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Observando a Panamá

Se dice que esta campaña y la elección serán históricas, por resultar casi imposible predecir la victoria de alguno de los tres candidatos con mayores posibilidades

El domingo 4 de mayo se realizan elecciones en Panamá, sitio de destino y refugio de miles de venezolanos quienes han emigrado buscando el sosiego del que carecen; pero que también, por ser uno de los ejes financieros más liberales, ha sido el receptáculo de otros compatriotas que medran a la sombra del régimen chavo-madurista y buscan protegerse hacia el porvenir. n

Sea lo que fuere, Panamá es parte del corazón de nuestra historia, como parte de la Colombia que también nos integrara y luego sede del Congreso Anfictiónico que convoca Bolívar y al que no puede asistir. Es el punto focal de una relación de cooperación bilateral estimulada por Marcos Pérez Jiménez bajo una regla de oro que hizo valer por tener a Venezuela como su primer compromiso, a saber, apoyar el desarrollo económico panameño a través de empresas venezolanas que Panamá se comprometía contratar para acceder a nuestros recursos fiscales. Finalmente, durante la democracia, Carlos Andrés Pérez empuja junto a Carter la afirmación de la independencia plena de Panamá, con el rescate del Canal interoceánico, base de su economía. n

Tres opciones tienen la opción electoral -además de llenar los espacios de las representaciones a los órganos deliberantes- y las tres se encuentran en empate virtual. Las encuestas no siempre aciertan, pero todas a una le dan una preferencia tímida a José Domingo Arias, oficialista, abanderado de Cambio Democrático, una agrupación nueva de corte conservador y liberal que conduce el mandatario Ricardo Martinelli. Le sigue al lado Juan Carlos Navarro, del histórico partido torrijista PRD, social-demócrata. Y aparece luego, con décimas de separación, pero que según sus sondeos estaría punteando, Juan Carlos Varela, exvicepresidente de Martinelli, quien rompe con éste como lo hizo Santos en Colombia con su progenitor Uribe. Le apoyan el Partido Panameñista, de la expresidenta Mireya Moscoso -quien en lo personal sigue a Martinelli- en dupleta con el Partido Popular, social-cristiano. Finalmente, sin opción aparente, pero con una militancia de base sindical importante, está Genaro López, del Frente Amplio para la Democracia, una organización que, según éste lo confiesa, es cristiana, pero comunista como Cristo; confiesa tener proyecto propio, pero admira al chavo-madurismo venezolano. n

Se dice, y algunos opinan, que esta campaña y la elección serán históricas, por resultar casi imposible predecir la victoria de alguno de los tres candidatos con mayores posibilidades. Sobre todo se afirma que, más que una campaña, ha sido un torneo de ofensas y descalificaciones, sin contenido programático o de ideas, mediando el ventajismo gubernamental hasta última hora, pues se encontraría en juego el control de un"negocio político", de un país con una tasa de crecimiento envidiable y sueña afirmarse como parte del primer mundo. Sin embargo, hay coincidencia entre los candidatos en cuanto a la necesidad de construir un nuevo pacto social y constitucional que permita que ese Tokio latinoamericano que emerge y ya lo pueblan rascacielos, drene hacia los sectores más necesitados y de elevada pobreza que se encuentran a dos kilómetros de la capital, sobre todo, rescatando de la exclusión a sus comunidades indígenas originarias, y devolviéndole la fortaleza a sus desajustadas instituciones democráticas.
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Serán 2.477.401 panameños los habilitados para el voto en 6.330 mesas repartidas en todo el territorio y alrededor de unos 2.700 centros electorales. Y cuenta un detalle que sorprende, como lo es la disposición tradicional de éstos para el ejercicio del voto. Es normal que acudan al sufragio casi el 75% de los votantes inscritos en el Registro Electoral. Y la votación, como siempre, será manual, apoyada electrónicamente; pues aquí, al igual que en Alemania, se sostiene que el acto de votación debe ser tan simple que el votante, sin necesidad de formación especial, pueda realizarlo sin sentirse presa del andamiaje tecnológico que le complica la vida, incluso, a matemáticos e ingenieros de computación y sistemas. En suma, se entiende que el momento más democrático del ciudadano no puede ser secuestrado por una aristocracia digital. Aún así, la transmisión de la data y los resultados, eso sí, contarán con todo el andamiaje de modernidad posible y tendrá como residencia el impactante recién inaugurado palacio del Parlamento Latinoamericano, que compite con la magnificencia del Tribunal Electoral, en quien todos confían.
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Panamá aspira vivir el siglo XXI y ser el eje comercial más importante del mundo, aun cuando, para facilitar la observación y vigilancia electoral, sus autoridades han dispuesto 683 caballos, 46 pangas, 76 botes y 62 piraguas. Observamos, en fin, un sincretismo irrepetible entre la Guerra de las Galaxias y el Realismo Mágico.

* Exjuez de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos
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