El rostro invisible del hambre
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Si todos conserváramos la inocencia infantil, con seguridad podríamos practicar la compasión humana sin dificultad y los que padecen hambre recibirían la atención de una mano amiga. nIgnorándolo, pasaban frente a él, ciudadanos que llevaban en sus brazos bolsas cargadas de compras quizás superfluas y hasta le tomaban fotos porque creyeron que hacía parte de una u201ccrítica social u201d. Con frecuencia los artistas hacen ese tipo de expresiones protestando por la falta de comida en el mundo. n
Lo increíble es que para los estadounidenses son invisibles porque la solidaridad es un asunto que no los conmueve mucho. No hay tiempo para esas preocupaciones. n u00bfSi el hambre golpea a Estados Unidos, cómo será al resto del mundo?, me cuestionó mi hijita.
La última cifra divulgada en octubre pasado por la ONU dice que una de cada ocho personas padece hambre. nDe acuerdo al informe se estima que por lo menos 842 millones de personas sufrieron hambre crónica entre 2011 y 2013. De Latinoamérica son alrededor de 60 millones. nPara los optimistas estos datos son alentadores porque disminuyó la cifra en relación a estudios anteriores. Los pesimistas, en cambio, leen la cifra con preocupación.
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Debemos recordar que en el año 2000 los líderes mundiales se comprometieron en Naciones Unidas, en el marco del Objetivo del Milenio, reducir el hambre a la mitad para 2015. nEstando a sólo dos años de cumplirse el plazo los pronósticos no son positivos para esa población que ve cómo los países industrializados o u201cdesarrollados u201d despilfarran riquezas en superficialidades, mientras el estómago de ellos se aprieta sin compasión. n
Una ironía es que el planeta tierra tiene suficiente capacidad para proveer alimentos a los más de 7.000 millones de habitantes y la otra es que donde más se padece hambre es en las naciones ricas en agricultura, ganadería, ríos y mares. n
Ahora que se acercan las festividades de fin de año, en donde muchos pretenden ser generosos, practiquemos la caridad de verdad. Empecemos por derrotar la indiferencia. Podemos cambiar la invisibilidad del pobre y reprochar la imbecilidad de los ciudadanos ciegos ante la penuria ajena.
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