Recién llegados a Estados Unidos, todavía marcados por los traumas y los horrores que nos tocaron vivir durante los primeros cinco meses de la revolución, una noticia ocupó la primera plana del New York Times. Recuerdo a mis padres y a los demás exiliados, profundamente consternados, al comprobar cuán lejos llegaban los tentáculos del monstruo del que habíamos huido. Aunque era una niña, entendí lo suficiente como para saber que no estaríamos seguros mientras un régimen como el de Cuba pudiera operar dentro del país que nos había dado refugio.
Se trataba del matrimonio formado por José Gómez Abad y su esposa, Elsa Montero Maldonado, arrestados por el FBI. Ambos integraban el cuerpo diplomático de la Misión Cubana ante las Naciones Unidas. Fueron arrestados, junto con otras tres personas, en 1962 por participar en un complot de sabotaje cuyo objetivo era colocar explosivos en varias tiendas de Nueva York, entre ellas Macy's, para detonarlos el viernes siguiente al Día de Acción de Gracias, una de las jornadas comerciales más concurridas del año. Las armas y los explosivos fueron confiscados; el matrimonio Abad fue devuelto a Cuba debido a su inmunidad diplomática, mientras que los otros tres implicados permanecieron arrestados en Estados Unidos.
El historial de agresiones del régimen cubano es extenso y peligroso, y aparece ampliamente documentado en el informe del Departamento de Estado presentado por el secretario de Estado, Marco Rubio, titulado “Cuba, la capital del comunismo del siglo 21”. La Habana lo calificó como “un mediocre panfleto de propaganda que busca, mediante la construcción de leyendas acusatorias, fabricar consenso para una eventual agresión militar". Rubio respondió que el informe expone la historia del espionaje cubano y la subversión en Estados Unidos porque, según afirmó, "el pueblo americano merece conocerla”.
El informe comienza con una frase que pone en contexto 67 años de agresiones contra Estados Unidos. En una carta escrita en 1958 a su compañera Celia Sánchez, Fidel Castro expresó:
“Me juré a mí mismo que los americanos pagarían un alto precio por lo que estaban haciendo. Cuando esta guerra termine, una mucho más amplia y grande comenzará para mí. Será la guerra que voy a librar contra ellos. Me estoy diciendo a mí mismo que ese es mi verdadero destino”.
Las cartas estaban echadas. El odio es un arma extremadamente peligrosa, y más aún en manos de gente malévola como Fidel Castro y sus cómplices.
Para 1966, Fidel Castro ya había establecido vínculos con organizaciones terroristas de izquierda en África, Europa, Asia, Medio Oriente, Centroamérica y Sudamérica. El informe identifica a cada una de ellas. La Conferencia Tricontinental celebrada en La Habana fue el evento que proyectó la doctrina del tercermundismo a escala global. Más de setenta organizaciones extenderían el terrorismo revolucionario por distintos continentes.
Mientras los cubanos ya padecían la libreta de racionamiento, el padrino del terrorismo internacional destinaba los recursos del país a su visión mesiánica de enfrentar a Estados Unidos. La Habana se convirtió en un centro internacional de entrenamiento para guerrillas y grupos radicales.
A partir de entonces, Fidel Castro intervino, de una u otra forma, en prácticamente todos los países de América Latina según un memorando de inteligencia de septiembre de 1971. Paralelamente, al exportar la revolución, también fortaleció sus vínculos con grupos radicales dentro de Estados Unidos.
Uno de los capítulos más perturbadores del informe es el dedicado al espionaje. Su recorrido comienza en Bahía de Cochinos y llega hasta nuestros días. Describe la infiltración en las universidades, las campañas de desinformación, el entrenamiento de terroristas palestinos y toda una infraestructura antiestadounidense desarrollada con el apoyo de Moscú. El relato alcanza casos contemporáneos como Ana Belén Montes, Manuel Rocha, Kendall Myers y la Red Avispa, responsable del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en espacio aéreo internacional, hecho en el que asesinaron a ciudadanos estadounidenses.
El capítulo dedicado al llamado "turismo revolucionario" sostiene, citando un memorando de un funcionario del Departamento de Estado, que muchos de los líderes de disturbios y movimientos radicales en Estados Unidos habían pasado previamente por Cuba. El ejemplo de la Brigada Venceremos ocupa un lugar central.
