Hace una semana, a Roiniel, 36 años, dueño de un pequeño mercado emplazado en el garaje de su casa, su proveedor le envió un chat por WhatsApp notificándole la nueva lista de precios mayoristas de alimentos a partir del 1 de agosto. Dice que cuando vio el listado, se llevó las manos a la cabeza.
“Debido a la inflación, ya es habitual que los precios de alimentos básicos como el huevo, pollo, aceite, arroz y leche en polvo suba con frecuencia de precios. Pero solía mantenerse en una escala entre 200 o 300 pesos al alza. Y si después la cotización del dólar en el mercado informal se estabilizaba, el producto incluso bajaba un poco su precio. Ahora esos precios en algunos casos se han duplicado y triplicado”.
Según Roiniel, “al ser importado el 90 por ciento de los alimentos que vende el sector privado en Cuba, si a la hora de importar un producto como el huevo o el pollo, haya una gripe aviar o por la guerra de Irán suba el precio de la gasolina que encarece la transportación y el comercio, esos imprevistos solían provocar una subida de precios a nivel local. Así funciona el comercio internacional. Por lo general no suelen ser alzas grandes de precios. Y cuando sucede, los importadores buscan opciones más baratas en Panamá o Brasil, aunque Estados Unidos es el mejor mercado, por calidad y precios competitivos".
“Lo ideal sería que los pequeños comerciantes pudieran importar directamente y elegir a un proveedor. Dicen que lo van a aprobar, pero no lo acaban de aprobarlo. Es ahí donde está la trampa, porque el Estado es quien controla las importaciones con sus empresas intermediarias y la mayoría de los mercados mayoristas en Cuba están en manos de gente conectada con el régimen. Como no hay transparencia surgen teorías de la conspiración".
"Pero te puedo asegurar que tanto la importación de alimentos como la de combustibles, son controlados por personas cercanas al poder o por sus testaferros. También manichean (controlan) la compra de automóviles en Estados Unidos. Y son socios directos e indirectos de cubanoamericanos que tienen licencia del Departamento del Tesoro para importar a la Isla”.
Según Roiniel, las élites del poder en Cuba han diseñado un opaco entramado de negocios. “El sector privado está dividido en cuatro clases. En la primera están las MIPYMES de parientes, testaferros o el entorno cercano que tienen muchísimos privilegios y pueden importar directamente. En la segunda, funcionarios del gobierno y militares que cuando pasan al retiro, abren negocios al gozar de la total confianza de las autoridades”.
“A la tercera clase pertenecen los que comenzaron con capital propio y han tenido éxitos en sus emprendimientos. No son familiares de pesos pesados ni tuvieron privilegios. Sus negocios han crecido porque conocen el tablero de juego. Saben quiénes son los inspectores y funcionarios a los cuales deben sobornar. Y cuando llegan tiempos de crisis, por conveniencia se asocian con estamentos del poder. Casi todos los de ese grupo, tienen visas de Estados Unidos o de países europeos, abren cuentas en bancos extranjeros y compran propiedades, por si el gobierno decide criminalizar al sector privado, entonces emigran”.
“En la cuarta clase se ubican los ‘metedores de cuerpo’, aquellos que tienen un título universitario o prefieren ser dueños de un negocio antes que trabajarle al Estado un salario ridículo. Este grupo engloba a dueños de pequeños bodegones en barrios periféricos de La Habana y regiones del interior del país donde las ventas y ganancias son menores. El dinero te da para desayunar, almorzar y comer. Comprarte una moto eléctrica, reparar tu casa y tomar cerveza los fines de semana”.
“Pero, de la segunda a la cuarta clase no somos autónomos. Estamos bajo el yugo del Estado y sus caprichosas reglas de juego. Nos usan como a las prostitutas que a sus chulos deben entregarles gran parte del dinero que ganan. El sector privado en Cuba vende en pesos al cliente, pero tienes que salir a comprar dólares en la calle a precios del mercado informal para poder reaprovisionarte. Una parte de esos dólares va a los bolsillos estatales: los proveedores solo quieren divisas para poder comprar en el exterior. Y cuando quieren optimizar sus ganancias, simplemente te suben el precio de los productos”, explica Roiniel.
