Unos legos de animales y una camiseta de BTS, eso fue lo que la hermana de Rolando le pidió, “dice que mi sobrina está loca con los chinitos esos, los que cantan”
Soñar en coreano
Vivencias que toman forma de relatos y conllevan a la reflexión
Antes de contactar a su media hermana en Las Tunas, Rolando me cuenta que había realizado todo un estudio de mercado, compilando en una lista los alimentos y medicinas con mayor demanda y la forma más fácil de hacerlos llegar a Cuba.
“Me dio el ataque de la familia, con las noticias de lo mala que se ha puesto la cosa por allá y la hija de mi padre era la única que me quedaba, aunque nunca nos tratamos mucho, es mi sangre”
Asegura que fueron dos días siguiéndole la pista hasta conseguir el teléfono de una amiga que le permite recibir llamadas, “si antes le pagan una recarguita, claro”
Luego de ponerse al día y enterarse de que tenía una hija de 11 años, Rolando insistió en ayudarlos, “y se me baja con que para ellos nada, para la niña en todo caso”, luce indignado, “ni vitaminas, ni comida, ¡juguetes y pullovers!, con tanta hambre y pensando en la pacotilla”
Rolando es enfermero y yo paciente, me lo cuenta en el pasillo del hospital y la mujer de la silla de enfrente decide que tiene que participar, “los niños no dejan de ser niños porque tengan hambre o apagones”, dice como si fuera una jueza dictando sentencia, “igual sueñan y se hacen ilusiones, bastante poco te pidió”.
Rolando no vuelve a hablar, solo gestualiza para dejar en claro su desaprobación.
Con el remeneo coreográfico de sus brazos consigue gritar sin palabras, dejar en claro que la mujer es una metida y como colofón de su rechazo acelera la marcha de la silla de rueda en la que el hospital me obliga a moverme por no sé qué razón del seguro.
Se aleja a distancia prudencial para susurrarme que hay personas que se meten donde no las llaman, pone los ojos en blanco para revelarme que estaba bueno para preguntarle quien le dio velas en este entierro.
Pero a mí la mujer me ha dejado pensando, quizás estoy más sensible ahora que me siento enfermo, y se me revela la posibilidad de que haya niños soñando en medio del apagón cubano.
“Igual con las fiestas de quince, se gastan lo que no tienen para la ridiculez esa de las fotos”, vuelve Rolando al ataque, “es que los cubanos somos especuladores por naturaleza, con lo difícil que está todo para pensar en los chinitos esos, si no tienen pure de tomate van a querer armar un lego”.
No tengo fuerzas para recordarle a Rolando su infancia, los tres juguetes una vez al año y el sufrir con la bicicleta de un vecino. Porque siempre hubo un vecinito que tenia de todo, en cada barrio, en cada envidia, en cada anhelo infantil.
“¿Coreanos?, peor todavía, menos se le entiende”, sacude la cabeza Rolando, “imagínatelos, viven en una micro que se cae a pedazos, sin agua, sin un pedacito de tierra para sembrar, aunque sea una mata de ají y mira con lo que se deja caer, un pullovers de coreanos, ella salió a la madre porque mi papá era de lo más espabilado”
Rolando me entrega a la mujer que está a cargo del CT Scam, aquel aparato que en Cuba conocíamos como somatón, creo que, por la marca del equipo, “despreocúpese que lo espero aquí afuera para regresarlo,”, me garantiza Rolando, “a ver si nos volvemos a encontrar con la metida, que esta vez sí le digo algo”
Antes de que me acuesten en el aparato espectacular, que siempre me recuerda la guerra de las galaxias, alcanzo a preguntarle a Rolando en que quedó con la medio hermana.
“Na, ya le compré las mierdas esas, son cuatro paqueticos que le mando esta semana, se los van a tener que comer con papas, bueno si es que resuelven las papas”.
“Imagínatela feliz armando su lego y con la camiseta puesta” le digo.
Rolando resopla, “ah, pero tú también, no, si yo te digo”.
El equipo suena como una nave espacial mientras la técnico desde su cabina me dice que contenga el aire, que respire ahora, que vuelva a contener el aire.
Yo me entretengo pensando si alguna vez tuve un lego, si realmente me perdí el placer oculto de pegar una fichita sobre otra. A lo mejor es la mar de aburrido, o quizás sea tan entretenido que hasta se te olvide comer, a la vuelta le voy a preguntar a Rolando.
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