El tutelaje de Estados Unidos sobre Venezuela apenas comienza a remover el entramado de delitos construidos por el chavismo, utilizado para enriquecer a esa élite a la que solo interesa mantener el control del poder.
La banda que impulsó el chavismo
Por eso me anoto entre las que necesita constatar con alguna evidencia genética que Héctor Guerrero Flores, el Niño Guerrero, está efectivamente fuera de combate, además de saber expelidos a los miembros del Tren de Aragua y ver estresados a sus cómplices del oficialismo que son muchos, por cierto
No hay hueso sano en esta madeja delictiva que ha operado por más de 20 años sin respeto a la ley, utilizando la justicia para doblegar a la población que impotente ante la amoralidad y maldad desatadas, se fue recogiendo, para lograr sobrevivir con dignidad.
Es una monstruosidad el daño infligido. Venezuela ha retrocedido. Los recursos naturales están devastados, los centros educativos han sido deliberadamente derruidos, la atención sanitaria y de salud es un lujo, mientras los espacios más hermosos terminan como patios de bacanales.
Han hecho de Venezuela una ruina en todos los sentidos.
Ahora se asoma una pequeña luz de esperanza. Y digo pequeña porque uno se ha acostumbrado a no creer, de buenas a primeras.
Por eso me anoto entre las que necesita constatar con alguna evidencia genética que Héctor Guerrero Flores, el Niño Guerrero, está efectivamente fuera de combate, además de saber expelidos a los miembros del Tren de Aragua y ver estresados a sus cómplices del oficialismo que son muchos, por cierto.
Luego del operativo llevado a cabo en el estado Bolívar con allanamientos de propiedades ha quedado comprobada la coincidencia de placeres entre la élite del régimen y los jefes de la banda. No hay mucha diferencia en los gustos excéntricos encontrados en una de las guaridas del Niño Guerrero y los caprichos exóticos de jefes del régimen. Saunas, discotecas, un pequeño zoológico, una arena para pelea de gallos (pasión compartida con Diosdado Cabello), todo blindado en una extensa red de cámaras de vigilancia, de manera que solo podían ingresar los invitados de los miembros de la banda, muchos de los cuales eran figuras del régimen, por supuesto.
En la continuación de mi escepticismo me gustaría desechar la idea de que el operativo recién ejecutado con tanto éxito termine en aquello donde parece cambiar todo, para no cambiar nada.
Porque al final, en Venezuela los grandes delincuentes, los violadores de los derechos humanos, los bandoleros sanguinarios son realmente quienes están en el poder. Así que no basta con bombardear una guarida, que bien gracias, pero en Venezuela hay que restablecer el estado de derecho.
Sin esa materia resuelta no vamos a avanzar y nuestro pueblo no tendrá paz.
En tanto el Tren de Aragua es importante terminar el trabajo, Me refiero a que sus cómplices civiles y militares que se han enriquecido durante más de 20 años deben responder ante la justicia.
Sabemos quiénes han protegido al Niño Guerrero. La mayoría controla hoy el poder en Venezuela. Y nada habrían hecho contra el Tren de Aragua de no haber intervenido Donald Trump.
Las actividades de esta banda criminal han sido múltiples y masivas, tanto, que se extendieron fuera de Venezuela. Y eso fue posible con complicidad interna. La banda del Niño Guerrero intentó reproducir fuera de nuestro territorio la red de delitos que, a partir de las cárceles, se extendió en una inmensa variedad de economías ilícitas, bajo el sello sanguinario que los hacía temibles. Así la red delictiva se fue expandiendo con la permisividad del régimen cuyos miembros en muchos casos, eran sus socios criminales.
Contó la banda con la complicidad en ministerios como el de Servicio Penitenciario y de Justicia, lo que les permitía tener control judicial y de las cárceles, (qué y quién entra y sale). La Fuerza Armada también fue penetrada, así como las gobernaciones de Aragua y Bolívar (que parece estar en jaque) entre otras bajo sospecha de que operaban como sus sucursales.
Así se extendió el Tren de Aragua hasta convertirse, como atinadamente precisó Transparencia Venezuela, en la organización criminal venezolana más grande y poderosa, con estructura jerárquica, armas de guerra, más de 4 mil hombres y con presencia en múltiples estados y países.
La variedad de los delitos de esa banda se paseaba por la extorsión, el cobro de vacunas, sicariato, homicidios, secuestros, trata sexual, tráfico de migrantes, narcotráfico, tráfico de armas, robo de vehículos, minería ilegal, lavado de dinero y control carcelario.
Sin embargo, este no es el fin del Tren de Aragua. La organización no solo dependía del Niño Guerrero quien preventivamente había diversificado la organización con lugartenientes, células nacionales, franquicias internacionales y alianzas locales. Por lo tanto, la banda criminal, igual como ha operado el narcotráfico, continúa activa aún después de la eliminación del líder y de los anuncios victoriosos del gobierno, porque los operadores económicos continúan con vida.
La intervención reciente de Estados Unidos ha sido sin duda definitiva y se agradece. Pero el monstruo construido con intereses dentro de quienes hoy están en el poder no tiene interés en suspender su lucrativo negocio.
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