En el centenario de Octavio Paz
Fue la voz de la razón en un siglo roto; el guía intelectual de México y el continente
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México celebra en grande el centenario de uno de sus hijos más destacados con una serie de actividades, entre las que sobresalen una reedición en ocho volúmenes de sus obras completas por el Fondo de Cultura Económica (FCE), y un nuevo libro del diplomático y profesor de literatura Aurelio Asiain con trabajos de académicos japoneses sobre la obra de Paz, traducciones de Paz de poetas japoneses y otras u201cjaponerías u201d del escritor mexicano, que sostuvo una importante relación con ese país oriental, al igual que con India.
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Ya este año el FCE ha publicado tres libros más sobre el autor de El ogro filantrópico. Por iniciativa de la Secretaría de Educación Pública, todos los alumnos que egresen a secundaria en el 2014 recibirán una antología de Octavio Paz -otra forma de honrarlo y acercarlo a las nuevas generaciones-. n
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Mucho antes que otros, ya estaba de vuelta de las utopías engañosas, pero al mismo tiempo, construyó otra, con fe, pero sin trampas. Sin malabarismos verbales ni gimnasia exhibicionista, fue tejiendo una delicada red que unía al poeta con el universo. Si nos sumergimos en su poesía, también nosotros, sus lectores, podemos alcanzar esa paz interna, ese misticismo humanista que siempre renace entre las angustias de su tiempo y sus versos. n
En Laberinto de la soledad, el primer ensayo de 1950 con que ganó aclamación internacional, el autor continuó la obsesiva búsqueda de las raíces de lo mexicano, tema ya explorado con anterioridad por Agustín Reyes y Samuel Ramos, entre otros. Aunque algunas cosas pueden haber cambiado desde entonces en un mundo cada vez más globalizado, esas páginas de hace más de medio siglo sobre la idiosincrasia del pueblo mexicano trascienden las fronteras nacionales y serán siempre una reflexión válida sobre la soledad existencial en cualquier tierra, en cualquier tiempo.
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Tuve la oportunidad de conversar con Don Octavio en dos ocasiones. La primera, en una cena con motivo de la entrega de los Premios Letras de Oro, tal vez en 1984, y luego en 1987 cuando tuvo la gentileza de aceptar el homenaje organizado por el Miami Dade College, en el cual varios escritores le leímos al Maestro alguno de nuestros poemas. La solidaridad de una figura como Paz con los exiliados cubanos, a menudo tan desamparados, nos coloca en deuda con el gran escritor. n
Le debemos mucho más. En un mundo polarizado por los extremos, buscó una tercera vía. Dio ejemplo de su integridad moral al renunciar en 1968 a su cargo diplomático en protesta por la represión contra las demostraciones de los estudiantes en la Plaza de Tlatelolco. Fue un intelectual orgánico, que supo forjar una u201celegante fusión de literatura y política u201d, como se ha descrito la revista Plural que fundó en 1971.
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Siempre ofrecía la declaración precisa en tiempos nublados. Fue la voz de la razón en un siglo roto; el guía intelectual de México y el continente. Sufrió críticas y vituperios de las izquierdas y las derechas. Murió en 1998, enfermo, un año después de que un incendio destruyera su hogar y parte de su biblioteca. Hoy renace en su plenitud con la celebración de su centenario.
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Feliz cumpleaños, Maestro.
*Miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española
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