Si algo nos enseña la libertad es, reverencia por la vida.
Reverencia por la vida
“Patria es la necesidad de darle libertad a sus hijos esclavos”. Jorge Mas Canosa
Decía el humanista Albert Schweitzer que nunca permitiéramos que silenciaran la humanidad dentro de cada uno de nosotros. Cuando se pierde esa facultad, perdemos el raciocinio y somos comparables a las bestias. Ha sido la falta de empatía la que ha llevado a los dictadores, en todas las épocas a cometer los grandes crímenes contra la humanidad.
De ahí la creación de leyes, encíclicas, constituciones, cartas magnas qué más allá de la sabiduría que contienen, son parámetros para restringir el poder. Sin embargo, hay grandes documentos en la historia que, sin pretensión alguna, mueven las fibras más profundas de nuestras conciencias.
Para mí uno de ellos es el que contiene apenas 272 palabras pronunciadas por el presidente Abraham Lincoln el 19 de noviembre de 1863 en el campo de batalla cerca de Gettysberg, en Pennsylvania. Faltaban aún casi dos años para la primavera de 1865 que vio el fin de la Guerra Civil de Estados Unidos. Se trataba de una guerra entre el norte y el sur, pero era en sí, una guerra entre hermanos que ponía en peligro la unión americana.
"Hace ochenta y siete años, nuestros padres fundaron en este continente una nueva nación, concebida en la libertad y dedicada al principio de que todos los hombres son creados iguales. Ahora estamos inmersos en una gran guerra civil, poniendo a prueba si esa nación, o cualquier nación concebida y dedicada a tales principios, puede perdurar.”
La importancia que el emancipador de los esclavos daba a que esa unión perdurara debe ser tema de reflexión hoy, sobre todo para nosotros los cubanos. Estamos al borde de saber por nosotros mismos si nuestra nación puede pasar esa prueba tras 67 años de separación, de víctimas y victimarios, de vencedores y vencidos.
Lincon continuó diciendo:
“Nos encontramos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a dedicar una parte de ese campo como lugar de descanso final para aquellos que aquí dieron sus vidas para que esta nación pudiera vivir. Es completamente apropiado y justo que lo hagamos. Pero, en un sentido más amplio, no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este suelo. Los valientes hombres, vivos y muertos, que lucharon aquí, lo han consagrado mucho más allá de nuestra humilde capacidad para añadir o quitar algo. El mundo apenas notará, ni recordará por mucho tiempo, lo que decimos aquí, pero jamás podrá olvidar lo que ellos hicieron aquí.”
Qué hermoso y adecuado el reconocimiento, a la heroicidad y sangre derramada en aquel camposanto. Muestra que los valores son eternos. Y es aquí donde se destacan la importancia, la responsabilidad que pesa sobre nuestros hombros y los de generaciones futuras.
“Nos corresponde a nosotros, los vivos, dedicarnos aquí a la obra inconclusa que aquellos que lucharon aquí han impulsado hasta ahora con tanta nobleza. Nos corresponde a nosotros estar aquí dedicados a la gran tarea que aún tenemos por delante: que de estos muertos honrados extraigamos una mayor devoción a la causa por la cual aquí dieron la última y plena medida de su devoción; que aquí resolvamos firmemente que estos muertos no habrán muerto en vano”
A pesar de los años y la distancia, las palabras del presidente Lincoln son para mí un reclamo para la Cuba futura. La Cuba que se avecina. La Cuba que ha de surgir de las ruinas, de los escombros, del dolor y del sufrimiento de cada cubano.
“Que esta nación, bajo la protección de Dios, tenga un nuevo nacimiento de libertad, y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no perezca de la faz de la tierra.”
Así veo nuestro futuro como nación. Levantándose sobre el sacrificio y esfuerzo de tanto cubano amante de la libertad. Con esa reverencia por la vida es que tenemos que fundar la Cuba nueva. Cristalina, sin ambiciones personales, sin otro esfuerzo que no sea el bienestar de un pueblo mancillado por demasiados años.
Ha de ser prioridad asegurarnos de que ese gobierno “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” sea un deber sagrado en la construcción de una nueva Cuba. Que nos convirtamos en un pueblo que tenga representatividad, que no sea enviado a prisión por sus opiniones, un pueblo libre de escoger a quienes han de representarnos. Un pueblo que sea el beneficiario de los dones que Dios ha otorgado a nuestra bella tierra.
Una Cuba sin represión ni censura, sin presos políticos ni perseguidos. Una Cuba libre y soberana, con la estrella solitaria ondeando alto y abriendo el camino a un futuro de libertad perdurable.
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