Diálogo moral y dentro de la Constitución
Lo cierto es que Maduro ejerce el Gobierno sólo por obra de un testamento político
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En la democracia el voto de las mayorías tiene límites dictados por la moral y reafirmados por el Derecho. Una mayoría no puede imponer el camino de la dictadura y tampoco menoscabar los derechos de las minorías o la posibilidad de que éstas se transformen en mayoría. n
Las elecciones del 8D, vistas como expresión social, dejan como saldo trágico a u201cdos u201d patrias. Lo digo sin ambages y con dolor. Sólo en democracia, bajo el techo común de un pacto -la Constitución- que es acatado y respetado por todos los ciudadanos, cabe hablar de diferencias o de partidos entre compatriotas iguales, hijos de una misma cultura, trabajadores del mismo suelo. Y ése no es el caso. n
En mi columna anterior me refería, justamente, a esas dos mitades, sin preterir a la otra mitad cuya visión de la vida y la política no comparto, por antidemocrática y logrera. Ésta reúne a un conjunto de hombres y mujeres que, bien por convicción o voluntarismo, por utilidad o acaso por necesidad, se asumen como un rebaño cuyo destino depende del que los guía y en beneficio del cual renuncian a sus personalidades, al punto de aplaudir hasta el saqueo de los bienes ajenos y la muerte civil de sus adversarios.
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Dentro de tal perspectiva, en la que se sobrepone el gendarme o el Estado al individuo y su dignidad, asumiendo éste que sus espacios de libertad son dádivas o privilegios que aquél le otorga, ha lugar a esa suerte de u201cdespotismo ilustrado u201d que tiene sus fuentes en el Manifiesto de Cartagena, en el Discurso de Angostura, y en la citada Constitución boliviana, obras del Libertador; quien creyó que nuestro pueblo no estaba preparado para bien supremo de la libertad y de allí que lo emancipa hacia afuera, pero hacia adentro lo somete a un gobierno fuerte y centralista. n
La u201cotra u201d Venezuela, algunos de cuyos militantes comparten la perspectiva anterior -los menos- pero no su objetivo, se mira en la modernidad. Es tributaria de las grandes revoluciones liberales del siglo XIX y XX. Cree convencida que sus derechos son anteriores y superiores al Estado, cuyo deber es respetarlos y garantizarlos dentro del marco del Estado de Derecho, es decir, sometido a la ley suprema que nos rige. n
El problema de Venezuela es que, justamente, somos un rompecabezas. Por ello urge encontrar algo que permita la comunicación entra esas dos realidades en choque para evitar lo peor, en modo de que puedan existir ambas, tolerándose, y luego, si cabe, convivir y no sólo coexistir. n
El u201cdiálogo u201d que después de tres lustros se abre entre el régimen y la oposición, omitiendo la Mesa de Negociación de la OEA en la que participa el mismo Maduro, debe limitarse así a la resolución de los problemas que todos padecemos en común. Es el mínimo que nos identifica: la inflación con recesión, la inseguridad y el tráfico de drogas, la corrupción, el desabastecimiento de los productos de primera necesidad y las medicinas, el irrespeto por las competencias de los alcaldes. n
Dentro de la Constitución -que han de respetar primero nuestros jueces constitucionales- cabe todo, fuera de ella y su atropello nada. Así de claro.
* El autor ejerció como juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
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