La delincuencia organizada trasnacional que suplanta la política y detenta el poder con narcoterrorismo está siendo derrotada en las Américas. Presenciamos históricas acciones para terminar las dictaduras de Venezuela, Cuba y Nicaragua, mientras que candidatos para dictatoriales son derrotados en Ecuador, Honduras, Chile, Bolivia, Costa Rica, Perú, Colombia. El socialismo del siglo 21 entrega el gobierno pero no el poder, pues mantiene sus leyes, impunidad y permanece como actor político. Para recuperar la democracia se necesita buen gobierno que tome el poder.
Después de los regímenes del socialismo del Siglo 21 es imprescindible un buen gobierno
La recuperación de la democracia en Latinoamérica tras los regímenes del socialismo del Siglo XXI exige la eliminación de estructuras jurídicas dictatoriales y la ilegalización del crimen organizado en la política.
En los últimos 25 años, todos los países de Latinoamérica fueron víctimas de la suplantación o deterioro de sus sistemas democráticos por la operación trasnacional llamada socialismo del siglo 21, que es simplemente la expansión de la dictadura de Cuba con los recursos de Venezuela, para facilitar la penetración de las dictaduras extra hemisféricas. En más de dos décadas cambiaron constituciones, leyes fundamentales, sistemas electorales, instituciones económicas y de control, institucionalidad de las fuerzas armadas y policía, sistemas de seguridad, política exterior, órganos del poder público como el poder judicial, mecanismos de designación de jueces y magistrados, sistemas de contratación, y más.
En países como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, los sistemas institucionales y legales corresponden a la estructura del socialismo del siglo 21, con leyes infames que violan los derechos humanos, con mecanismos que hacen desparecer los elementos esenciales de la democracia, con sofismas, suplantaciones y métodos que simulan democracia cuando en verdad la suprimen.
En países como Argentina, Perú, Colombia, Chile, Honduras y más, el socialismo del siglo 21 ha instalado sus operadores en el sistema de justicia, las fuerzas armadas, policía y sistemas de seguridad, al punto que cuando se produce un cambio de gobierno la mayor oposición consiste en la imposibilidad real de ejercer el poder, quedando el gobernante forzado a acuerdos que garantizan la impunidad y la permanencia de la delincuencia organizada en la política.
En países como Colombia, Perú y Bolivia (los tres más importantes productores de cocaína en el mundo), controlan incluso parte del territorio nacional con organizaciones narcoterroristas presentadas como sindicatos o federaciones de productores de coca, con guerrillas como las FARC y el ELN, o con organizaciones que se presentan como sociales o campesinas, que en verdad quiebran la soberanía nacional creando feudos o republiquetas donde el gobierno simplemente no ejerce.
En todos los casos y países, los regímenes del socialismo del siglo 21 usan como estrategia impedir la gobernabilidad del nuevo gobierno, mantener su estructura de poder y sus operadores para deteriorar, derrotar, derrocar o sustituir al nuevo gobierno. Es la conspiración permanente usando el sistema que han montado y que el nuevo gobierno no tiene la decisión o la capacidad de desmontar terminando la presencia delictiva en la política y restituyendo los elementos esenciales de la democracia.
La gobernabilidad es “la capacidad de gobernar”, la “cualidad de gobernable”. Es la “capacidad de un gobierno para ejercer autoridad, implementar políticas y garantizar el orden, la estabilidad y el desarrollo dentro de un Estado”. La gobernabilidad “se evalúa en términos de estabilidad, eficacia y legitimidad”.
Reitero que para terminar los regímenes del socialismo del siglo 21 y restaurar la democracia en todos los países de Latinoamérica, se precisan por lo menos tres condiciones” la eliminación de la estructura jurídica dictatorial, no impunidad y la ilegalización del crimen organizado en la actividad y participación política. Bajo la estructura jurídica del socialismo del siglo 21 es imposible que un gobierno democráticamente elegido tenga gobernabilidad y si sobrevive será a costa de dar impunidad y tolerar la permanencia de las organizaciones criminosas en la política, como lo muestran ejemplos en gobiernos de Macri en Argentina, Laso en Ecuador, Kuczynski, Boluarte y otros en Perú, Añez en Bolivia.
Luego de más de dos décadas de gobernantes y gobiernos dictatoriales, para dictatoriales y tolerantes a la desinstitucionalización sacrificando los elementos esenciales de la democracia, los presidentes y gobiernos que reemplazan al socialismo del siglo 21 en Latinoamérica, deben ser buenos gobiernos.
Buen gobierno en la realidad actual es como mínimo el retorno a la vigencia de los elementos esenciales de la democracia y la institucionalidad republicana como sistema que permita el respeto a los derechos humanos, sin presos políticos, sin perseguidos ni exiliados, con seguridad jurídica, restituir el estado de derecho, desmontar los narcoestados, encarar las crisis económica, de seguridad, de confianza, salir de la corrupción y de su secuela la impunidad que es señal de complicidad.
La población tiene esperanza pero necesita sentir el cambio tanto en la super estructura política y social como en la vida diaria. Recuperar la confianza y creer que puede vivir mejor. Cada país tiene problemas específicos, pero la demanda ciudadana es la misma. Hay países que lo están logrando, otros no y algunos que tienen el desafío pendiente. No es fácil pero no hay alternativa.
*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy
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