su promesa.

En cuanto a Afganistán, logró que los afganos asumieran la responsabilidad de garantizar su seguridad interna y retirar las tropas estadounidenses, pese a que el Gobierno de Kabul es extremadamente frágil. En 2009, Obama recibió el Premio Nobel de la Paz u201cpor sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la colaboración entre los pueblos u201d. Fue una sorpresa para muchos, incluyendo al propio galardonado, que declaró no merecer tal distinción. Pero la Academia Sueca no estaba tan errada. Obama es un constitucionalista, diplomático, guardián de la paz. No le corresponde el papel que las circunstancias lo han llevado a tomar como defensor de un ataque militar a Siria en castigo por el uso de armas químicas, método condenado por acuerdos internacionales desde la primera guerra mundial. n

El presidente estadounidense, sin embargo, se ha visto entre la espada y la pared. Por una parte, sus compatriotas están cansados de guerras; desconfían de sus gobernantes porque ya antes le aseguraron falsamente que Irak poseía armas nuclearas. Quieren que todos los esfuerzos se concentren en la recuperación económica que los afecta directamente. Este rechazo de los ciudadanos a que Estados Unidos tome medidas en Siria influye en un Congreso, que además ha tenido una relación muy tensa con el primer mandatario. Tampoco el Presidente ha logrado gran apoyo internacional u00bfPodría tomar medidas militares contra Siria sin respaldo del Congreso, el pueblo americano y la mayoría de sus aliados? n

Por otra parte, sin duda la visión desde la Oficina Oval de la Casa Blanca es muy distinta que desde el Capitolio o las campañas electorales. El político está en pugna con el estadista, que ve más lejos. Obama teme que mantener silencio ante los crímenes del dictador sirio signifique luz verde para que otras potencias también se atrevan a emplear armas químicas. Percibe el papel de Estados Unidos como el de gendarme mundial, no sólo como imperativo moral sino como una necesidad para la seguridad nacional.
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Bashar al-Assad no debió ser dictador y a Barack Obama no le conviene involucrar a Estados Unidos en una nueva confrontación militar. Son papeles ingratos que a veces recaen sobre las figuras públicas. Quizás por eso ahora se vislumbra la posibilidad de una solución diplomática con la mediación inesperada de Rusia. La solución no es perfecta, pues no pone fin a la guerra civil en Siria, pero a menudo más vale un mal acuerdo que un buen pleito. Especialmente cuando hay armas químicas por medio. Ojalá dé resultado. 
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