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Legítima defensa y otros demonios

Desde estas páginas hemos defendido el derecho a portar armas, protegido por la Segunda Enmienda. Pero de ahí a la expedición, en 2005, de la ley"Proteja su territorio" (Stand Your Ground) ha habido un gran trecho que deja varias lecciones, algunas de ellas dolorosas. n

Existen serias investigaciones que demuestran que delincuentes de todos los pelambres han aprovechado la norma para justificar sus crímenes con el escudo de la legítima defensa. Los que están a favor de la norma alegan que una cosa es que los malhechores intenten manipularla y otra muy distinta que tengan éxito en su propósito. nPero nadie duda de que la Florida es uno de los estados con mayor índice de gente que porta armas cortas y largas, y en cantidades que van más allá de la supuesta necesidad de defender el patrimonio o la vida.

En ese ambiente, en el que no siempre son los más equilibrados y sensatos los que cargan un revólver o un fusil de largo alcance, la ley"Proteja su territorio" le puede echar más leña al fuego, cuando es claro que en la Florida, por ejemplo, no establece límites geográficos para que alguien que vea en peligro su integridad, utilice la fuerza"de manera proporcional" a la amenaza.

La posible víctima tiene el derecho de responder al ataque de un intruso en la intimidad del hogar, en un estacionamiento público o en cualquier calle. nEl tema de fondo aquí no sólo es una ley que, en su práctica cotidiana, ha generado resultados debatibles y, en todo caso, contradictorios, sino el del control necesario de las armas, en un país en el que las matanzas, perpetradas por desequilibrados mentales o criminales de oficio, ya son pan de cada día sin que exista una verdadera voluntad política para atajar este demonio que ha producido tanto dolor.
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