"Estamos haciendo un análisis exhaustivo de todos los antecedentes del ordenamiento en qué nos pudimos equivocar".
Pronóstico: nublado
La llegada del 2024 ha inundado las redes sociales con una campaña publicitaria sobre los 65 años de la revolución cubana
Miguel Díaz-Canel
La llegada del 2024 ha inundado las redes sociales con una campaña publicitaria sobre los 65 años de la revolución cubana. Con el hashtag “Esta es la Revolución”, el régimen de los Castro se ha tratado de reinventar en medio de su peor crisis económica.
El que vea las imágenes pensará que ha entrado en el Twilight Zone, aquel programa televisivo pionero en la ciencia ficción donde pasaban las cosas más insólitas. Independientemente de la decadencia de las imágenes de Raúl y Fidel Castro, Ramiro Valdés y el inepto de Miguel Díaz-Canel, aparecen rostros felicísimos. Se ve a una sonriente izquierdópata con el nombre de Fidel en la frente, otros marchando como si no existieran problemas en el país y confiados que la dirigencia del partido del día a la noche resolverá las carencias, la falta de esperanza, de libertad y el duro golpe de casi medio millón de cubanos que abandonaron el país en los últimos dos años, asestando un duro golpe a la dolorosa separación familiar que ya lleva décadas padeciendo la nación cubana.
Aun así, la campaña del aniversario 65, como diría mi abuela, carece de substancia. Los cortos mensajes hablan de un triunfalismo inexplicable, de cómo han prevalecido (por el terror y la fuerza, vale agregar) y todavía 65 años después y al borde del abismo, siguen aferrados a la verborrea de Fidel Castro en una aguda crisis de necrofilia tropical. El mítico Macondo se torna coherente ante la propaganda de la agonizante revolución cubana.
El problema radica principalmente en pensar que con Joe Biden en la Casa Blanca, se acabaría el embargo, al menos eso le hicieron creer sus apologistas en Washington que vendieron las Mipymes como un maquillaje que escondería las arrugas del marxismo y el control de los militares. Los nuevos usureros que venden a precios que solo puede pagar la cúpula y los turistas eran la nueva Cuba empresarial que traería libertad y les cancelaría la poca codiciada membresía en el exclusivo club de la lista del Departamento de Estado Norteamericano de países que auspician el terrorismo, donde Cuba figura junto a Irán, Siria, y Corea del Norte.
Pero el 2023 dio muestra de no solo un éxodo masivo para presionar a la Administración Biden, también de las billonarias ganancias, a pesar del lamento del embargo, por la venta de visas y coordinación con los carteles mexicanos para el paso de migrantes por la peligrosa, pero lucrativa selva centroamericana.
Como vínculo directo al terrorismo, Cuba se vio obligada a declarar públicamente su lealtad no solo a países terroristas, sino a las organizaciones financiadas por ellos. Se conoció que el embajador cubano en el Líbano se había reunido con dirigentes de Hamás unos meses ante de la brutal masacre del 7 de octubre. Fue arrestado Manuel Rocha, un exembajador que espiaba para Cuba en las más altas esferas del gobierno americano durante 41 años, quien tras su retiro del cuerpo diplomático se convirtió en asesor del general a cargo del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Si eso no fuese suficiente para el mundo bizarro del Cartel de La Habana, se descubrió que Leonard Francis, el peón utilizado en la devolución de Alex Saab, había pagado la jugosa suma de dos millones de dólares para obtener refugio en Cuba, mientras huía por haber sobornado a oficiales de la Marina de Estados Unidos.
Cuando les hizo falta se lo entregaron a Nicolás Maduro y el bribón está en una cárcel federal esperando sentencia. Argentina denunció la presencia de agentes provocadores en su territorio para obstruir el resultado de la elección de Javier Milei justo cuando el director del Consejo de Inteligencia Nacional, conjuntamente con la Agencia Central de Inteligencia, el Buró Federal de Investigaciones, Homeland Security y el Departamento de Justicia hicieron público un informe del Director sobre las amenazas foráneas en las elecciones del 2022 en Estados Unidos.
En el informe que aún contiene grandes porciones que permanecen clasificadas figuran Rusia, China, Irán y, por supuesto, Cuba. Irónicamente las páginas pertenecientes a Cuba están mayormente censuradas al público, al menos por el momento. Lo que sí se sabe es que según el informe: “Cuba intentó erosionar los prospectos electorales de congresistas específicos, además de otros políticos y funcionarios a los que percibía como hostiles".
Estos esfuerzos iban dirigidos a avanzar sus objetivos políticos, como que “les levantaran sanciones, restricciones de viajes y la designación dentro de la lista de Estados que Auspician el Terrorismo”. Por supuesto que los congresistas cubanoamericanos eran el blanco. La causa es aún mucho más reveladora según el informe: La Habana nos ve a los cubanoamericanos en Miami con una desproporcionada influencia en la formulación de la política de Estados Unidos hacia Cuba.
De ahí, la creación de una invasión a Cuba. Solo que el cacareado plan consistía de un llanero solitario de moto acuática que llegó armado a las costas cubanas y, por supuesto, la lista de exiliados designados como terroristas publicadas en la Gaceta Oficial del Ministerio de Justicia cubano con ridículas explicaciones en la prensa oficialista de fiscales y coroneles del Ministerio del Interior con caras serias amenazando con posible extradición a quienes somos ciudadanos americanos.
Otra de las tácticas de los sicarios de La Habana, según el informe, era el contenido denigrante de los que denunciamos a diario sus abusos. Para eso utilizaron y crearon estrechos vínculos con medios de prensa y así llevar a cabo la miserable labor difamatoria más allá de las fronteras de la desprestigiada prensa oficialista cubana.
Ahora es mucho más fácil entender los viciosos ataques para desacreditar a la prensa hispana conservadora de Miami con la excusa de la desinformación. Así vimos campañas creadas en agencias publicitarias de personajes a los que los demócratas les otorgaban jugosos contratos para llevar a cabo la miserable misión. Todo se les vino abajo. Han entrado en el 2024, con mucha propaganda generada por los ciberclarias del Ministerio del Interior, pero con pocos resultados en el mundo exterior.
Esta es la que proclaman a los cuatro vientos. ¿Cuál, la que fabrica hoteles de lujo con 14 restaurantes en un país hambreado y sin turistas? ¿La que mantiene más de mil presos políticos por reclamar pacíficamente libertad? ¿La que importa autos de lujo para sus dirigentes y modernos vehículos para la policía, pero carece de ambulancias para la población? ¿En la que sus ministros se ven obligados a decir públicamente que la escasez es porque no hay peces en el mar? ¿En la que su presidente ofrece como solución que el limón es la base de todo para después decir que tras años de ordenamiento no hay limones, tienen que importar el azúcar y no han resuelto un solo problema?
A pesar de las consignas e imágenes generadas por la inteligencia artificial, a los 65 años de la agonizante Revolución Cubana no hay mucho que celebrar. Los Piratas Mala Pata del Caribe lo saben. Con una sola frase, lo resumió magistralmente el presidente de la Asamblea del Poder Popular, Esteban Lazo: "Tamos Estancao".
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