Mientras miles de jóvenes estadounidenses combatían y morían en Vietnam, la Brigada Venceremos llevaba estudiantes a Cuba bajo el pretexto de cortar caña. Sin embargo, el verdadero incentivo era el adoctrinamiento comunista y el entrenamiento impartido por instructores cubanos y miembros del Viet Cong. El propósito, según el informe, era fomentar la revolución dentro de Estados Unidos.
Entre las reclutadoras de la Brigada Venceremos en los años setenta figura Karen Bass, quien posteriormente fue congresista, hoy es alcaldesa de Los Ángeles y llegó a estar entre las tres finalistas consideradas por Joe Biden para la vicepresidencia, hasta que su historial de vínculos con Cuba volvió a ser objeto de escrutinio y evitó que llegara a ser la segunda figura de poder en Estados Unidos. También aparecen Antonio Villaraigosa, exalcalde de Los Ángeles, además de funcionarios del Departamento de Trabajo, dirigentes de organizaciones de abogados, integrantes de equipos de transición presidencial, el fundador de la revista Mother Jones, periodistas, editores, líderes sindicales y profesores de importantes universidades estadounidenses.
El informe también presenta una lista de fugitivos y criminales que encontraron refugio en Cuba. Entre ellos figura Assata Shakur, condenada por el asesinato de un policía en Nueva Jersey, quien logró escapar de prisión y obtuvo asilo político de Fidel Castro. Tras herir al agente, le disparó nuevamente, estilo ejecución cuando este ya se encontraba indefenso sobre el pavimento dándole el tiro mortal
El informe menciona asimismo que la excongresista Maxine Waters solicitó a Fidel Castro que no extraditara a Shakur, a quien calificó, no como una brutal asesina, sino como una "luchadora por la libertad". Añade que sectores del movimiento Black Power que optaron por la lucha armada, en contraste con la estrategia pacífica de Martin Luther King Jr., vieron en Cuba un modelo revolucionario. Citando a Stokely Carmichael, quien consideraba que la isla era "la luz de esperanza del hemisferio". También afirma que la influencia de Assata Shakur continúa vigente a través de organizaciones vinculadas a Black Lives Matter. El grupo “Hermanas de Assata” entrena a niños desde los 6 años en la lucha revolucionaria y a los 14 pasan a la Universidad Assata Shakur para convertirlos en activistas inspirados en una asesina convicta.
El informe extiende ese análisis a movimientos actuales como The People's Forum, Code Pink y Black Lives Matter, a los que vincula con la influencia ideológica del régimen cubano.
"El odio como factor de lucha", sentenció Ernesto Che Guevara, una frase que el informe relaciona con la declaración de Fidel Castro sobre la guerra que libraría contra Estados Unidos. Su conclusión es que Castro cumplió esa promesa. Durante 67 años, sostiene el documento, el régimen cubano ha desarrollado esa campaña mediante el apoyo a guerrillas, el entrenamiento de terroristas, el refugio a fugitivos, el espionaje y la construcción de redes de influencia en universidades, organizaciones civiles y otros espacios de la sociedad estadounidense.
Aun con una economía colapsada tras décadas de un sistema comunista corrupto, el informe sostiene que el objetivo del régimen permanece intacto: impulsar una revolución marxista enfrentada a Estados Unidos. Lo define como un ente ideológico, subversivo y parasitario, que hoy sirve de punto de convergencia para sentimientos antiestadounidenses y de plataforma para los intereses de Moscú, Pekín y Teherán.
Como era previsible, Cuba rechaza el informe que constituye la radiografía precisa de un régimen en crisis que se niega a reconocer su deterioro. No porque lo afirme el gobierno de los Estados Unidos, sino porque un país sin agua, sin electricidad y con una población sometida al hambre es el resultado de 67 años de marxismo impuesto por la fuerza.
El secretario de Estado Marco Rubio afirmó que el pueblo estadounidense merece conocer la verdad. Ahora, corresponde a Estados Unidos decidir cómo responder a un peligro que continúa latente a solo 90 millas de sus costas. Las 99 páginas del informe documentan un historial de agresión, terrorismo, espionaje y subversión que constituye una condena contra un régimen corrupto, criminal e inescrupuloso.