Por la subida escandalosa de productos como el pollo, aceite y huevo, entre otros, el emprendedor habanero considera que “esta vez la causa no fue que el dólar se revalorizó en el mercado informal. No. La maniobra ha sido más inteligente. Con la aprobación del paquetazo de 176 nuevas medidas económicas, algunas en apariencia de corte muy liberal y la prohibición de topar precios, resulta muy sospechoso que dos semanas después se disparen los precios de los alimentos que más se consumen”.
“No tengo pruebas concretas, pero estoy convencido que es una forma de sacudir la mata para soltar el lastre. ¿Quiénes estorban? Los miles de revendedores, muchos sin licencia, y pequeños comerciantes de barrio que somos electrones libres y no estamos conectados con las autoridades. Al gobierno siempre le ha preocupado el surgimiento de una clase fuera de su control. Ahora debido a esa alza de precios, perdemos clientelas y somos víctimas del descontento popular y de la prensa oficial, que nos culpa de esa inflación inducida”.
“Luego aparece el gobierno en plan Robin Hood 'para defender al pueblo de los abusos de esos mercachifles’. Entonces, por efecto dominó los gobiernos de Guantánamo, Villa Clara, y próximamente el resto de las provincias, aplicarán medidas para topar precios. Con ese movimiento ponen en la piqueta pública al sector privado.Los que por ambición o estupidez compraron aceite, huevo o pollo a su proveedor a precios elevados, ahora con los precios topados tendrán pérdidas considerables y algunos se verán obligados a cerrar sus negocios. Esta escalada de precios no está justificada ni por el coste de la gasolina (el combustible ha bajado su precio), ni por el alza de la divisa que se mantiene estable: es una jugada política”, opina Roiniel.
Un funcionario del Ministerio de Comercio Interior revela a DLA que “detrás de esa subida de precio se ha diseñado un escenario para el surgimiento de un nuevo actor económico. El gobierno ha justificado el alza de precios acusando a Estados Unidos de retener el envío de algo más de 7 mil contenedores de productos alimenticios a Cuba. Algo que resulta raro. Tal vez el Departamento de Estado ha descubierto que esas importaciones, supuestamente del sector privadom pertenecen a empresas militares como GAESA u otras que están en la lista negra”.
“No sé si esa información es cierta o no. Pero lo que sí es real es que hay muchos contenedores de alimentos en el puerto del Mariel retenidos porque empresas ligadas al gobierno están ejerciendo presión para comprárselos al sector privado a un precio más barato”, aclara el funcionario.
¿Por qué?, le pregunto. “Porque se aprobaron los llamados mercados de barrios. Con ellos las autoridades intentan reemplazar a los de bodegones privados que han surgido como flores en barriadas de toda la isla y la mayoría evaden el fisco. Esas tres resoluciones aprobadas por la Gaceta Oficial el pasado 4 de agosto buscan rescatar las miles de desabastecidas bodegas estatales”.
“El gobierno quiere establecer una alianza con el sector privado otorgándole beneficios fiscales. Mediante una licitación, el comerciante le arrienda el local, lo exonera de impuestos dos años y si reparan el establecimiento, le hacen descuentos en sus gravámenes. Por supuesto, tienen que aceptar en su plantilla a los trabajadores estatales desempleados. También deben tener una lista cerrada de productos básicos. El objetivo, dicen, es vender los alimentos a precios más bajos. Supongo que para esos mercados de barrios, aprobarán a una parte del sector privado afín al gobierno”, resume el funcionario de Comercio Interior.
La dueña de un bodegón al sur de La Habana lo tiene claro. “Es meter bajo el cepo a los emprendedores privados que vamos por libre. Esos mercados de barrios podrán vender a precios más bajos porque el Estado controla toda la estructura mercantil y mayorista del comercio interno. Si quieres mantener un negocio rentable, habrá que aceptar el nuevo escenario. No tenemos otra opción”. No es competencia legítima, es imposición.