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Guerra mundial al "bullying"

Los últimos años fueron, con toda seguridad, los más duros para la escuela pública de Estados Unidos, desde la Gran Depresión quizás. La falta de dinero fue un obstáculo durísimo. Y aun así, el sistema pasó la prueba. Con menos recursos, la calidad aun así se mantuvo, como lo revelan los exámenes realizados.

Ahora que la recesión económica amaina, entramos en una nueva etapa, al menos en Miami-Dade, donde la semana pasada, en varias escuelas, se realizaron ceremonias para mostrar qué se está haciendo ya con los 1,2 mil millones de dólares que aprobaron recientemente los votantes para modernizar la infraestructura, la seguridad y la tecnología en todas las escuelas.

Las vacas flacas no derrotaron el tesón de los maestros y de las autoridades educativas, que ahora se preparan para sacarle el jugo a las vacas gordas. Pero cuidado con el exceso de optimismo. Aquí y allá, hay enemigos que acechan. u00bfEl más pernicioso? Hay varios, pero mi candidato principal se llama: violencia en las escuelas.
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Es peligroso, entre otras razones, porque la violencia pertenece a esa clase de enfermedades sociales que no se arreglan con dinero. Los recursos ayudan, por supuesto, pero podríamos invertir todos los millones de dólares a disposición, que no arreglaremos nada si no encontramos primero la raíz del problema.

Y sucede que los expertos no se ponen de acuerdo, precisamente, en qué ocasiona la terrible violencia -a veces oculta, a veces descubierta- que azota, no sólo las escuelas, sino la sociedad norteamericana en su conjunto.
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Con la violencia en las aulas sucede algo llamativo: nuestro interés se desborda cuando los titulares de los periódicos se llenan de sangre, pero luego, es como si dejase de preocuparnos, como si no nos diésemos cuenta de que no se ha ido, sigue allí, en formas menos visibles, menos llamativas, como pequeñas semillas que sólo esperan una oportunidad para estallar. nEn ese estado, la violencia en las escuelas tiene otro nombre, es el u201cacoso u201d o u201cbullying u201d.

No llama tanto la atención de los medios como un chico disparando con un revólver, pero puede hacer un daño enorme, sobre todo si no nos ocupamos lo suficiente de él. Y podría ocurrir, porque en todas partes encuentro declaraciones contra las drogas, apoyando la lucha contra el sida, o promoviendo el interés por el cáncer -lo que está muy bien-, pero muy pocas acciones públicas concertadas en contra del acoso escolar.
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Días atrás, vi en la pared de una escuela un pequeño letrero, en una hoja de papel cualquiera, redactado por una mano infantil: u201cWorld War Bullying u201d. Supongo que habría que traducirlo como u201cGuerra mundial al acoso u201d.

Es una de las pocas manifestaciones visibles que he encontrado de repudio a este problema. Ojalá el lema que escogió su autor o autora se convirtiese en una campaña permanente, que la difundiesen artistas de cine, estrellas del deporte y nuestros líderes políticos. Sería una buena manera de perseguir a la violencia en su forma más elemental.
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