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Carta a Gastón Baquero

Porque en todas partes, mudos de asombro, hemos contemplado tu alma al desnudo en las palabras musicales y visionarias de tus sonatas poéticas

Querido Gastón: n

El pasado domingo 4 de mayo cumpliste 100 años. u00a1Y qué clase de fiestón has tenido! Muchos periódicos te han dedicado artículos, páginas completas. Pero pienso que lo más hermoso ha sido la idea de Cristóbal Díaz-Ayala, un musicógrafo que nunca te conoció. Se le ocurrió que nos reuniéramos en diversas ciudades del mundo poetas, amigos, intelectuales, y leyéramos junto al mar, un río o cualquier cuerpo de agua tu Testamento del pez.
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u201cYo te amo, ciudad,/aunque sólo escucho de ti el lejano rumor/aunque soy en tu olvido una isla invisible u2026/ u201d. Ya no es cierto, Gastón. Me han escrito desde allá: u201cGastón Baquero renace en La Habana con 100 años. En la noche del sábado nos fuimos al malecón habanero, frente al Hotel Riviera, un grupo de trovadores, poetas y amigos de la poesía para esperar la llegada del domingo 4 de mayo, día del primer centenario del nacimiento del poeta Gastón Baquero. Entre todos leímos Testamento del pez, cantamos, y hasta un trompetista de los habituales músicos que se buscan la vida en el malecón, tocó algunas piezas. Una italiana que estaba sentada junto a nuestro grupo, cuando se enteró del motivo, también quiso leer un fragmento del poema. A las 12 de la noche, echamos el poema en una botella y lo arrojamos al mar. u201d u00a1Y si vieras, Gastón, la foto de los poetas y trovadores sentados en el muro del malecón leyéndote en voz alta!
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u201cPero eres tú, ciudad, color del mundo/ u201d Con tu poema, Gastón, nuestra Habana ha llegado a muchas partes. Al lado del Sena en Paris y del Tormes en Salamanca los poetas repitieron tus versos u201cYo te amo, ciudad, porque te veo lejos de la muerte u201d. Y hasta en alemán te han leído y en el Puerto de la Duquesa, ya cerca de la frontera oeste de la Costa del Sol, donde casi se acaba Europa. Tus versos se han escuchado en las calles de Madrid; y junto a un busto de Martí, el Río Hudson y el perfil neoyorkino; y en México, Colombia, Uruguay, Santo Domingo, tierras de u201cNuestra América u201d. u201cYo soy un pez, ángel he sido/cielo, paraíso, escala, estruendo/ u201d. Han leído tu testamento junto a las aguas del mediterráneo en Tarragona, las del río Mississippi en Nueva Orleans, las del Río Grande en Las Cruces.
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También lo han hecho en las playas de San Juan, bajo los árboles, Cristóbal Díaz-Ayala, y un grupo de poetas y escritores cubanos. Estaba allí Vicente Báez, - u00bflo recuerdas, Gastón?- que explicó cómo fue obra tuya el primer tomo de la Enciclopedia de Cuba dedicado a la poesía y cómo colaboraste en otros tres volúmenes.
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Ay, Gastón, y los jóvenes de tu pueblo han inaugurado una exposición, con imágenes tuyas en carboncillo, óleo, madera y tinta; y te han dedicado un libro, - u00a1cómo te gustaría el título Poderosos pianos amarillos!- y se han ido al mar, como tantos otros, a leer tus poemas, allí, en Banes, donde naciste y eres eterno. u201cYo no quiero morir, ciudad, yo soy tu sombra,/ ya soy quien vela el trazo de tu sueño,/ quien conduce la luz hasta tus puertas, quien vela tu dormir, quien te despierta/ u201d. n

Y ahora sé que le cantaste a La Habana pero también a todas las ciudades del mundo y que velas tantos, pero tantos sueños compartidos. Porque en todas partes, mudos de asombro, hemos contemplado tu alma al desnudo en las palabras musicales y visionarias de tus sonatas poéticas. n

Ay, Gastón, Gastón, aquí en Miami sí que hiciste gala de tu sentido del humor. u201cYo te amo, ciudad, cuando la lluvia nace súbita en tu cabeza/ u201d pues diluviaba de pronto y escampaba y salía el sol, y yo sentía tu mirada-sonrisa de niño travieso, hasta que justo a las cinco moviste tus manos invisibles, sabrá de qué magias e invenciones te valiste, pero pudimos acercarnos al malecón al fondo de la Ermita de la Caridad y ocho poetas -Joaquín Badajoz, Amelia del Castillo, Ángel Cuadra, Juan Cueto-Roig, Rita Geada, Manny López, Orlando Rossardi y yo- leímos Testamento del pez y contamos anécdotas, y celebramos tu existencia. Y fuiste de nuevo geranio, niño, ángel, esperanza, tambor u2026 E hicimos realidad lo que pedías en tus versos de regresar a la vida u201cen la patria sonora de los frutos/en las luces del sol,/ en las sombras viajeras por los muros/ laborando febril contra la muerte,/venciéndola, ciudad, renaciendo ciudad, en cada instante, en tus peces de oro, tus hijos, tus estrellas. u201d Somos tus hijos, poeta. Y en tus versos todos revivimos. Hemos celebrado una fiesta que lleva nombre y apellido: Gastón Baquero. Gracias, amigo del alma, por la herencia que generosamente nos dejaste. 

* Miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española
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