Una semana después de posesionarse como nueva jefe de Estado electa por arrase, los vertiginosos acontecimientos la colocaron a punto de fractura, pese a su reconocida condición de mujer con temple de acero.
La semana después
El sectarismo desbocado es el enemigo número uno de todo gobierno que se pretenda democrático. Para que sea el lector el que dictamine si el caso objeto del presente relato, fue la excepción de tal regla, transcribimos el pliego correspondiente
El sectarismo desbocado es el enemigo número uno de todo gobierno que se pretenda democrático. Para que sea el lector el que dictamine si el caso objeto del presente relato, fue la excepción de tal regla, transcribimos el pliego correspondiente:
—Compañera Presidenta, con el debido respeto, en mi carácter de Secretario General de nuestro glorioso partido, le exigimos, que antes de su juramentación, porque el que madruga Dios lo ayuda, anuncie formalmente, que como mínimo, 20 de nuestros compañeritos van a ser nombrados titulares de igual número de ministerios.
El dilema era hamletiano: O se imponía la pulcritud a rajatabla prometida en la campaña electoral o se imponía el más de lo mismo, de modo que el naciente gobierno constitucional, se vería condenado a chapotear, la misma charca, de las tres administraciones que la habían precedido. Como “Partido político que no se divide, no es partido político” aquel nuevo período constitucional se inició con el consabido quiebre de la unidad, que perturba el ánimo de todo jefe de Estado.
¿Constituyó ingenuidad mayúscula aceptar elecciones, nada más, que para elegir a un nuevo presidente o presidenta de la República y con ello, dejar intactos los demás focos infecciosos, enquistados en el resto de los Poderes del Estado?
Veamos:
El Contralor General, ilustre desconocido para la ciudadanía salió de su anonimato con el anunció de una avalancha de investigaciones contra la novísima Presidenta por la presunta malversación de fondos públicos. El Tribunal Supremo de Justicia, encabezado por un akelarre de señoronas, la Fiscalía General, la Defensoría del Pueblo, así como varias subcomisiones del coludido parlamento, al unísono, agendaron sendas mociones de censura y subsiguientes remociones de la nueva jefa de Estado, por el supuesto incumplimiento de sus funciones elementales. A saber: no izar la bandera los días feriados y de fiesta nacional; no cuadrarse ¡atención firrr…!, ante los compases del “Gloria al Bravo Pueblo” o cualquier himno parroquial. O calificar de cipayos, a quienes, a lo largo de 27 años, se les arrodillaron, primero, a la parasitaria narcotiranía cubana y posteriormente, por colocarle en decúbito ventral ante el vituperado Imperialismo yanqui. Lo que no explicaron esos implacables Savonarolas, cómo pudo una persona, incumplir sus funciones de Presidente de una nación, antes haber tomado posesión legal de las mismas.
El sector más oportunista de aquellas mismas mafias enquistadas en la administración pública resultó más desestabilizador que quienes se habían propuesto boicotear abiertamente a la Primera Magistratura todavía por estrenarse. Para un caso extremo de vergüenza ajena, traigamos el ejemplo del ofrecimiento del Hombre, de poner su Mazo Dando al servicio de la nueva jefa de Estado. Todo vale, para no ser deportado o extraído cuál el más ladrón y violador de derechos humanos, de todos los reclusos de la Metropolitan Detention Center de Brooklyn. Desconocemos la respuesta a tal ofrecimiento. Pero cualquiera que haya sido la comprenderíamos, conforme a la máxima: “Desprecia al traidor, pero aprovéchate de su traición”.
Para liberarse de semejantes amarras, la nueva Presidenta analizó tres alternativas, totalmente diferentes.
La cohabitación “democrática”, la primera, muy a duras penas, con un sector empeñado, en seguir cometiendo en la oposición, los mismos crímenes que perpetró en sus 27 años de desgobierno.
La segunda: Convocatoria para proveer todos y cada uno de los cargos discernibles vía votación popular y con ello, ejecutar una limpieza general de aquella chusma moral que los usurpaba.
Y la tercera, que denominaremos “Operación Bukele”, vale decir, cortar por lo sano con la construcción de una mega cárcel nacional para alojar, preventivamente, a todos los sospechosos de delitos graves en estos últimos 27 años, en espera de ser sometidos a juicio justo, con respeto a sus derechos fundamentales.
¿Cuál les parece más misericordiosa, a las señoras lectoras y a los señores lectores?
@omarestacio
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