La Revolución Cubana ha muerto. No lo anuncia un coro de Arcángeles vestidos con ropajes rojos y negros ante las columnas inertes de la Jericó habanera “Plaza de la Revolución”.
Cuba: El régimen en estado de putrefacción moral y política.
“El mundo no será destruido por quienes hacen el mal, sino por aquellos que los observan sin hacer nada.” Albert Einstein.
Ha muerto, y el principal logro del socialismo cubano ha sido lograr invertir en la mente del pueblo la miseria ideológica y la mediocridad colectiva; un pueblo que ha vivido por más de sesenta años en la miseria y se desentendió de los que permanecían tras las rejas por luchar por sacarlos a ellos de esa miseria, un pueblo no merecedor de tanto sacrificio.
La Revolución Cubana ha muerto porque se creó una inconsciencia popular que sorprende por su indolencia, por su incapacidad de percibir el riesgo, por su enajenación, por su adaptación a la mediocridad y a sus miserias. La inercia ha sustituido a la creatividad; la burocracia ha reemplazado la participación; el silencio ha enterrado la crítica. El cubano es un pueblo que calla. El cubano es un pueblo que prefiere huir a defender sus derechos; los jóvenes no abandonaron este lugar por odio; lo abandonaron por falta de sentido El silencio ante la injusticia es complicidad. La inacción permite la destrucción. El coraje significa alzarse, incluso cuando es incómodo.
En la Cuba actual la credibilidad institucional se ha perdido; también la confianza colectiva y la ausencia de soluciones concretas. La burocracia aplasta las masas y el clasismo continúa creciendo indetenible a la sombra de la desigualdad.
En la Cuba de hoy falta el sentido, y cuando una sociedad pierde el sentido compartido, pierde también su capacidad de avanzar. Ninguna de estas fracturas es casual. Todas han sido alimentadas durante años hasta producir el desgaste moral de hoy Ningún país puede sostenerse así.
Hay quien opina dentro de la burocracia en el poder que el país tiene todavía una reserva extraordinaria de creatividad, de lucidez, de dignidad; pero esa reserva se agota si no encuentra espacios de desarrollo. Y agreguemos que esa supuesta reserva está compuesta mayoritariamente por personas ya de la tercera edad.
No existe liderazgo político en la Cuba de hoy, el Parlamento Unánime es un chiste sin autonomía alguna, simplificado como una organización de propaganda que sirve como apéndice de las decisiones de esa superestructura que tiene, a su vez, el control de los demás poderes de la nación.
Que Raúl Castro, un anciano de 95 años, sin cargos ya en el gobierno y el partido, nombrado “líder histórico de la Revolución”, haya decidido la suspensión del mayor cónclave político e ideológico del país, el siguiente congreso del Partido Comunista, en abril de 2026, por encima de la complaciente y nunca opuesta a sus “sugerencias” figura de Díaz-Canel Bermúdez, actual secretario general del PCC es una muestra clara de que el poder real reside en un grupo de personas en el entorno más cercano del “general de ejército”.
Marco Rubio asegura que la revolución cubana “no es ni siquiera una revolución”, y afirmó que Cuba tiene una economía “aplastada” por la incompetencia de su propio gobierno.
La Revolución Cubana ha muerto. Pero no a causa de una invasión del Imperialismo Yanki, tampoco fue destruida por una guerra, sino por el abandono de sus máximos líderes, que, demasiado ocupados en sus propias “glorias”, desatendieron todo lo demás. La Revolución murió porque ya no pudo ofrecer más el sueño y la utopía y las revoluciones que prometen el camino luminoso hacia el futuro no son nada sin las promesas vacías del sueño y la utopía.
La Revolución Cubana no la derrotó el enemigo externo. La derrotó su incapacidad de renovarse. Su miedo al cambio. Su alergia a la verdad. La Revolución Cubana prometió demasiado… y no cumplió nada. La Revolución Cubana no cayó. Se vació.
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