Un hito en la batalla cultural
El ejemplo más categórico es la necesidad del u201crelato u201d o u201cnarración u201d que pretenden implantar los gobiernos autodenominados socialistas del siglo XXI, y aquellos que se sienten afines con sus ideas preponderantes, como el de Argentina y algunos países centroamericanos. nUna de las características de esta batalla cultural es que siempre se sobreestima la fortaleza del adversario.
Por una parte, se sostiene que la prensa y la academia están en manos de la izquierda (cualquiera sea el sentido que se le quiera dar a este término), mientras que si uno lee o escucha a esa izquierda, son las ideas liberales las que concentran los medios de comunicación y el poder mundial de la economía. n
Quizás por eso, el judío que en la Alemania nazi leía solo diarios oficialistas, se justificaba diciendo que cuando los leía se convencía de que los judíos eran poderosos y gobernaban el mundo y se sentía reconfortado. n
Dentro de ese panorama, la Latin American Studies Association (LASA) que agrupa a más de 7,000 académicos de todo el mundo especializados en América Latina, siempre aparece como volcado a esa izquierda intelectual, con un porcentaje muy elevado de paneles en sus congresos anuales dedicado a los temas de Cuba, Venezuela, Bolivia, y Ecuador, la mayoría sin plantear críticas al sistema allí vigente. n
En adición, orientaciones similares se daban en los estudios sobre los problemas de la región en general, y en especial, de terceros países o temas. nConsciente de esa imagen y de la importancia del debate intelectual, el Inter American Institute for Democracy, participó en las últimas convenciones de LASA, con paneles propios y expositores internacionales invitados, ofreciendo una visión alternativa sobre esos temas. n
Todos concordamos en la legitimidad del debate académico, y de hecho, el intercambio ha sido muy rico y provechoso para ambas partes. Esencialmente, entre quienes privilegiamos las instituciones y la libertad, y aquellos que creen que ambos conceptos deben ceder ante la desigualdad y la pobreza de nuestras sociedades.
Es viable u2013aunque parezca paradójico- discutir, por ejemplo, con alguien que sostiene que la separación de poderes y la independencia de la justicia no tiene validez porque son artificios creados por las minorías para someter a las mayorías. Esa discusión de fondo se puede mantener en un nivel académico y de esa discusión, hemos aprendido ambas partes n
Lo que sí era una barrera insuperable era sostener que los países del socialismo del siglo XXI eran una propuesta democrática en aras de reivindicar a los menos aventajados, y que en ellos estaban vigentes la libertad de prensa y el sistema judicial.
Es muy difícil aceptar la buena fe de quien pretende que las instituciones se mantienen vigentes en esos países. nEn la batalla cultural se ha producido ahora un hito importante, que se da dentro del campo mismo de LASA. nEn su último número, LASAFORUM, la revista oficial de LASA (Fall 2013, Volume XLIV, Issue 4) refleja el debate sobre el estado de las democracias latinoamericanas en la primera parte del siglo XXI. n
Los editores asociados de la revista, Roberto Gargarella y Gratzia Villarroel, sostienen que, de acuerdo con los trabajos incluidos en la revista, esas democracias tienen graves debilidades y no reflejan lo que la gente esperaba después de tres décadas. Ecuador, Bolivia, Venezuela y Nicaragua comienzan a parecer más autoritarios y menos como la democracia participativa liberal que todos esperábamos ver en 2013. Y que, al mismo tiempo, la democracia de Argentina continúa mostrando las profundas contradicciones que la afligen desde la llegada del kirchnerismo. n
Los trabajos publicados en la revista se refieren a la situación en esos países, analizados por académicos de credenciales importantes. Se afirma allí que los gobernantes de esos países han usado con astucia las formas democráticas para destruir el estado de derecho y acallar las voces críticas. Ya no pueden ser considerados u201cdemocracias u201d. nLo importante en este caso es que se marca un hito en esta batalla cultural, ya que se trata de un reconocimiento quasi oficial de la institución académica, dado el carácter de la revista.
Todos los autores incluidos en este número de LASA, están acordes: el sistema democrático ya no está vigente en Venezuela, Ecuador, Bolivia o Nicaragua, y se encuentra bajo acoso en Argentina.
No es dato menor que uno de los editores asociados, Roberto Gargarella sea uno de los propulsores del Nuevo Constitucionalismo Latinoamericano y que haya apoyado los cambios constitucionales en Venezuela y Ecuador. nEste cambio es bienvenido por lo que representa: que es posible plantear la discusión en términos académicos a partir del reconocimiento de que el socialismo del siglo XXI ya no puede encuadrarse en el sistema democrático. Y no es un paso menor.
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