Duro y a la cabeza, repetía con una malsana alegría que ocultaba el odio y la envidia. Hablaba para que todos los presentes en el bar cafetería lo oyeran. Duro y a la cabeza repitió muchas veces, mientras la revolución socialista confiscaba las empresas extranjeras.
Cuba comunista: La arrogancia y la necedad en sus tardías e insuficientes reformas
Con una cara severa por los traumas de las confiscaciones, el asiduo al bar cafetería le espetó, con entereza y decencia, en el rostro del revolucionario socialista
El tiempo pasó y un día uno de los asiduos al bar cafetería le preguntó al mesero, qué le pasa a duro y a la cabeza que hoy está en silencio y con cara triste. La respuesta del dependiente fue dura y lacónica: los milicianos revolucionarios le quitaron la quincalla al señor.
Con una cara severa por los traumas de las confiscaciones, el asiduo al bar cafetería le espetó, con entereza y decencia, en el rostro del revolucionario socialista: ¡duro y a la cabeza!
El revolucionario se fue cabizbajo, la revolución no respetó ni las quincallas ni los puestos de limpiabotas (no eran extranjeros). Hubo muchos coros que gritaban: ¡Se llamaba! Todo fue estatalizado en Cuba, sovietizado, al estilo más fidedigno de José Stalin en la Unión Soviética.
En un diario de la época aparece la promoción pública de las expropiaciones forzosas por el tirano Fidel Castro y dice: “En el Estadio del Cerro, hoy Estadio Latinoamericano. Esa noche del sábado 6 de agosto de 1960, Fidel Castro anunció la nacionalización de 26 compañías yanquis que poseían tres refinerías de petróleo [ESSO, Texaco y Shell], los monopolios de la electricidad [Cuba Electric Company] y del teléfono [Cuban Telephone Company], así como 36 de los mejores centrales azucareros del país”.
Castro y su revolución socialista confiscaron las empresas en el país al amparo de una nueva ley, creada por ellos mismos para esos fines, la Ley No. 851, del 6 de julio de 1960, “proyectaría las bases de este proceso revolucionario como una ley defensiva de la soberanía nacional y que tenían como propósito devolverle al pueblo cubano sus riquezas y ponerlas al servicio de la economía nacional”.
En la primera portada de los periódicos apareció el titular de la expropiación de las empresas, asimismo en el periódico comunista Hoy (después Granma), el título fue: nacionalizan los bancos y 382 grandes empresas. Y los subtítulos fueron 105 centrales azucareros; 50 fábricas textiles; 11 circuitos cinematográficos; 13 tiendas departamentos; 16 molinos arroceros; 6 fábricas de bebidas alcohólicas; 11 tostaderos de café; 47 almacenes comerciales y 6 fábricas de leche condensada.
En la República de Cuba, 1902-1958, los cubanos consolidaron una economía fuerte en ascenso. Era el primer lugar a nivel mundial en producción y exportación de azúcar. Existían 161 centrales azucareros y 121 eran cubanos, 100% cubano; por qué nacionalizarlo, en realidad, fue una confiscación.
En la zafra azucarera cubana del 2024-2025 se produjo menos de 150 mil toneladas de azúcar, con 15 centrales operativos, la peor de más de 100 años, durante el siglo XIX y la presencia de las guerras independentistas.
La gran mayoría de los cubanos no puede disfrutar del exquisito alimento por caro y escaso y mucho menos poder endulzar un vaso de leche; tampoco existen la agroindustria ganadera y la lechera, sufren las mismas ruinas del azúcar. Aún está pendiente la promesa del general Raúl, de un vasito de leche para los niños.
Del mismo modo, en la República, hubo un fortalecimiento del sentimiento patrio y la consolidación de la nación. Aquellos heroicos miembros del Ejército Libertador Cubano forjaron la nación y fundaron el país estado. A través de la lucha cívica diplomática y política llegaron a recuperar el territorio de la Isla de Pino (1932) y la derogación de la Enmienda Platt, en 1934.
Aquel usuario del bar cafetería, que visitaba también el revolucionario de la frase de duro y a la cabeza, era un obrero que en sus horas de almuerzo consumía diariamente un pan con bisté y un vaso grande de batido de trigo, que hace mucho, es un lujo inalcanzable para la mayoría de los cubanos, el 90% vive en la miseria.
En una sola presentación de Fidel expuso la expropiación de 382 grandes empresas y todos los bancos. Sin embargo, el designado gobernante Miguel Díaz-Canel en su reforma apurada de 176 normativas económicas, que asegura la estancia de ellos, los castristas, y su sistema socialista en el poder del país y cero transformaciones políticas e independencia de la justicia.
Estas insuficientes y retardadas trasformaciones castrosocialistas evidencian la categoría expuesta por el secretario de Estado Marco Rubio, quien afirmó: “Es un país comunista dirigido por comunistas incompetentes” y “lo único peor que un comunista es un comunista incompetente”.
La cúpula y los esbirros del régimen cubano son verdaderamente autosuficientes insuficientes. Solo permanecen en la dirección del país por el terror de Estado, su arrogancia no los deja comprender las duras vicisitudes que le impusieron a la población. Este es el sello de su propio castigo, la necedad.
Es el fin de un sistema estructuralmente inviable e insalvable; por esto reafirmo: “No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos”. Ellos siempre gritan en sus actos políticos: socialismo o muerte, ambos son una redundancia gramatical pésima, por ser afines en su mortandad.
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