Un terremoto social sacude a Francia. Una mezcla altamente inflamable conforma sus causas: el precio de los combustibles que afecta a ocho de cada diez ciudadanos, la crisis de salario y de vivienda, así como la inmigración ilegal consentida tras décadas de progresismo de una izquierda decadente en busca de militantes, lo que ha contribuido a una incontrolable violencia urbana. A lo anterior agregamos la desigualdad territorial, una pésima gestión presupuestaria y una deuda fuera de control que reaviva temores de una crisis financiera. Pero lo más grave es la crisis de mediación entre la sociedad y el poder político.
Un otoño violento en Francia
La extrema izquierda y el nacionalismo radical se disputan el descontento social en Francia, en un otoño de protestas y violencia que podría definir el futuro político del país.
Los sondeos de opinión en Francia revelan una crisis de legitimidad representativa. Macron obtuvo solo el 17% de aprobación (ISOP, 21/09/26) y el 87% considera que los políticos no se interesan por lo que piensan los ciudadanos (Baromètre de la confiance politique/ CEVIPOF, 09/02/2026), la desconfianza y la impugnación de los gobernantes pueden convertir el descontento y la necesidad en violentas confrontaciones como antesala a las elecciones presidenciales de 2027. Francia está entrando en una fase en la que se conjugan dos estrategias políticas: la movilización y violentas acciones de la calle promovidas por la izquierda radical islamista y la urgente demanda de poner orden en el caos esgrimida por el Rassemblement National (RN) liderado por Marine Le Pen. Esa confrontación podría convertirse en una de las claves de las elecciones de 2027.
Un otoño violento
Cuando la mayoría percibe a sus representantes como distantes y poco responsables, aumentan las oportunidades para la extrema izquierda francesa que reina en esa turbia marea antidemocrática y antioccidental orquestada por movimientos fundamentalistas islámicos en franca alianza con anarquistas y la delincuencia que controlan los barrios marginales en los banlieues o periferias urbanas, zonas vedadas, regidas por imanes radicales y bandas musulmanas, donde el 38 % sitúa la ley islámica (sharía) por encima de las leyes de la República. Por otra parte, ha sido notable el debilitamiento de las leyes y la impunidad de la que gozan los bárbaros en el sistema de justicia francés ocupado por jueces de izquierda, esos que envían a terroristas y criminales reincidentes a casas de recuperación psiquiátrica en lugar de recluirlos en prisión o expulsarlos del país.
La France Insoumise (LFI), dirigida por Jean-Luc Mélenchon, ya ha instrumentalizado las exigencias estudiantiles con el bloqueo y la violencia en 1.200 establecimientos educativos, algunos saqueados o incendiados, sus profesores y alumnos golpeados, más de 600 policías heridos, sin contar los daños materiales que ascienden a decenas de millones de euros.
La aparición en cada liceo, a escala nacional, de los grupos de choque del LFI: Black-Blocs, Antifas, activistas pro-Hamas, junto a saqueadores de comercios, sin duda obedece a un plan y una demostración de fuerza. Las imágenes televisadas de las turbas esgrimiendo banderas de Palestina en las principales ciudades y el llamado a la movilización general esta semana auguran un otoño violento.
Francia incendiada
El Guasón (The Joker), exclama: "Algunos hombres no están buscando cosas lógicas, sólo quieren ver el mundo arder”, esta frase caricaturiza el caos que hoy vive Francia. El Guasón, el villano de caricatura que asolaba Ciudad Gótica, aparece en el filme de Christopher Nolan The Dark Knight (2008), como la Némesis de ese colectivo (cualquier parecido con la realidad es simple coincidencia). El Guasón viene a ser el efecto producido por las causas engendradas en una sociedad en la que sus dirigentes presencian impasibles la destrucción de sus valores, instituciones y normas, y donde la violencia está ganando la batalla. Visto así, la destrucción física y espiritual de la República que pretende la izquierda islamista (islamo-gauchisme), serían la Némesis de Francia, el producto final de un proceso de descomposición gestado durante varias décadas, el efecto de la Hybris de un país sin estadistas, con políticos arrogantes que proclamaron fronteras abiertas con la idea de crear una comunidad multicultural degradando la identidad y valores tradicionales de Francia y de las naciones que integran la Unión Europea, promoviendo una masiva inmigración salvaje, imposible de asimilar a las costumbres y valores del país que la acoge. A pesar de brindarles toda suerte de beneficios económicos y sociales, éstos responden con odio y violencia, odian a Francia. Los medios de comunicación públicos están ocupados por activistas progresistas, que acusan de ‘fascistas’, ‘ultraderechistas’, ‘racistas’, ‘islamofóbicos’ a los que no piensen como los extremistas de izquierda. En Francia proliferan los idiotas útiles transformados en colaboracionistas del islamismo radical, incluyendo a la mayoría de los dirigentes políticos, que continúan con la política del avestruz. Esta escalada de vandalismo contra el patrimonio público y privado no es espontánea, obedece a una estrategia contra las sociedades democráticas occidentales nacida de la unión de las organizaciones de extrema izquierda internacional orquestadas en unión con la izquierda, el islam integrista y el lumpen delincuente. Némesis, adquiere múltiples formas en la historia, algunas provocadas por excesos, desequilibrios o crímenes, otras causadas por la estupidez o la ineptitud. Esto último describe a los políticos y dirigentes franceses que en nombre de un falso humanismo han permitido que los bárbaros invadan y destruyan su nación.
Testimonios de internautas en “X” reflejan la situación
- Marsella territorio liberado. Una turba de musulmanes norteafricanos en motocicletas, portando banderas palestinas, se dirige a unirse a los disturbios e incendiar escuelas en Marsella, la segunda ciudad más grande de Francia. Si esto no es una declaración de guerra, ¿entonces qué es?
- Rue Sainte-Catherine, frente al Lycée Montaigne en Burdeos el 29.09.2026: un bombero apagaba una barricada en llamas erigida por estudiantes. Una lata de aerosol fue arrojada al fuego, explotó y lo envolvió en llamas. Sufrió quemaduras en las piernas y el cuerpo y fue llevado al hospital. Los medios mainstreams de izquierda-verde lo llaman protestas estudiantiles, ¡esa imagen nos muestra la realidad!
- (Trad) Soy estadounidense. Llevo viviendo en el continente europeo de forma intermitente desde hace ya unos 25 años, principalmente en Alemania. Tengo hijos con doble nacionalidad estadounidense y alemana, incluida una hija joven. Tras haber visto lo que está sucediendo en Francia —especialmente el vídeo del joven que intentaba prender fuego a la cabeza de una mujer... luego el del bombero en llamas, el del chico que intentaba arrancar la cabeza de una estatua de la Virgen María, el de las profesoras brutalmente agredidas... y tantas cosas más—, creo que tal vez ha llegado el momento de sacar del continente a los miembros de mi familia que aún residen aquí, sobre todo a mi hija.
Francia y su inapreciable historia política, social y cultural está viviendo el crepúsculo de su grandeza y valores; para evitarlo debe sacudirse del chantaje histórico al que la tiene sometida la izquierda que, cuando no logra imponer sus ideas y mantener sus privilegios, amenaza con hacer colapsar al país sumiéndolo en el caos.
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