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La dignidad de Vargas Llosa

El novelista se irguió como un constante crítico del régimen cubano en distintos foros internacionales

En un reciente artículo del poeta cubano Raúl Rivero, exiliado en España, el mismo hace un merecido reconocimiento al destacado novelista Mario Vargas Llosa, no sólo como gran escritor (Premio Nobel 2010), sino además por su inclaudicable batalla contra todas las formas de dictadura u2013desde luego, en especial la que sufre el pueblo-, y su defensa de la libertad y la democracia; y de aquéllos que, por luchar por dichos valores en cualquier parte del mundo, son víctimas de la represión, como las Damas de Blanco, en Cuba, y Liu Xiabo, en China. n

Como la mayoría de los escritores e intelectuales u2013señala el artículo antes aludido-, Vargas Llosa u201cse acercó con curiosidad y simpatía u201d al asomo de la mal llamada revolución cubana, en sus días iniciales. Pero enseguida, ante la realidad dictatorial del Gobierno castrocomunista, Vargas Llosa se apartó definitivamente de aquel proceso, y se irguió como un constante contradictor de aquel gobierno, en los distintos foros internacionales en los que ha participado durante años. Más aún, ha denunciado la indolencia y complicidad de gobiernos e intelectuales que, en lugar de defender a los que en Cuba y en el exilio han luchado por la libertad y la democracia para nuestro país, y han sido víctimas de la represión, la cárcel y la muerte, lo que han hecho es apoyar a los verdugos y no a sus víctimas. n

Es importante resaltar este hecho, para que no se quede en el rincón del olvido de la historia. La fascinación y el engaño que el Gobierno castrocomunista ejerció sobre gran parte de escritores e intelectuales, llevó a aquéllos a la indigna complicidad con la más prolongada y sanguinaria dictadura de nuestro Continente. n

Como ante un espejismo, en verdad erotizante, muchos intelectuales imaginaron que estaban ante un fabuloso mecenas contemporáneo, y que en su anunciada u201crevolución cubana u201d iban a encontrar respaldo material y condescendencia ideológica; y que, por otro lado, les propiciaba una indirecta venganza histórica contra los Estados Unidos, con Castro en su histriónico papel del pequeño David frente al gigante del norte. n

En esa tela de araña del compromiso, cayeron u2013o quisieron caer- muchos intelectuales, bajo el temor y la indignidad que los llevaba a la complicidad, ya por la alabanza al régimen, ya por el silencio cómplice. n

Al desengaño de tan onírica ilusión los llevaba, al cabo, el propio dictador cuando, en unas famosas palabras a los intelectuales al comienzo de la década de los 60, donde les planteó que en el paraíso castrocomunista, se permitiría todo lo que estuviera dentro u2013o sea, a favor- de la revolución; pero fuera de ésta u2013o sea, en su contra- nada estaría permitido. n

Había que tener valor intelectual para enfrentarse a ese desenlace, y romper lanzas a aquel sistema político, que así se desenmascaraba. Muy pocos lo hicieron; la mayoría se dio a la genuflexión (por acción u omisión) y así mantener la credencial de seguir siendo revolucionarios o progresistas. n

Mario Vargas Llosa, como señala en otras palabras el artículo de Raúl Rivero, u201cse distanció para siempre del régimen u201d. Y desde entonces nunca ha dejado de esgrimir la noble bandera de la libertad y la democracia para Cuba, por lo que han luchado miles de cubanos, tanto inicialmente enfrentándose a la represión policial, la cárcel y el paredón de fusilamiento; como la más reciente forma de lucha no violenta por los derechos humanos y la institucionalidad cubana. n

Cabe, finalmente, señalar que frente a la falta de dignidad de tantos escritores e intelectuales, simpatizantes, colaboradores y cómplices de la larga tiranía castrocomunista, hay que señalar junto a Vargas Llosa, algunos otros escritores no cubanos que han tenido la dignidad de defender a contraviento la causa de la libertad y la democracia para Cuba, como han sido Octavio Paz, Jorge Edwards, Roberto Ampuero, Carlos Monsivais, entre otros pocos. Y es de justo agradecimiento mencionarlos junto a Vargas Llosa y situarlos en esta pequeña galería de la dignidad, para el recuento de la historia.
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