La historia de la Torre de Babel aparece en el libro del Génesis en la Biblia. Consumidos por el miedo, los sobrevivientes del gran diluvio decidieron construir una torre tan alta y colosal que llegaría hasta el cielo. La respuesta de Dios fue tajante: hizo que todos hablaran distintos idiomas, lo suficiente para que no se entendieran entre sí y no pudieron terminar la obra.
La torre de Babel
“Es riesgoso vivir aquí” – desde Cuba, el Sacerdote Castor Álvarez Devesa
Algo parecido está pasando en Cuba. La inepta dirigencia que ha llevado al país a la bancarrota, en su afán de alcanzar el cielo —no porque sean piadosos, sino porque creen que de los escombros se puede llegar a la cima construyendo una torre de mentiras tan alta como la de Babel— ha terminado atrapada en sus propias contradicciones.
No hizo falta que Dios interviniera. Todos han comenzado a hablar un idioma distinto y el mensaje se ha perdido en un laberinto de mentiras y engaños.
Un buen día, Díaz-Canel reúne al Consejo de Estado para anunciar que están sosteniendo conversaciones con Estados Unidos sin renunciar a los principios de la Revolución. Lo entrevista un medio en inglés y le repite lo mismo, el periodista insiste, ¿pero ha hablado usted con Marco Rubio? “No yo no”, respondió Díaz-Canel. Poco después llegan nuevas sanciones contra él, contra la primera compañera, Lis Cuesta, y contra su hijo, Manuel Anido.
Luego se filtra que "El Cangrejo", el nieto favorito de Raúl Castro era el interlocutor oficial del régimen y el imperio. Todo esto mientras el régimen ha dicho que las conversaciones están paralizadas.
En el afán de buscar dólares, anunciaron la apertura del país a la inversión extranjera, como si antes no hubiera existido. Solo que esta vez la iniciativa se presentó como algo mucho más novedoso: implicaba que las víctimas regresaran a invertir para salvar a sus victimarios.
Entonces desempolvaron al hasta entonces poco conocido sobrino nieto de los Castro, Óscar Pérez Oliva-Fraga para decirnos, con voz calmada y rostro sereno, que las puertas estaban abiertas para que los cubanos en el exterior abrieran sus cuentas bancarias e invirtieran su dinero en Cuba. Con qué garantías, nunca dijo. Tampoco ofreció detalles, pero es de suponer que se refería a quienes durante décadas llamaron "escoria" y "gusanos"; a quienes les confiscaron sus bienes, encarcelaron o fusilaron a sus familiares, expulsaron del país o nos pusieron en la lista de terroristas.
No tardó Díaz-Canel, esta vez con un semblante mucho menos sereno, en advertir que nadie se equivocara: Cuba no regresaría al capitalismo.
Entonces, ¿cómo se llaman todos los nuevos negocios, incluidos los que hace años pertenecen a GAESA, la empresa propiedad de la familia Castro?
Poco después apareció Sandro Castro, otro nieto con botella de cerveza en mano, concediendo una entrevista al corresponsal de CNN en La Habana, donde criticó abiertamente a Díaz-Canel y afirmó que gran parte de la situación actual era consecuencia de su mal trabajo.
Más tarde, "El Cangrejo" concede una entrevista al diario USA Today y deja claro que él es el designado para dialogar con Donald Trump porque, según afirma, así lo decidió su abuelo, de quien hace tiempo nadie escucha una declaración pública. Algunos se escandalizan y hablan, de manera críptica, sobre la grandeza de la diplomacia revolucionaria, ¿preguntándose cómo es posible que un joven que disfruta de lujos impensables para la mayoría de los cubanos asegure que vive gracias a los regalos de amigos adinerados y admiradores?
Díaz-Canel se apresura a acudir de madrugada al aeropuerto para recibir a Bruno Rodríguez de regreso de Naciones Unidas, felicitarlo y llamar a la unidad. Felicitarlo por el rotundo fracaso en una reunión, donde por mucho que quieran hacer creer que fue un éxito, ahí están los votos en contra y las abstenciones de antiguos aliados. Un derroche de dinero innecesario para una votación que no es vinculante. Por su parte, Marrero Cruz en medio de críticas internas sobre el nuevo e improvisado líder, emite una declaración que no deja claro si condena o respalda a "El Cangrejo": ni sí ni no; todo lo contrario.
La mejor fue la embajadora de Cuba en Uruguay cuando le preguntaron en una entrevista cuál era el papel de "El Cangrejo", y respondió con una sonrisa nerviosa y un gesto de sorna:
—“Bueno, él es el custodio del abuelo. Así lo conoce el pueblo. Ese es su papel: liderar la seguridad del abuelo y nada más. Lo que lean en la prensa es un show mediático. Él no ocupa ningún otro cargo de gobierno. Muchas de las especulaciones en las redes sociales son medias verdades y manipulaciones.”
Hoy dicen una cosa y mañana otra. La única realidad es que no muestran el menor respeto por un pueblo al que aplastan y reprimen a diario. Las compañías españolas y canadienses abandonan el país, no hay turismo, los hoteles permanecen vacíos y, aun así, intentan convencer a la población de que llegarán nuevos inversionistas.
También presentan como grandes victorias acontecimientos que, para muchos, no cambian el miserable día a día de los cubanos.
Ese es el futuro que ofrecen quienes viven como capitalistas mientras defienden un sistema que, según afirman, combate el capitalismo. Un futuro en el que unos pocos continúan enriqueciéndose mientras la inmensa mayoría sobrevive entre penurias y carencias. Una cúpula que defiende a la mafia de la familia de los Castro, los ayuda a acumular más fortuna mientras ellos reciben prebendas y una cuota de poder limitada.
¿Y al cubano qué? ¿Qué futuro les espera a ellos y a sus hijos? ¿Qué control tienen sobre ese destino mientras sigan siendo rehenes de un sistema que muchos consideran indiferente al bienestar de la población?
Hay que tomar las riendas del mañana. Mirarlo con optimismo. Pensar que las dificultades no pueden destruirnos, por el contrario, nos hacen más fuertes, pero no tan fuertes como para olvidar buscar a Dios y pedirle que con su ayuda y con la de todos los cubanos de buena voluntad podamos encontrar la salida de este largo y oscuro laberinto.
No perdamos la fe. Cuba será libre. Que no lo dude nadie.
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