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Hospitalidad caribeña

Las nuevas generaciones no se están transando por la mediocridad de otras épocas y creo que en esta circunstancia mucho pesan las herramientas de las nuevas tecnologías

Guardo el recuerdo de mi infancia y de todos los referentes posteriores de mis padres, sobre la reconocida hospitalidad de la gente en la provincia oriental cubana de donde provengo.

nLa pasada semana, esa agradable sensación de sentirse siempre en familia, aunque estés compartiendo con el vecino de al lado, regresó a mi vida gracias a la gentileza del Rector de la Universidad del Caribe en República Dominicana, el Dr. José Andrés Aybar Sánchez, quien me invitó a la espléndida graduación de 1 222 educandos, como orador principal, gesto que, por supuesto, considero un honor. n

En la multiculturalidad de nuestro College, la presencia dominicana se hace sentir, no solamente en la numerosa cantidad de estudiantes procedentes de esa nación hermana, sino de los propios empleados que hacen posible el éxito de nuestra entidad universitaria. n

El evento en Unicaribe, que es como se conoce esta prestigiosa universidad, tuvo lugar en el hermoso centro de convenciones del Puerto de Sans Souci y por el estrado fueron desfilando diplomados en profesiones tan necesarias en la economía moderna como son: Administración de Empresas y Hotelería, Contabilidad, Mercadeo, Informática, Relaciones Internacionales y Derecho, entre otras. nViendo los rostros de alegría y satisfacción, tanto de los graduados, como de sus orgullosos familiares, volví a constatar que este es el camino más cierto y seguro para que el Caribe y el resto de Latinoamérica se integren, definitivamente, al concierto de naciones democráticas con la mira puesta en el beneficio del pueblo.

nSabemos de los imponderables sociales y políticos que suelen azolar estos nobles empeños, pero ante mí se abría la prueba de que la superación profesional es posible salvando obstáculos históricos.

Las nuevas generaciones no se están transando por la mediocridad de otras épocas y creo que en esta circunstancia mucho pesan las herramientas de las nuevas tecnologías continuamente abriendo puertas y conocimiento, por encima de cualquier otra barrera.

nEntre otras experiencias expresé a los graduados dominicanos esa tarde: u201cMi historia comienza no muy lejos de aquí, en Cuba.

Tenía quince años cuando mi madre y mi padre, al no poder escapar de la isla, me enviaron en un avión a Miami. Mi madre, en particular, fue muy clara en el mensaje que me transmitió: Contra toda adversidad u2013 hambre, cansancio o pobreza u2013 tenía que obtener un título universitario en los Estados Unidos.

Aquella mujer de baja estatura y hablar suave que no pudo terminar sus estudios de secundaria, me hizo partícipe de un momento imborrable de entendimiento.

n u201cCada vez que aprendemos -les dije- nos transformamos. Con cada nueva revelación del conocimiento pleno, nos conectamos a un lugar más profundo de nuestro ser u201d.

Ese día, yo volví a ser tocado por la vara prodigiosa de la esperanza y pensé, como siempre lo hago, que la educación sigue siendo la certidumbre de la sociedad moderna.
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