Mucho se ha hablado de cómo las nuevas plataformas sociales están desplazando a los medios de comunicación tradicionales e incluso de que el apoyo ciudadano a la libertad de prensa está lejos de ser absoluto aun cuando se considere importante, según un nuevo estudio del Pew Research Center en el marco de la iniciativa Pew-Knight.
¿La libertad de expresión en peligro de extinción?
A pesar de la consagración de la libertad de expresión como pilar democrático, el veto de la Casa Blanca a medios de comunicación plantea interrogantes sobre su futuro.
Sin embargo, no se puede obviar que la vinculación entre democracia y libertad de expresión es histórica y sine qua non, y que se remonta a finales del siglo V a. C. en tiempos de la antigua Atenas.
Tras la Segunda Guerra Mundial, fue formalmente consagrada como requisito fundamental para todas las sociedades modernas, aunque el mundo este cuestionando actualmente las viejas estructuras.
¿Eso incluye también a la democracia y sus valores tradicionales?
Comúnmente se ha considerado que la libertad de prensa está para servir a los gobernados y no a los gobernantes.
El argumento es que una prensa libre proporciona datos veraces y diversas perspectivas que la sociedad civil necesita para participar en la vida pública, promueve la protección de los derechos, favorece la diversidad de puntos de vista y evita que el Estado controle la información, al fomentar un debate público abierto.
Siendo así, en una democracia, no debería haber debate sobre la importancia de la libertad de prensa en sí.
En Estados Unidos, está protegida por la Primera Enmienda de la Constitución, por lo que no hay lugar, ni legal ni de otro tipo, para confusión ni desacuerdo.
Sin embargo, muchos de los principales medios de comunicación en el país advierten que la propia Casa Blanca cuestiona este derecho fundamental con demasiada frecuencia, en referencia al último incidente, cuando el presidente Donald Trump vetó el acceso de CNN, MSNBC y Político a sus ruedas de prensa, alegando que todos ellos eran culpables de difundir noticias falsas.
Las organizaciones llevaron el caso a los tribunales y un juez federal levantó temporalmente la prohibición, dictaminando que la decisión de la Casa Blanca casi con toda seguridad violaba la Primera Enmienda.
Aunque los periodistas de estos tres medios recuperaron sus credenciales para acceder a 1600 de la Avenida Pennsylvania, se les impidió asistir a la ceremonia de la cumbre entre Trump y el presidente chino Xi Jinping el jueves pasado. Otros grupos mediáticos declinaron televisar el evento en solidaridad con sus colegas vetados.
El mandatario respondió que el acceso a la Mansión Ejecutiva es un privilegio, no un derecho. La implicación era que, si los periodistas informaban sobre acontecimientos más allá de la versión oficial, dicho privilegio debía ser revocado.
Es cierto que no es la primera vez que esto sucede, pues presidentes anteriores han tenido enfrentamientos con la prensa.
Durante la administración de Barack Obama, por ejemplo, el gobierno intentó excluir a Fox News de una entrevista conjunta con un funcionario de la administración, pero tras la objeción solidaria de otros miembros del grupo de prensa, Fox News fue incluida.
Richard Nixon, por su parte, llegó a incluir a ciertos periodistas en listas de "enemigos", restringiendo su acceso y cancelando las suscripciones de la Casa Blanca a determinados periódicos, pero no impuso prohibiciones físicas generalizadas.
Igualmente, el presidente John F. Kennedy también expresó frustración con periodistas específicos, llegando a cancelar suscripciones al New York Herald Tribune; sin embargo, la administración Trump dejó claro desde el principio que los periódicos o cadenas con opiniones que consideraba liberales no merecían el mismo trato que los medios más conservadores, dispuestos a alinearse con la postura del gobierno o, en otras palabras, están conmigo o están contra mí.
Vetar a periódicos y cadenas de televisión en la Casa Blanca no obligará a editores y directivos a cambiar repentinamente de opinión ni a volverse partidarios políticos de Trump.
Es claro que, en una democracia sana, la libertad de prensa implica que la información no sea difamatoria, discriminatoria ni intencionalmente maliciosa; por lo demás, la Constitución permite expresar libremente todas las opiniones y puntos de vista.
Cuando el mandatario arremete contra un periódico o una cadena de televisión por difundir noticias falsas, lo que realmente quiere decir es que no le gusta lo que informan.
Es conocido que el presidente Trump ha mantenido una relación notoriamente tensa y conflictiva con los principales medios de comunicación, calificando con frecuencia a varias organizaciones informativas de "difusoras de noticias falsas" o "enemigas del pueblo", e incluso recurriendo a insultos personales para atacar a profesionales de la prensa por formularle preguntas críticas.
Pero las noticias negativas no son lo mismo que las noticias falsas.
Los medios no están para alinearse con los puntos de vista del gobierno, por lo que la solución no es impedir a los periodistas hacer su trabajo.
NULL
