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Coyotes marinos

Un movimiento casi imperceptible por las sociedades latinoamericanas y estadounidense se ha estado llevando a cabo en la última década del nuevo siglo. Se trata de nuevas rutas de tráfico humano que no existían como parte de esta criminal industria y que hoy, en un radio de 90 millas o menos, significa uno de los negocios sucios más ventajoso; especialmente si lo ponemos en términos de hora/beneficio económico.
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De acuerdo con organizaciones del exilio, los cubanos que hoy salen de la isla son financiados, en la mayoría de los casos, por familiares que pagan para que sean traídos. De acuerdo con el abogado de inmigración Wilfredo Allen, quienes hoy escapan del comunismo-castrismo de Cuba ya no lo hacen por razones políticas. n u201cEl 95% de las personas con quienes yo hablo ahora y vienen de Cuba, no te pueden identificar una razón política; te hablan que quieren comer mejor, vivir mejor, manejar un mejor carro u201d, me explicó Allen en su oficina, colmada de figuras de plomo.

La congresista Ileana Ros-Lehtinen ya me había comentado también en una plática anterior que quienes operan esta industria del tráfico humano cubano cobran entre 10.000 y 15.000 dólares por persona. nPero una de las cosas que más me sorprendió, fue saber quiénes operan estas rutas humanas, que no sólo llegan a la Florida, también tienen base en Honduras, Nicaragua y la península de Yucatán al sureste mexicano. u201cNarcotraficantes en México que se nutren y tienen control de este tráfico u201d me dijo el abogado. nY más aún: u201cHa habido asesinatos en Yucatán de cubanos que se creían que ellos eran los capitanes de ese negocio y se dieron cuenta que no lo eran y que tenían que bailar con los narcotraficantes mexicanos para mover personas u201d, me confió Allen en un tono pausado y discreto. Y como si fuera una película de acción lo que me narraba, no dejó pasar un solo detalle: u201cHe tenido clientes que los hermanos, los primos fueron asesinados en Yucatán porque se pensaban que ellos iban a ser lo jefes ahí y no fue así u201d. n

Pero los muertos en este tipo de industria clandestina abundan, no sólo entre los delincuentes, de quienes seguramente muy pocos lo lamentan. El otro drama son quienes fallecen en el intento, durante el traslado. Por un lado está el riesgo permanente de ser abandonados en medio del océano si llegan a ser descubiertos. Y por el otro, cuando son llevados a Centroamérica o México para, de ahí tratar de llegar a Estados Unidos, el intento se convierte en un drama de dimensiones traumáticas por necesidad. No sólo están a expensas de los coyotes, sino también de las autoridades mexicanas y el resto de los grupos delictivos. nNo cabe duda que se trata de una cadena difícil de romper. Y no por quienes se encuentran en medio o al final, particularmente por quienes la inician: los familiares de quienes son transportados.

No por nada Ileana me dijo en tono suave y entristecida: u201cYo entiendo a las familias, yo entiendo del otro lado. Y si yo estuviera en esa situación, estaría haciendo todo lo posible para que mi familia esté unida u201d. n

Así la pesca, los coyotes marinos seguirán engordando sus redes auspiciados por la corrupción cubana que permite la salida de los cubanos, la corrupción mexicana que les da el paso, las autoridades estadounidenses que no reportan la detención de sus lanchas y, lamentablemente, los familiares que pagan y financian esta actividad.
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