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OPINIÓN

¿Qué piensa ahora Trump de Putin?

A la luz de la divergencia de opiniones entre Moscú y Lonndres, ¿Tendrá esta nueva situación algún impacto en la opinión de Trump acerca de Putin?
Por SONIA SCHOTT

En una reciente entrevista el periodista y escritor Bob Woodward sostuvo que durante los dos años que investigó el diario quehacer en la residencia oficial y principal centro de trabajo del presidente de los Estados Unidos, para redactar su libro Miedo: Trump en la Casa Blanca, no encontró ninguna evidencia de colusión entre el presidente Donald Trump y Gobierno ruso.

De igual manera, la abogada Lisa Page, quien fuera señalada junto al exagente del FBI Peter Strzok por sesgo político, luego de un intercambio de textos privados en los que atacaba al mandatario estadounidense mientras lo investigaban, por presunta conspiración con Rusia para ganar las elecciones, dijo hace poco ante un comité del Congreso que el FBI tampoco tenía pruebas de algún complot cuando el fiscal especial Robert Mueller fue nombrado para indagar sobre el llamado Rusiagate.

Puede que estas declaraciones representen una buena noticia para el actual inquilino de la Casa Blanca, sin embargo, si continúa pensando en establecer buenas relaciones con el líder ruso Vladimir Putin, Trump tendrá que enfrentar nuevos dilemas.

Y es que hace unos días, el gobernante ruso hizo una extraña declaración en la que parecía burlarse de uno de los aliados más cercanos de Washington y que provocó la condena de líderes occidentales.

Putin afirmó que los dos oficiales de inteligencia militar rusos, identificados y acusados por la policía británica como autores del intento de asesinato de un exespía ruso, en la ciudad de Salisbury, eran turistas y no criminales.

Entretanto, los dos presuntos responsables, Alexander Petrov y Ruslan Bashirov, que fueron captados por la televisión china CCTV, pasando por la casa de Sergei Skripal, el ex spía ruso que trabajaba como doble agente para la inteligencia británica MI6, mantienen que son inocentes.

Desde que la policía británica reveló los nombres de los dos sospechosos, que identificó como miembros del Glávnoye Razvédyvatelnoye Upravlenie (GRU),o Departamento Central de Inteligencia Rusa, y rastreó sus movimientos después de llegar a Londres procedentes de Moscú, días antes del incidente, Putin continúa negando cualquier vínculo y afirmando que se trata solo de civiles.

Esta aseveración ha sido recibida con indignación y rechazada categóricamente por Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Alemania.

A la luz de estos acontecimientos ¿Tendrá esta nueva situación algún impacto en la opinión de Trump acerca de Putin?

Es cierto que en el pasado, si encontraba justificación de interés nacional, Estados Unidos ha cortejado a líderes extranjeros cuyos gobiernos han cometido serias violaciones a los derechos humanos.

En la década de los años 1980, el líder iraquí Saddam Hussein fue considerado prooccidental, mientras su país estuvo en guerra con Irán.

Trump podría igualmente considerar que es mejor hacer negocios con Rusia que cerrar la puerta de la diplomacia.

A largo plazo esto puede ser conveniente, pero el ataque con la sustancia química mortal novichok en territorio británico, que ya ha ocasionado la expulsión de 60 diplomáticos rusos de Estados Unidos y el cierre del consulado del país euroasiático en Seattle, ha pasado ahora a una nueva etapa.

Es cierto que desde que Putin llegó al poder en 1999 ha habido intentos de acercamiento bilateral: el presidente Bill Clinton visitó Moscú en junio del 2000 y el gobernante ruso incluso propuso que su país se incorporara a la OTAN y poco después de que George W. Bush llegó a la Casa Blanca, Putin se reunió con él en Eslovenia en 2001, cuando el mandatario estadounidense dijo que miró a Putin a los ojos y divisó su alma. Putin también fue el primero en llamar a Bush cuando se produjeron los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.

Pero ahora, según los europeos, con Inglaterra a la cabeza, el mandatario ruso parece haberse burlado abiertamente de todos, incluido Estados Unidos, mientras el Gobierno británico mantiene que hay pruebas suficientes que apuntan al Kremlin.

Ante este panorama ¿Será posible que Trump renueve su invitación a Putin para una cumbre en Washington?

Si es renovada, sería el equivalente a una bofetada diplomática para los aliados al otro lado del Atlántico.

Otro inconveniente para Trump, y más cerca de casa, es que su exjefe de campaña, Paul Manafort, se declaró culpable de conspiración contra Estados Unidos y de obstrucción a la justicia y aceptó cooperar con el fiscal Mueller en sus pesquisas sobre si el equipo de Trump coordinó un plan con Rusia con propósitos electorales. Nadie sabe qué puede sacar Manafort del sombrero para salvarse.

Entonces ¿Querrá todavía Trump ser amigo de Putin?

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